La misma noche en la que el PNV ganó las elecciones, era obvio que la diabólica aritmética no le permitiría sacar adelante nada en el Parlamento de Vitoria-Gasteiz sin acuerdos previos. Con tan solo 27 escaños de 75, su anhelo por acceder al poder lo más rápidamente posible le ha llevado a un desgaste innecesario.
La aritmética de la nueva composición de la cámara vasca es diabólica. Algo que por otra parte, más temprano que tarde, obligará a pactos de cierta estabilidad ya que, de lo contrario, una gobernabilidad serena y tranquila va a ser imposible. Ya decía alguien, con rotundo conocimiento, que el momento de la victoria es a menudo el momento de mayor peligro.
La primera lectura el éxito de Alberto Nuñez Feijóo y su mayoría absoluta apuntalada con tres escaños más, es nítida: Mariano Rajoy sale reforzado del 21-O. Pero si gana tiempo es, sobre todo, porque la alternativa socialista se derrumba. Los socialistas que se preguntan si aún están pagando la herencia de Zapatero, o si es ya la labor en la oposición de Rubalcaba la que está ahuyentando a los votantes.
Los nacionalistas están dispuestos a llegar al Gobierno a cualquier precio. Cuatro años en la oposición han sido un duro aprendizaje en el que no piensan reincidir ni de lejos; quienes se dedican a la fontanería lo tienen muy claro. En el caso de que HB-BILDU fuese la lista más votada, tendrá todo tipo de obstáculos.
El exlehendakari José Antonio Ardanza ha asegurado este martes que, después del atentado de Hipercor en Barcelona en 1987, del que se cumple su vig...