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'We can be heroes': David Bowie y el 'Proletkult'

13/01/2016 06:59 CET | Actualizado 13/01/2017 11:12 CET

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Portada del disco Diamond Dogs

Hace unos días, recibí un mensaje de Facebook felicitándome por haber cumplido cuatro años como miembro de su red. Era un mensaje equivocado: creo que abrí un perfil por primera vez en Facebook hace seis meses o así. De todas formas, el error me tranquilizó. Si todos mis datos personales están siendo recogidos de forma rutinaria y mi vida virtual está siendo constantemente vigilada, prefiero que sea por incompetentes.

En esos cuatro años (seis meses) que he estado en Facebook, creo que no he visto ninguna muerte de una figura cultural que haya producido tantos comentarios entre mis amigos como la de David Bowie. ¿Por qué Bowie tuvo un efecto tan profundo en las vidas de la gente?

La respuesta inmediata es obvia: por su talento componiendo canciones. Durante su periodo más creativo -el del glam rock (en la primera parte de los 1970) -parecía casi imposible que Bowie escribiera una canción mala. En aquella época no sólo escribió (lo que probablemente puede considerarse su mejor disco) Hunky Dory (1971), que incluyó temas tan clásicos como Changes, Oh! You Pretty Things, Life On Mars, Queen Bitch, etc., sino que muy pronto después escribió The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars (1972), que incluyó Ziggy Stardust, Starman, Suffragette City, etc. Y es que en ese mismo periodo tenía tanta confianza en sus propias habilidades que, por ejemplo, encontró tiempo para escribir una canción tan sublime como All the Young Dudes, y ni siquiera la incluyó en uno de sus propios discos, sino que la regaló a otro grupo, Mott the Hoople, proporcionándoles así uno de los hits más grandes del grupo

En la fase más reciente de su carrera, a Bowie le ha costado producir canciones de esta calidad a la misma velocidad, pero no obstante ha seguido produciendo obras muy interesantes, mostrando otro rasgo suyo importante, que es lo de desidentificarse continuamente con su propio personaje artístico (adoptar el personaje de Ziggy Stardust es simplemente el caso más visible de este fenómeno), obligándose a sí mismo a revolucionar una y otra vez las condiciones en que sus canciones se produjeron: las ciudades, los estudios, los músicos, etc. Buenos ejemplos de estos cambios (valga la redundancia) son Outside (1995), un disco que hizo con Brian Eno, y que en mi opinión es un triunfo creativo absoluto, por no mencionar su nuevo disco, que salió a la venta solo días antes de su muerte: Blackstar (2016), cuyo estilo es una sorpresa absoluta y representa un cambio absoluto con respecto a su álbum anterior, The Next Day (2013). Es esta, por tanto, la primera razón del éxito de Bowie: su poder de composición fue excepcional.

A la hora de considerar su influencia, no creo, sin embargo, que pueda ignorarse el contexto cultural en que su música se produjo. ¿En qué sentido?

El último disco del periodo clásico de Bowie fue Diamond Dogs (1974). Es probable que el título original de dicho álbum fuera 1984, ya que al comenzar su composición, Bowie quería producir una versión musical del libro de George Orwell. Sin embargo, parece que luego la familia de éste no le concedió a Bowie los derechos para usar la novela, y que tuvo que cambiar el título del disco, entre otras cosas.

A través de actos artísticos heroicos como los de David Bowie, la clase trabajadora encontró una manera de convertir la particularidad rígida de su cultura ya existente en una cultura absolutamente universal.

Recordaréis que la novela de Orwell es una sátira distópica, basada en la Unión Soviética de Stalin, acerca de los resultados de una revolución proletaria. La supuesta cultura revolucionaria proletaria que Orwell satiriza en el libro es extremadamente empobrecida: libros baratos, canciones malas, incluso pornografía, y todo esto producido por máquinas (que, como se sabe, no son capaces de producir obras de arte; ni son capaces de saber hace cuántos meses te inscribiste en una página web). La visión de Orwell -y de Bowie en Diamond Dogs- de la cultura proletaria es, pues, incomparablemente desalentadora. Veo, sin embargo, una cierta ironía en la fascinación de Bowie con esta historia. ¿De qué tipo?

Es cierto que los soviéticos dedicaban bastantes recursos, después de la revolución rusa de 1917, a la creación de una cultura proletaria, bajo un nombre que parece haber salido directamente de las páginas de 1984: Proletkult. Hoy en día, este movimiento se considera un fracaso, ya que de alguna manera pretendió mezclar cosas que probablemente no deberían mezclarse (al menos, directamente): el arte con la política y cuestiones sociales, etc.

También es conocido que el leninismo pretendió crear una revolución en el eslabón más débil de la cadena imperialista -Rusia-, en contra de las expectativas de Marx, entre otros, que consideraban que la revolución contra el capital probablemente se realizaría en la parte del mundo donde el proletariado estaba más desarrollado, al menos, en aquellos días: Gran Bretaña. ¿Es posible, sin embargo, que unas décadas después de la invención, y el fracaso, del Proletkult oficial, este triunfara en su versión no oficial precisamente en el área geográfica donde primero se esperaba la revolución?

En su ensayo La cultura proletaria y el arte proletario, de 1923, León Trotski afirmó que "el proletariado [...] tiene que producir su propia cultura, y su propio arte'. Terminó concluyendo que la función principal de la cultura proletaria sería la de "elevar las masas" y parece que lo que Trotski tenía en mente fue en realidad una elevación convencionalmente intelectual.

¿Qué pasa, sin embargo, cuando la manera más eficiente de crear este tipo de cultura al final ha sido la de generar las condiciones para que algunas personas que venían de la clase obrera británica -como David Bowie (por no mencionar The Beatles y The Rolling Stones etc.)- se encontraran bien posicionados para convertir su fascinación con aspectos de su propia tradición y cultura -en este caso, el rhythm and blues (R&B) de los Estados Unidos, pero también la música folk e, incluso, la música eclesiástica de las islas británicas- en producciones artísticas del rango más alto? ¿En qué sentido esta gente se encontró posicionada para llevar a cabo esta hazaña artística sin precedentes aparentes?

Lo que tengo en mente aquí es la existencia de un Estado de bienestar fuerte en Gran Bretaña, y de un esfuerzo mínimo por parte de su Gobierno, en un momento dado, para redistribuir recursos económicos, etc. En tales circunstancias, la gente humilde realmente tenía (¿por primera vez en la historia?) la posibilidad -aunque fuera una cosa temporal y evanescente- de prosperar y de tomar algo de control sobre sus propias vidas. Otro efecto de esto es precisamente el hecho de que, a través de actos artísticos heroicos como los de David Bowie, esta gente encontró una manera de convertir la particularidad rígida de su cultura ya existente en una cultura absolutamente universal, como muestra precisamente la reacción por parte de todo el mundo a la muerte de Bowie. Si esta conclusión es correcta, además, plantea otra pregunta: ¿puede considerarse que las condiciones de producción de una cultura proletaria universal han sido reducidas durante las últimas décadas y que esto implica que, al menos por ahora, no vamos a ver más artistas proletarios del calibre de David Bowie? Y, ¿qué tipo de revolución es necesaria hoy en día para que estas condiciones se repitan?