Una vez más la Consejería de Sanidad ha vuelto a agredir brutalmente a los profesionales sanitarios del Sistema Madrileño de Salud, demostrando cuan cierto es lo que muchos ciudadanos piensan: su intención de destruir la sanidad pública madrileña. Los profesionales y la ciudadanía tenemos la obligación de impedirlo.
Con inusitada rapidez se procedió a la adjudicación de los contratos para la construcción de ocho hospitales con financiación privada y se utilizó de forma deleznable las falsas sedaciones irregulares en el hospital Severo Ochoa como cortina de humo que eclipsó e impidió el debate político que una democracia exigía.
Aun a riesgo de ser descalificados para opinar del señor Lamela por algún avispado tertuliano de extremo centro, la acusación de haber cometido 400 homicidios en el servicio de Urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés no fue un ejercicio de responsabilidad política del entonces consejero público y hoy asesor privado Manuel Lamela, como siguió sosteniendo tras el fiasco judicial, sino una acción premeditada que tendió una cortina de espeso humo tras la cual se ocultaba el proceso de entrega a manos privadas del patrimonio sanitario público de Madrid.
La tarde del 23-F empezó siendo Grande. El pueblo volvía a tomar la PALABRA. Se anunció el final de la marea y los bomberos, que habían formado un cordón de seguridad, se retiraban. Pareció que les faltara tiempo. Desde del otro lado de la barrera, potentes focos nos señalaban. En tan solo unos minutos, la UIP se hizo presente: chalecos, cascos, escudos.
El cambio de modelo sanitario es un cuento malvado que un narrador ruín escamotea a su audiencia para obviar la historia original. Nos viene a decir que Blancanieves no existe, que nunca existió. Nos trata de explicar que ya no hay príncipes encantadores, tan solo brujas despiadadas... Llegará un tiempo en que los enanitos necesiten asistencia sanitaria.
Los ahora exculpados 'periodistas interpretativos', que sus denodados esfuerzos de entonces por colaborar con el PP y Lamela en enterrar a Montes y a los suyos, frenando de paso las sedaciones a pacientes terminales y haciendo ruido mediático que ocultase a la ciudadanía las intenciones privatizadoras del PP, fracasaron. Rotundamente. Y no es que no contaran con suficientes medios entonces y agradecimientos ahora, es sencillamente que estaban en el lado perverso de la historia. Incluso, tal vez, de la Historia.
Cuando un médico se jubila se amortiza su plaza, es decir, se prescinde de la misma. Esto implica que desaparece un médico de un pueblo. Por poner varios ejemplos de Castilla-La Mancha citaré el de Escalona, donde una baja de larga duración se va a dejar de cubrir y una próxima jubilación quedará vacante.
Hay una teoría llamada la deriva social que postula que los excluidos de cualquier sistema acumulan más enfermedad física y mental, más consumo de tabaco, alcohol y drogas, más mortalidad. Un sistema sanitario justo debería tener esto en cuenta y disponer más recursos a los que más los necesitan y no al revés.
Según el responsable de Sanidad de la Comunidad hay estudios que respaldan su postura, pero no existen trabajos que prueben lo contrario, por lo que considera las protestas de los trabajadores sanitarios "injusta, irresponsable e injustificadas". Para despejar la incógnita rápidamente: no, no es cierto.