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Jeremy Corbyn y el Brexit

31/01/2017 07:22 CET | Actualizado 31/01/2017 07:22 CET

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Foto: EFE

Jeremy Corbyn, el líder del Partido Laborista británico, parece tener pocos amigos ahora mismo. Toda la derecha británica le odia (considerándole, entre otras cosas, un apologista del terrorismo), además del establishment en general en Gran Bretaña (la BBC prácticamente ha abandonado su pretensión de neutralidad en su caso: cada reportaje que hace sobre Corbyn parece una mera excusa para ridiculizarlo). Pero ahora parece que Corbyn también va perdiendo amigos en la izquierda (incluso en la izquierda radical). ¿Por qué? Inevitablemente, tiene que ver con el Brexit.

La semana pasada, el Tribunal Supremo en Gran Bretaña dictaminó que el Gobierno británico no puede ir adelante con la salida de la Unión Europea sin que haya un voto sobre el tema en el Parlamento. La decisión legal ha sido controvertida, no porque vaya a en contra de los principios constitucionales británicos (no lo hace), sino porque abre la posibilidad a que los diputados -la gran mayoría de los cuales preferirían quedarse en la UE- boicoteen, directa o indirectamente, el resultado del referéndum del año pasado. Seguramente, el Parlamento va a votar mayoritariamente para ratificar el Brexit como tal; las consecuencias políticas serían demasiado terribles si no lo hicieran. No obstante, el voto ha producido una nueva serie de fracturas en la izquierda británica.

En primer lugar, todos los 54 diputados del Partido Nacionalista Escocés (que fingen ser de izquierdas para quitarle votos en Escocia del Partido Laborista, que en la época de Tony Blair se movió hacia la derecha) van a votar en contra del Brexit. Esto es lógico, pues la mayoría de los escoceses votó para quedarse en la UE. Los liberal-demócratas (que son el ala más centrista de la izquierda británica) han visto una oportunidad para consolidar su representación en el Parlamento (que colapsó después de su participación en el Gobierno de coalición con los tories entre 2010 y 2015; pasaron de tener 56 diputados a tener sólo 8) y han decidido que van a representar al 48% del pueblo británico que votó para quedarse en la Unión Europea. Por eso, su política oficial es esencialmente la de ignorar el resultado del referéndum. Los verdes sólo tienen una diputada en el Parlamento (a pesar de recibir más de un millón de votos en las últimas elecciones generales: el número de diputados en el Parlamento británico no es proporcional al número total de votos), y ella también va a votar en contra del Brexit. Como los últimos dos partidos prácticamente no tienen representación en el Parlamento británico y los nacionalistas escoceses representan a otro territorio, todos ellos pueden votar en contra de la decisión del pueblo británico sin que les cause ningún problema político. La situación es más compleja, sin embargo, con el Partido Laborista.

Me parece que lo que Corbyn entiende es que, en un momento dado, la izquierda va a tener que apoyar el Brexit, haciéndolo suyo en el proceso.

Los militantes laboristas querían quedarse en la Unión Europea, pero sus votantes tradicionales querían largarse; es más, en muchos casos, el referéndum ha sido lo único que ha restaurado la fe de estos votantes en los procesos democráticos de Gran Bretaña. Esta división se constata en el hecho de que el Partido Laborista representa, por un lado, a la izquierda burguesa, que es liberal y privilegiada, y que ama la UE, por, uno imagina, sus connotaciones cosmopolitas, y, por otro lado, representa a la clase obrera tradicional, que ha visto sus condiciones de vida destruidas por la globalización capitalista, que ven cristalizada precisamente en la Unión Europea.

Frente a esta situación, Jeremy Corbyn ha decidido imponer la disciplina de voto máxima para obligar a los diputados laboristas a apoyar el Brexit, y ha sido criticado por todos los partidos mencionados anteriormente y también por lo que quizás podamos denominar la izquierda cultural e, incluso, por sectores de la nueva izquierda radical. A pesar de la decisión de Corbyn, es probable que muchos diputados laboristas voten en contra del Brexit, en parte porque quieren minar a su líder y en parte porque no aceptan que Gran Bretaña vaya a salir de la Unión Europea. Se dice que 50 diputados (de los 229 que tiene el Partido Laborista) podrían votar en contra.

En mi opinión, esta rebelión generalizada contra Corbyn representa bastante bien la confusión ideológica que tiene la izquierda actual. Por eso creo que es hora de que tome una decisión importante: ¿prefiere seguir defendiendo el cosmopolitismo globalista o va a empezar a interesarse por la gente que está sufriendo económicamente en sus propios países y que además está dispuesto a apostar por el cambio?

Aclaremos qué posición está defendiendo la izquierda cuando critica a Corbyn. En primer lugar, se está alineando con el libre comercio: si veo a otro diputado laborista diciendo que el Brexit va a ser terrible sobre todo porque va a hacer daño a los intereses de las empresas británicas (las mismas que han estado explotando a obreros británicos durante años), voy a vomitar.

Segundo, la izquierda está abogando por la estabilidad de la economía capitalista, en contra de su disrupción política. Seamos claros: al apoyar el Brexit, la clase trabajadora británica ha corrido un gran riesgo -ha priorizado el control político sobre los grandes intereses económicos-, y justo cuando lo hacen -prácticamente por primera vez en los tiempos modernos- ¡la izquierda decide abandonarles!

Hay otro factor que debe mencionarse aquí, que es más particular. El Brexit encaja con un cierto espíritu nacional de independencia, de ir contracorriente, de romper con el consenso. La derecha en Inglaterra tiene toda la iniciativa política ahora mismo porque pretende encarnar este espíritu. Al hacerlo, se presenta como la opción cool. En cambio, la izquierda aparece como aburrida, quejica, resentida y deprimida (¡véanse los últimos mensajes de Owen Jones en YouTube!). Podría incluso decirse que, en este asunto, la izquierda se ha presentado como el sector más conservador del país.

Para mi gusto, el momento más dramático en todo esto ocurrió el fin de semana pasado, cuando el desastroso exlíder de los liberal- demócratas Nick Clegg, un político del pasado del que los británicos no consiguen liberarse nunca (seguramente, Clegg encontrará trabajo en el futuro en la burocracia de la UE, como agradecimiento por sus servicios propagandísticos) - comentó en la BBC que el Brexit perdería apoyo cuando la gente se diera cuenta de que iba a tener efectos económicos negativos. ¿La izquierda actual se ha reducido a esto, a apostar por el colapso de la economía británica para seguir con su proyecto anti-democrático europeísta? ¡Qué vergüenza! Incluso he leído a amigos de la izquierda radical que aplauden cada posibilidad de sabotear el resultado del referéndum, como si la meta absoluta de la izquierda en Gran Bretaña ahora mismo fuera la de organizar una suerte de campaña-guerrilla contra el Brexit. Francamente, esta posición se parece a la de una traición contra la población del país, además de ser una defensa inexplicable de la UE.

En mi opinión, Jeremy Corbyn ha intuido todo esto y ha tomado la decisión adecuada. Además, creo que la izquierda organizada -si no quiere pasar a la irrelevancia- debería apoyarle. Me parece que lo que Corbyn entiende -y esto es lo que le convierte en un líder político de verdad - es que en un momento dado, la izquierda va a tener que apoyar el Brexit, haciéndolo suyo en el proceso. ¿Esto implica una vuelta a la nación como terreno de operación político, que pudiera chocar con principios socialistas? Quizás, pero si el único internacionalismo posible hoy en día es el neoliberal, ¿qué otra opción hay?