Una carrera y un punto antológico. Ése fue el punto de inflexión del partido que se llevó Rafael Nadal ante Benoit Paire (6-3, 6-4). La jugada ejemplificó como ninguna lo que es el balear sobre la pista: cuando el punto estaba prácticamente perdido por un sartenazo profundo del francés, se sacó un paralelo imposible. Suponía el 4-2.