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La ansiedad constante no va a salvar el mundo

"La ansiedad no es un prerrequisito para la acción".

10/10/2017 07:12 CEST | Actualizado 10/10/2017 07:12 CEST
Justin Paget / Getty / Zak Bickel / The Atlantic

Escrito por Julie Beck.

Cuando el New York Magazine publicó un artículo a principios de julio sobre los peligros del cambio climático, mucha gente de todo el mundo lo compartió con preocupación. Tuiteaban cosas como "Leed esto y empezad a preocuparos de verdad" y demás comentarios que querían imponer el temor y la preocupación como la única reacción moralmente válida. Reproducían el tono dramático del artículo, que empieza diciendo: "La situación es, lo prometo, mucho peor de lo que pensáis" y añade: "Por muy informados que estéis, seguro que aún no estáis lo suficientemente alarmados".

Resulta extraño que sugiera que existe un nivel de alarma que sería "suficiente". ¿Suficiente para qué? Aunque el objetivo sea preocupar a la gente para ponerla en marcha, hay un importante error de planteamiento: la ansiedad no es un prerrequisito para la acción.

Mi colega, Robinson Meyer, ha puesto en duda cómo de realistas son las sombrías perspectivas que expone el artículo, lamentablemente no en el plano científico, sino con respecto a su llamada explícita (y la de quienes le hacen caso) a la histeria colectiva. Aunque la intención pueda ser buena, convertir la preocupación en una cuestión moral distrae del objetivo real, hace que la gente se centre en su estado emocional para sentirse bien en lugar de mover a la acción para abordar el problema real.

Renee Lertzman, psicóloga experta en comunicación sobre el cambio climático, explica: "Damos por hecho que si la gente se preocupa por lo urgente y aterrador que es un problema, esa preocupación se traducirá automáticamente en un: '¡Oh, Dios mío! ¿Qué acciones concretas puedo hacer para ayudar a solucionarlo?', y la cosa no funciona así".

Cuando las personas tienen ansiedad o miedo, quieren que los demás también lo tengan. Es algo contagioso.Renee Lertzman

Apelar a los sentimientos ha sido un pilar fundamental tanto en el mundo político como en el activismo, pero en la actualidad son nuestros propios contactos en las redes sociales quienes emplean constantemente esa estrategia. Una cosa son los llamamientos de asociaciones antirracistas como Black Lives Matter para concienciarnos y darnos un toque de atención, y otra muy distinta es que algunos vayan mucho más allá y difundan publicaciones destinadas a sembrar la histeria colectiva sobre los asuntos que les preocupan. Comparten artículos sobre el cambio climático y hacen una especie de alegato a la preocupación. Comparten casos reales sobre injusticias y animan a todo aquel que los vea a enfadarse. Ahora, con cada nuevo escándalo del presidente Donald Trump, sus opositores hacen llamamientos a la indignación. Desde distintos flancos del Internet, hay gente empeñada en difundir el miedo de que los inmigrantes nos quiten los puestos de trabajo, de que Trump inicie una guerra nuclear o de que los liberales les quiten el derecho a poseer armas.

Este tipo de comentarios en las redes sociales son "una manera que tienen algunas personas de manejar la ansiedad. Cuando las personas tienen ansiedad o miedo, quieren que los demás también lo tengan. Es algo contagioso", intuye Renee Lertzman.

Conforme las redes sociales han permitido que las noticias falsas se difundan sin ningún tipo de filtro a través de grupos de gente que opinan muy parecido sobre un tema, también han permitido que la ansiedad circule y se convierta en un remolino.

"Tanto los republicanos como los demócratas debaten sobre lo que más temen. Esa ansiedad llega cuando la gente tiene miedo. Así que hay que tener cuidado", opina Morrow Carter, presidenta de la empresa de comunicación y estrategia política Cater Communications.

Las redes sociales y su flujo de noticias falsas han permitido que la ansiedad circule y se convierta en un remolino.

Yo pensaba que pasarse el día entero preocupado por los problemas del mundo era imposible, pero Scott Woodruff, director del programa de tratamiento de la ansiedad y de trastornos obsesivos compulsivos en el Instituto Americano para Terapia Cognitiva, me sorprendió: "Una mente preocupada o con ansiedad se las puede apañar para seguir dándole vueltas a los mismos temas una y otra vez, así que sí que es posible que haya gente que pase una gran parte del día preocupándose por los problemas mundiales".

Los estudios han demostrado que la ansiedad puede influir negativamente en la toma de decisiones y en la memoria de trabajo: "Una preocupación excesiva puede provocar cansancio, falta de concentración y rigidez muscular. Lo curioso es que el cansancio y la falta de concentración son justo lo contrario de lo que quieren conseguir quienes reivindican la preocupación", explica Scott Woodruff.

Si el estrés y la preocupación pasan a ser crónicos, Renee Lertzman advierte que "la gente acaba desbordada. Se consumen, cortocircuitan y acaban dándoles la espalda a los problemas que más les preocupan".

Así sucede en ocasiones en los grupos activistas. Cher Weixia Chen, catedrática en la Universidad George Mason de Virginia (Estados Unidos), estudia el fenómeno del desgaste por compasión de los activistas. En diversas entrevistas realizadas a activistas, se ha percatado de que las causas más comunes de este fenómeno son las disputas internas del grupo, la "cultura del martirio" (que elogia el exceso de trabajo por encima del cuidado personal) y "un exceso de sensibilidad a las injusticias, que hace que el lento proceso del cambio social sea complicado de afrontar".

Los activistas depositan una gran carga emocional en su trabajo, algo que, según esta catedrática, "incrementa el riesgo de desilusión y desesperación cuando los objetivos les superan". En ocasiones, por su propia salud, se ven en la obligación de dar un paso al lado y dejar el activismo.

Los síntomas de este desgaste emocional incluyen depresión, ansiedad, dolores de cabeza y demás dolencias físicas, consumo de sustancias, pérdida de productividad y problemas de concentración. La experiencia de uno de los activistas de su estudio va en la línea de lo que más arriba defendía Scott Woodruff sobre cómo empeñarse en estar preocupados puede resultar contraproducente:

"Estaba perdiendo la capacidad de pensar con normalidad y la creatividad. No era capaz de ver qué estaba pasando ni de idear una estrategia efectiva para evitarlo. Estaba como si hubiera perdido el rumbo. Tenía la mente farragosa y me sentía incapaz de hacer nada de provecho".

Cher Weixia Chen, quien se considera tanto educadora como activista, opina que aquellas personas que tratan de concienciar a los demás en las redes sociales podrían ser susceptibles de sufrir un desgaste similar: "Esta nueva era del activismo ciudadano es una noticia positiva para el activismo social, históricamente hablando, pero hay que hallar la manera de que sea sostenible. Estoy muy preocupada".

Parte del problema es que las personas piensan que deben estar preocupadas, que preocuparse es una buena forma de contribuir a la causa. Se conectan a su Twitter y Facebook y ven que sus amigos insisten en el mensaje: "Sí, preocúpate". ¿Y qué pasa si no lo haces?

Muchos tenemos a veces la sensación de que si algo nos parece importante, debemos preocuparnos por ello, porque eso nos hace mejores personas, pero no, no necesitamos estar preocupados para ser buenas personas.Scott Woodruff

Sobre las ocasiones en que la gente incita a los demás a alarmarse, comenta Scott Woodruff: "Lo traduzco en que creen que cuanta más preocupación y ansiedad sientan, más nobles son. Muchas personas tenemos a veces la sensación de que si algo nos parece importante, debemos preocuparnos por ello, porque eso nos hace mejores personas, pero no, no necesitamos estar preocupados para ser buenas personas".

A veces la preocupación funciona como una especie de superstición o pensamiento mágico. Nos puede "dar una ilusión de control", argumenta Scott Woodruff. "Ese pensamiento puede desarrollarse: 'Si me preocupo por esto, estaré a salvo". Pero así, muchas personas pueden confundir ansiedad con acción.

Rosemary Randall, psicoterapeuta residente en Cambridge (Inglaterra), declara que ha detectado esta actitud en aquellas personas que tienen miedo a volar. Aunque trate con ellos ese tema a fondo y consiga que sus pacientes reconozcan de forma consciente que su preocupación no puede impedir un accidente, "les sigue resultando muy muy difícil superar el 'debo preocuparme o el avión se estrellará'. Piensan que si dejan de preocuparse no estarán a salvo".

Muchas personas pueden confundir ansiedad con acción.

Aunque varias de las personas con las que he hablado aseguran que apelar al miedo para mover a la acción no funciona y puede resultar incluso contraproducente, hay pruebas de que sí funciona. Dolores Albarracín, profesora de psicología en la Universidad de Illinois, realizó un metaanálisis en 2015 de todas las investigaciones disponibles sobre llamadas al miedo y descubrió que, en términos generales, provocar miedo sí que cambia la actitud de la gente, sus intenciones y su comportamiento. Además, no detectaron ningún tipo de efecto contraproducente.

Sin embargo, los estudios analizados por la profesora Albarracín incluían actuaciones recomendadas. "Si el mensaje no tiene medidas que se puedan llevar a la práctica, no vas a lograr ningún efecto".

Aunque hay gente que sí que publica propuestas concretas, no deja de haber publicaciones del estilo de "todo el mundo a escandalizarse con esto", que provocan emociones, pero no mueven a la acción. Seguro que cuando estas personas irritan y sacan de quicio a otras personas lo hacen con la intención de encontrar una solución al problema que les preocupa, pero no lo van a conseguir si no proponen algo que puedan hacer".

"Asustan a los demás porque están asustados ellos. Todo tiene que ver con el pánico", explica Rosemary Randall, que ha estudiado los comportamientos derivados de las noticias del cambio climático: "Es como gritar ¡fuego! en un recinto cerrado, algo que sabemos que no es una buena idea. Es mucho más sensato decir: 'señoras y señores, tenemos un pequeño problema en el cine. Rogamos que la primera fila se levante y salga. Ahora la segunda fila, etcétera".

Cuando una persona está expuesta a demasiado sufrimiento o a demasiadas peticiones de ayuda, se produce en su mente una reducción de la empatía y una pérdida de interés.

Si al entrar a Facebook te da la sensación de que alguien ha abierto la puerta del cine para gritar "¡fuego!", esa abrumadora cantidad de mensajes podría perder su eficacia. "Al final, la compasión de la gente puede cansar", indica Cher Weixia Chen, quien explica que es un fenómeno por el que, cuando una persona está expuesta a demasiado sufrimiento o a demasiadas peticiones de ayuda, se produce en su mente una reducción de la empatía y una pérdida de interés en el sufrimiento ajeno.

"No creo que los mensajes que incitan al miedo sean responsables ni respetables, simplemente considero que nos encontramos en un momento de la historia en el que aún no dominamos la influencia de la tecnología en nuestra forma de comunicarnos, así que es la tecnología la que nos domina a nosotros", piensa Morrow Carter.

"Considero que hay estrategias mejores que meter miedo, pero eso no significa que el miedo sea ineficaz", declara la profesora Albarracín.

Según los metaanálisis de la profesora Albarracín, las llamadas al miedo funcionan mejor para promover comportamientos aislados como ir a hacerse un análisis al médico para ver si has contraído una enfermedad, pero pierden eficacia cuando se trata de propósitos continuados a largo plazo. Sería mucho más fácil asustar a alguien para que realizara una única donación grande que para que se enrolara en una organización benéfica en la que tuviera que asistir a reuniones periódicas, por ejemplo.

Necesitamos muchas menos publicaciones y mucho más diálogo.Renee Lertzman

En cuanto a cuál sería el mejor modo de comunicar, Renee Lertzman sostiene: "Necesitamos muchas menos publicaciones y mucho más diálogo. En lugar de mandar un mensaje que diga: 'Urgente, dona dinero o firma aquí si no quieres que las secuoyas se extingan', sería mejor algo como 'Parece que todo está en peligro y quizás te sientas impotente y triste. Por eso ahora es más importante que nunca que trabajemos juntos'. Es un enfoque más orientado a crear una cierta relación con el interlocutor.

Para aquellas personas que quieran proteger su salud mental y no sentirse tan desbordadas como para perder el interés en aquello que les importa, Scott Woodruff aconseja distinguir entre "ansiedad y actuación positiva, así como discernir entre la preocupación productiva y la improductiva".

En resumidas cuentas, tu ansiedad personal no produce ningún efecto positivo en el mundo que te rodea. Preocuparse no es actuar, y saber lo que pasa tampoco lo es. Rosemary Randall advierte de los peligros de caer en la trampa de obsesionarse con un problema: "Sea cual sea el problema, una vez que hayas descubierto de qué trata, detente, es suficiente. En ese momento tienes que decidir qué vas a hacer al respecto". Tal y como le dijo una activista a la que entrevistó, "la acción es el antídoto contra la desesperación".

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Este post fue publicado originalmente enTheAtlantic.com, apareció posteriormente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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