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Las políticas antirrefugiados de Dinamarca y la carrera hacia el precipicio de Europa

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REFUGEES DENMARK
Scanpix Denmark / Reuters
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COPENHAGUE (Dinamarca) - "¡Me encanta Dinamarca!", exclamaba Hillary Clinton durante el debate con Bernie Sanders que tuvo lugar el pasado mes de octubre.

Dinamarca -un pequeño estado del bienestar famoso por sus valores liberales- era, según Sanders, un modelo a seguir o, por lo menos, merecedor de nuestro aplauso.

En los meses que han pasado desde que se celebró ese debate, la reputación de Dinamarca ha dejado de ser tan impoluta. Los legisladores daneses han adoptado una serie de polémicas medidas para impedir que los refugiados soliciten asilo. En septiembre, el Gobierno puso en marcha una campaña antirrefugiados en los periódicos árabes en la que se advertía a los refugiados de que no fueran a Dinamarca. En diciembre, el primer ministro Lars Lokke Rasmussen sugirió que la Convención de Refugiados de 1951 -un tratado que Dinamarca había contribuido a formular y que había sido el primer país en ratificar- debería revisarse. El mes pasado, sin ir más lejos, Dinamarca aprobó una ley que restringía el acceso a la reunificación familiar para los refugiados sirios hasta los tres años y que daba permiso a la Policía para buscar refugiados y embargar sus bienes.

Estas duras medidas han provocado protestas a nivel internacional, pero también sorpresa: ¿Por qué Dinamarca -que se supone que es sinónimo de derechos humanos y de progreso- ha adoptado unas políticas tan austeras? ¿Por qué de repente Dinamarca se pone a la cabeza en lo que a disuadir a refugiados se refiere?

De hecho, no debería sorprendernos. En el transcurso de los últimos 15 o 20 años, la concepción de Dinamarca en su papel de interventora en asuntos globales ha cambiado radicalmente, igual que sus políticas de inmigración y que su debate nacional sobre inmigración musulmana.

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Manifestación en apoyo a los refugiados. Copenhague, 6 de octubre de 2015. (REUTERS/Soeren Bidstrup/Scanpix Denmark)

La política exterior danesa ha estado definida desde la Segunda Guerra Mundial por la firme creencia en la virtud del estado de derecho en el plano internacional, del multilateralismo y de la resolución pacífica de conflictos. Para ser un país tan pequeño, con tan solo 5,5 millones de habitantes, Dinamarca siempre ha considerado que las instituciones internacionales eran lo que más le convenía para suavizar los efectos de las políticas de las grandes potencias.

Al mismo tiempo, los sucesivos Gobiernos daneses también se esforzaron por promocionar a Dinamarca como un país modelo, al llevar la delantera en asuntos como la protección de los refugiados, los derechos humanos y la ayuda al desarrollo. Dinamarca lleva cumpliendo el objetivo de la ONU de dedicar al menos el 0,7% del Producto Interior Bruto a la ayuda al desarrollo desde la década de los setenta. Para la década de los noventa, el presupuesto para esta ayuda superaba al 1% del PIB danés. Dinamarca también promocionó la importancia de la diplomacia y de la resolución pacífica de conflictos y, generalmente, prefería enviar buques sanitarios y ayuda humanitaria antes que soldados a las zonas de conflicto de todo el mundo. Y cuando Dinamarca adoptó la ley de asilo e inmigración en 1983, famosa por su liberalismo, la ONU la calificó de ejemplo a seguir.

Sin embargo, con el fin de la Guerra Fría, esta postura con respecto a la política exterior empezó a cambiar. Dinamarca participó en la intervención de Kosovo, y buscaba evitar otro genocidio en los Balcanes por la fuerza y sin ningún mandato de la ONU por primera vez. Esta nueva disposición a utilizar fuerzas militares fue denominada internacionalismo activo y se ha utilizado para legitimar el aventurismo militar en Oriente Medio desde entonces.

Desde el año 2002, Dinamarca ha luchado en todas las guerras e intervenciones de Oriente Medio junto a Estados Unidos: desde Afganistán hasta Libia pasando por Irak, y ahora en Irak y en Siria. Hoy en día Dinamarca es un país guerrero. En Afganistán, Dinamarca luchó en la región más rebelde, Helmand, y ostenta el triste récord de ser la nación que más hombres ha perdido en términos relativos de todos los países de la coalición. Al mismo tiempo, Dinamarca ha aplicado recortes en ayuda humanitaria, que ahora se queda en el 0,7% del PIB. Aunque Dinamarca todavía pertenece a la liga mundial de ayuda humanitaria, ha dejado de estar a la cabeza.

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Niños refugiados juegan en el exterior de una terminal de pasajeros en El Pireo (Grecia). (Mary Turner/Getty Images)

También se ha hecho eco de un enfoque más modesto en el discurso oficial sobre política exterior. Según el primer ministro, Dinamarca, al ser un país pequeño, debería dejar de intentar "cambiar el mundo" o de centrarse en ideales democráticos nobles y en los derechos humanos; en vez de eso, Dinamarca debería darle prioridad a sus "intereses nacionales" y hacer del país un lugar seguro para los daneses.

Y esto también se aplica a la política de inmigración. Al igual que la solidaridad europea ha flaqueado en la crisis de los refugiados, Dinamarca se encuentra entre los países que más han justificado abiertamente unas políticas más restrictivas. Aunque el estado del bienestar sigue ofreciendo mejores condiciones a los solicitantes de asilo que muchos otros países europeos, las restricciones más recientes que ha aplicado Dinamarca son el resultado de un giro de 180 grados lento pero firme.

Desde el año 1983, la ley danesa de extranjeros ha sido modificada en más de 100 ocasiones, desde 2001 en adelante, se ha modificado prácticamente una vez cada dos meses. Aunque algunas de estas modificaciones recogen asuntos administrativos y de cooperación internacional, se observa que hay un claro patrón de medidas restrictivas desde 1990 en adelante. Además, Dinamarca nunca cedió su soberanía a la Unión Europea con respecto a los asuntos de asilo y de inmigración. Muchas de las políticas de asilo y de reunificación familiar de Dinamarca, por ejemplo, no habrían sido posibles si hubieran tenido que cumplir con los requisitos de la legislación de la UE en esta área.

Las políticas danesas también han servido de inspiración a otros países de Europa. Dinamarca estaba entre los países que primero rechazaron las solicitudes de asilo partiendo de la base de que el solicitante había viajado por un tercer país seguro. Este concepto, que es la premisa fundamental para que los esfuerzos que está realizando la UE sirvan para llegar a un acuerdo con Turquía, llegó a conocerse en la década de los noventa como "la cláusula danesa". Hoy en día, la política de asilo y de inmigración de Dinamarca presenta una especie de lista de la compra para otros países que están deseando adoptar medidas disuasorias; porque, debido a la herencia liberal de Dinamarca, estas políticas son un precedente más fácil de seguir que si vinieran de otros países más célebres por su intransigencia.

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Un grupo numeroso de inmigrantes, principalmente de Siria, caminan hacia Dinamarca. 7 de septiembre de 2015. (REUTERS/Bax Lindhardt/Scanpix Denmark)

Las políticas disuasorias de Dinamarca están diseñadas para hacer que el sistema de asilo parezca lo menos atractivo posible para, de este modo, conseguir un efecto de "mendiga a tu vecino", que empuje a los solicitantes de asilo a otros países. Según datos del año 2015, Dinamarca se las ha arreglado para mantener un número sorprendentemente bajo de solicitantes de asilo, y especialmente bajo comparado con los de sus vecinos, Suecia y Alemania.

Sin embargo, Dinamarca está adentrándose en un juego arriesgado. Europa ya se ha visto en esas antes, y si algo nos han demostrado los noventa es que los países vecinos siempre van a adoptar preventivamente sus propias restricciones para protegerse de este tipo de políticas. De hecho, eso es lo que está pasando ahora en Europa. Alemania, por ejemplo, ha reemplazado los beneficios financieros a los refugiados por cupones para solicitar comida y prendas de vestir. En Suecia, el último bastión liberal en lo que a política de asilo se refiere de Europa, se han aplicado varias restricciones y se ha vuelto a introducir el control fronterizo en la frontera con Dinamarca.

Estas medidas hacen que nos adentremos cada vez más en una espiral descendente en la que los Gobiernos europeos compiten ferozmente por empujar a los solicitantes de asilo a un país vecino. Al igual que Dinamarca, muchos otros países europeos han ido realizando cambios en sus políticas para hacerlas más estrechas de miras, con la intención de favorecer más a los intereses del propio país que a los compromisos con Europa para llegar a una solución común.

En ese sentido, la crisis de los refugiados quizá sea sintomática de que en Europa se está produciendo un cambio aún mayor: un alejamiento del internacionalismo y una vuelta hacia el Estado nación.

Este post fue publicado originalmente en 'The World Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.

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