No son pocos quienes sueñan la Edad Media como un territorio de placeres bestiales, con sirvientas pechugonas y mesas interminables de jabalíes que crujen esponjosos cuando les arrancas una pata. Si usted desea bañarse en vino y masticar hasta que la salsa le resbale de la barbilla al pecho, con dos leones gruñendo a los lados, Lviv es su ciudad.