La aritmética de la nueva composición de la cámara vasca es diabólica. Algo que por otra parte, más temprano que tarde, obligará a pactos de cierta estabilidad ya que, de lo contrario, una gobernabilidad serena y tranquila va a ser imposible. Ya decía alguien, con rotundo conocimiento, que el momento de la victoria es a menudo el momento de mayor peligro.
En este año, las sensaciones de haber avanzado mucho y sentir que es poco, extrañamente conviven en nuestros pensamientos. Ojalá que de la propia sociedad surjan movimientos en pro de un diálogo que traspase los muros invisibles que dividen la sociedad vasca. En el descubrimiento y diálogo interpersonal también está el futuro de la convivencia en Euskadi.