Desde la década de 1950, los océanos se calientan y se están acidificando; el nivel del mar aumentó unos 20 cm desde la época preindustrial y está subiendo a un ritmo de 3,2 cm por década. La temperatura podría subir 4 grados Celsius para fines de este siglo, acelerando las ya catastróficas consecuencias en el clima mundial.
Hay un rincón del planeta donde no llegan las leyes internacionales, ni los derechos humanos, ni los valores éticos más fundamentales. Un lugar remoto y desconocido donde la única lógica que existe es la del máximo beneficio económico de la persona al mando. Es el paraíso del terrorismo empresarial.
Una vez más surgirá en este caso el debate sobre hasta qué punto el severo impacto de Sandy tiene o no que ver con el cambio climático causado por el ser humano. Se trata de un debate interesante, pero estéril. Tal vez Sandy ponga el cambio climático en la agenda de la campaña presidencial americana, en la que estaba ausente.
La semana pasada hemos entrado en una fase decisiva de la política comunitaria en dos temas que nos deberían interesar a todos: la financiación de la I+D y la conservación de nuestros océanos. El Fondo Marítimo seguirá subvencionando la adquisición de motores de alta potencia para la "guerra" contra los peces.
La pregunta que muchos de nosotros nos hacemos no es si habrá otra marea negra, sino cuándo y dónde ocurrirá esta vez. Los responsables de la marea negra siguen extrayendo petróleo y transportándolo. Los responsables de la gestión del accidente también continúan detentando responsabilidades políticas y de Gobierno.
No tomar medidas para mitigar el cambio climático acabará por sacarnos del "bucle de tiempo" en el que parecemos instalados para experimentar una nueva serie de acontecimientos. Pero posiblemente para enfrentarnos a una nueva realidad en la que el cambio climático peligroso se habrá propagado, sin control, del Ártico al resto del planeta.