El malhadado lema de "inglés sin esfuerzo" de alguna academia de idiomas ha sido un virus del que parecen haberse contagiado los responsables políticos encargados de gestionar la educación, quienes al parecer han llegado a la conclusión de que se puede aprender sin esfuerzo, y de que los alumnos no necesitan autoridad.
En todos los sectores, el mismo proceso: los recortes y desmantelamiento del sistema público se llevan a cabo tras culpabilizar a los profesionales. Allí donde hay posibilidad de convertir las necesidades de los ciudadanos en un negocio -sanidad, educación, justicia, seguridad- se sigue el mismo protocolo.
El ministro de Educación ha creado una nueva polémica al declarar que los alumnos universitarios no deberían estudiar lo que les apetece sino que deberían pensar en "su posible empleabilidad", para concluir que "algo estará fallando" si sólo una minoría entre los titulados lo son en disciplinas científicas.