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Rajoy en el banquillo

25/07/2017 07:30 CEST | Actualizado 25/07/2017 07:30 CEST

Getty Images

La fotografía de Mariano Rajoy sentado en un banquillo de la Audiencia Nacional -el tribunal de los grandes casos de corrupción política y económica- para declarar por el caso Gurtel, entrará por nuestra retina este miércoles, 26 de julio, para conformarse en imagen en nuestro cerebro y transformarse en emociones políticas.

El presidente del Gobierno de España deberá testificar por haber sido secretario general del PP durante el periodo de los delitos que se investigan: la supuesta financiación ilegal de varias campañas electorales entre 1999-2005. El tribunal ha considerado pertinente su testimonio debido a una falta de colaboración del PP, que hasta el momento se negó a prestar declaración en su condición de responsable civil. En estos momentos podemos concluir que una mala estrategia judicial (falta de colaboración del partido) tendrá consecuencias políticas todavía impredecibles.

En el momento en el que saltó la noticia los titulares fueron unánimes: la primera vez que un presidente se sentaba en en banquillo a declarar. Alertados por las posibles consecuencias políticas del asunto, el PP pidió que el Presidente declarara por videoconferencia, aludiendo motivos de seguridad y agenda, motivos insignificantes comparados con el real y que muy bien señaló el magistrado Ángel Hurtado en su voto particular apoyando el recurso del PP "efectos mediáticos y metajurídicos" que traducido al lenguaje periodístico se llamaría la pena de telediario. Finalmente, se confirmó la noticia que Rajoy debería ir en persona a declarar, ¿qué puede suponer para su imagen pública y para la del gobierno?

Se debe aclarar que no será el primero como aseguraban algunos medios. Como ex presidentes lo hicieron: Adolfo Suarez en la Audiencia Nacional en 1995 por el caso Banesto, en el que se juzgaba unas trasferencias de 300 millones de pesetas al CDS; también, Felipe González testificó ante el Tribunal Supremo en 1998 por el caso Marey, con gran repercusión gráfica gracias a una foto de Fernando Quintela publicada en El Mundo. ¿Podemos concluir que Rajoy será el primer Presidente en ejercicio que testifica ante un tribunal? Pues tampoco. Felipe González lo hizo a finales de los 80 por el caso Linaza ante el Tribunal Supremo, pero por escrito.

En el plano internacional, tenemos casos sonados de jefes del ejecutivo que se han sometido a un banquillo ya como ex presidentes: Sarkozy en 2014, Toni Blair y Jacques Chirac en el 2011 (por causas diferentes), Helmut Khol en 2005 o Gulio Andreotti en 1993, pero existen también precedentes de presidentes en ejercicio que acudieron a testificar, como es el caso de Berlusconi, que tras ser declarado en rebeldía por el Tribunal Penal en el 2005 por no acudir a declarar, decidió finalmente hacerlo por el caso Mediatrade en el 2011, año en que finalmente dimitió como Primer Ministro Italiano.

Entra en el juzgado en calidad de testigo, los jueces decidirán si sale como acusado o si la "única" repercusión serán las imágenes de archivo y la pena de telediario.

En términos de escrutinio público ¿podríamos comparar la obligatoriedad de explicarse de Mariano Rajoy ante un tribunal con la figura política del impeachment? El poder icónico del momento acusatorio conduce a pensar que sí. La más reciente experiencia la encontramos en Brasil en el 2016, cuando Dilma Rousseff debió defenderse ante la cámara por maquillar las cuentas públicas y finalmente fue censurada, y obligada a dejar el cargo, por perder la confianza de los representantes.

La más famosa fue la del presidente Bill Clinton, en 1998, cuando se vio obligado a dar explicaciones ante la cámara de presentantes por demostrarse que había mentido al negar haber tenido relaciones sexuales con Mónica Lewinsky. El impeachment no prosperó pero sí tuvo consecuencias políticas: según las encuestas el caso fue determinante para la victoria posterior de Bush en el año 2000; según los votantes, el carácter moral del candidato republicano fue determinante para su victoria, puesto que el 44% de los electores, según Voter News Services, aseguraron que la falta de aprobación de la vida personal de Clinton fueron importantes para determinar su voto.

Repasen todos los nombres de la lista de presidentes y ex presidentes que se sometieron a un proceso público de justificación y piensen en su imagen pública, concluirán que todos tienen una gran mancha en su expediente en forma de condena o, en el mejor de los casos, bajo sombra de duda.

Vivimos en la era visual, dominados por el poder del ojo que todo lo ve, que todo lo escruta, que todo lo juzga. Una declaración por escrito o por plasma hubiera sido un duro golpe para el presidente Rajoy, pero nada comparado con el poder de la imagen de un dirigente sentado en un banquillo. Es cierto, que según algunos detalles que han avanzado periodistas como Ernesto Ekaizer en la Cadena Ser, se evitarán planos de televisión de Mariano Rajoy con el resto de imputados, como Bárcenas. El presidente se sentará en el estrado, no en el lugar destinado a los testigos, rodeado de sus abogados; llegará con el coche hasta la misma puerta, evitando el paseíllo y el previsible "canutazo" de la prensa, e incluso el presidente de la Audiencia Nacional saldrá a recibirlo, como si se tratara de una visita institucional.

Pero, la imagen seguirá siendo la misma, la de Rajoy sentado en el banquillo, ¿en calidad de qué?, son detalles menores en términos de comunicación e imagen pública. Por aclararlo, entra en el juzgado en calidad de testigo, los jueces decidirán si sale como acusado o si la "única" repercusión serán las imágenes de archivo y la pena de telediario.

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