Publicó Moby Dick con 32 años y el fracaso fue tan rotundo, las críticas tan malas, que su carrera literaria, potencialmente tan grande como la novela que acababa de dar a la imprenta, quedó truncada. Nunca se agotaron los 3.000 ejemplares que se publicaron de la primera edición y muchos de ellos se perdieron en un incendio del almacén de su editor en 1853.
"La primera novela que escribí la quemé, pero me pareció un acto excesivo. La quemé en una barbacoa y me dio pena, porque ahora me gustaría leer aquello. Era un plagio y por eso la quemé. Lo único que merecía la pena de la novela era la parte plagiada, y aquello me supuso una frustración considerable".