Los veranos auténticos -como casi todo- eran los de nuestra infancia. Las imágenes que llegaban a través de la televisión, única y omnipresente ventana al mundo, eran las de los esforzados ciclistas del Tour, las de la programación estival de turno y, cada cuatro años, las de los míticos deportistas olímpicos.
Jesús G. Pastor | Publicado 10 octubre 2012