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No sabrás perdonar a nadie si no haces esto antes

Por muy extraño que te parezca, tú también tienes defectos.

23/10/2017 07:26 CEST | Actualizado 23/10/2017 07:26 CEST
vgajic via Getty Images

A veces nos cuesta mucho perdonar porque, sencillamente, nosotros tenemos razón y el nivel de disparates, desconsideración y maldad de los demás nos sobrepasa. Sin embargo, hay dos ideas inquebrantables que, ante la mayor de las groserías, deberíamos tener en mente para poder ser un poco más comprensivos.

En primer lugar, debemos recordar cómo ha llegado la otra persona ahí, a esa situación de cretinismo y crueldad. Todo defecto irritante tiene una historia detrás. Se han comportado así por alguna deficiencia en su desarrollo. Han sido moldeados por problemas que no podemos ver pero que sabemos que están ahí.

Quien es arrogante es porque se quedó atrapado en algún momento clave de su desarrollo personal en un ambiente en el que ser modesto o razonable era una garantía para ser pisoteado por los demás. Quien no deja de soltar críticas también ha tenido que pasar por muchas cosas y forjó su personalidad rodeado de gente incapaz de pillar indirectas sutiles, de modo que tuvo que ampararse en comentarios directos y rotundos. Aquella persona irritantemente tímida estuvo, en algún momento de su vida, aterrorizada. El presumido aprendió a ser así por estar rodeado de gente difícil de complacer.

Detrás de cada defecto, detrás de todo lo que resulta exasperante en las personas que conocemos, hay un trauma determinante con el que se toparon antes de ser capaces de afrontarlo de forma apropiada. Sacan de quicio, pero se convirtieron en lo que son sin pretenderlo. Perdonar a estas personas es comprender el origen de la maldad y la crueldad.

Detrás de cada defecto, detrás de todo lo que resulta exasperante en las personas que conocemos, hay un trauma determinante.

En segundo lugar y por muy extraño que te parezca, tú también tienes defectos. Por supuesto, no tanto como los anteriores. Ningún defecto de esos que te hacen perder la fe en la humanidad. Y, sin embargo, en algunas facetas que sueles olvidar tan pronto como aparecen, eres una persona profundamente imperfecta y cuestionable. Delicadamente (como tú eres), también has traicionado a alguien. De forma simpática, alguna vez has sido cobarde. Sin quererlo, has echado sal a las heridas de otras personas. No hace falta conocerte para saber todo esto a ciencia cierta.

Debemos saber perdonar porque (igual ahora no, e igual no por los defectos que acaban de salir) algún día, por el motivo que sea, necesitaremos que nos perdonen a nosotros. En el pasado habríamos rogado por ese perdón. Cada vez lo hacemos menos. Pero eso no significa que no tengamos que practicar para pronunciar esa palabra improbable: "Perdón". O esas otras palabras que aún más complicadas y antinaturales nos resultan: "Te perdono".

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Este post fue publicado originalmente en el 'Huffpost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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