¿Es el respeto la solución a todos los problemas? Cuando alguien se manifiesta no lo hace con la intención de exigir respeto, sino derechos. Esa es la palabra clave, la palabra que se ha olvidado con el tiempo. Cuando se habla de tolerancia no se habla de derechos, y eso siempre es bueno para los que detentan el poder.
Criticar, señalar, pitar en el portal de un político, no es violencia, es pura protesta. Es legal. Pacífico. No usan armas, sólo pegatinas. Es desobediencia civil, jarabe democrático prescrito por el pueblo. Los tachan de violentos, los señalan como terroristas, y pretenden que nos quedemos mirando el dedo. Vuelven a equivocarse: ellos no son los violentos.
Los parlamentos, espacios de trabajo por excelencia de los representantes de los ciudadanos, se han convertido en verdaderas jaulas que impiden, tanto en un sentido como en otro, el acercamiento de los representantes con los representados. Si los ciudadanos no se pueden acercar a los políticos... ¿a quienes representamos?