Tuvo que pasar tiempo hasta que, harta ya de estar harta, fuera capaz un día de buscar una ayuda y lanzarme a ella: una dirección en la guía de teléfonos se materializó en una librería especializada en homosexualidad a la que mi ansiedad y mis pies llevaron, casi sin pensar. Y me quedé plantada, allí delante.
Después de una noche divertida, mi amigo Ethan y yo nos dirigimos a una furgoneta de pizzas. Hacía mucho frío, así que íbamos cogidos de la mano y juntos para estar más calientes. El tipo que estaba delante nos dijo que cortásemos nuestra "mierda gay". Casi todas las personas en la cola le dijeron que no podía hablarnos así.
Apostamos por la visibilidad. Nos gusta ver modelos casándose con otras modelos. Nos gustan los referentes. Pero también nos gustan las imágenes reales. Que sí, que la lesbiana ha estado de moda. Nadie lo niega. Ha posado y ha sonreído. Pero después de quitarse el traje tan estiloso y los tacones, en soledad, también ha llorado.
Malta me ha reventado en la cabeza y en el corazón, porque al decir Malta solo puedo evocar a Tonio Borg, que con ese nombre de pescado y apellido de tenista va a ser, ay, el próximo comisario de Salud de la UE. Quien está en contra de la igualdad LGTB no puede legislar en materias como el VIH/Sida.
Ya está bien de que la Iglesia opine de todo y sobre todo. Debería manifestarse únicamente sobre asuntos relacionados con su fe y su religión y no inmiscuirse en los asuntos terrenales, que por lo visto tanto le inquietan. Ya está bien de que la Iglesia monopolice los ritos sociales: los matrimonios, los bautizos, los entierros...