En estos días brumosos hay pocas cosas tan gratificantes como poder compartir historias de esperanza; historias de individuos que han sabido cambiar el rumbo de sus vidas. Esta comienza por Marc Freedman, un norteamericano que ha dedicado buena parte de su carrera a reinventarse en el periodo que va entre la madurez y la jubilación.
Ser JESP es duro, -pese a que haya alguna lumbreras por ahí que opine que los jóvenes de hoy en día emigramos por espíritu aventurero-. Pero también es cierto que empezar de cero en otro país (en materia de hogar, de amigos, de trabajo y de dinero), te hace luchar más que nunca, y lograr objetivos que jamás hubieras imaginado alcanzar.
Se discrimina a una gran parte de la población que no encaja con el modelo de trabajador plenamente disponible, lo que produce un efecto muy negativo sobre las oportunidades de las mujeres, pero además, está perjudicando la incorporación de cambios que modernicen y permitan modalidades flexibles de empleo de calidad.
En los últimos años, no sólo cayó el desempleo a los niveles más bajos de la historia de la región, sino que también se crearon 35 millones de puestos de trabajo de calidad, los sueldos subieron sustantivamente y cayó el empleo informal, una de las manifestaciones más tercas del mercado laboral latinoamericano.
Aunque las cifras sean otras, la desesperación y el desamparo de quien lo padece no han cambiado. Hablaríamos en ella de lo que hablamos entonces: del miedo, de la estima, de lo que pasa en las habitaciones calladas de las familias de los trabajadores sin trabajo. Pero también de la fortaleza y del valor enorme de aquellos a los que les ha tocado la parte peor de la peor parte.