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Microfinanzas, más allá del microcrédito

26/10/2012 08:18 CEST | Actualizado 25/12/2012 11:12 CET

Un célebre proverbio chino dice "dale un pescado a un hombre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá todos los días". Esta pequeña pieza de sabiduría resume una forma de entender el desarrollo que se aleja del asistencialismo y promueve la capacitación y el trabajo como vías para la prosperidad. Lo que no acaba de quedar claro es cómo va a conseguir el hombre una red que le permita pescar, o qué va a pasar con él cuando esté demasiado viejo o enfermo para faenar... Aunque a veces se nos olvide, para dar respuesta a estos interrogantes es para lo que surgieron los sistemas financieros.

Pocos sabrán, en parte porque no hay hoy en día mucha información disponible y unificada, que en nuestro país existe un buen número de agentes académicos, sociales y económicos que incluyen entre sus objetivos la promoción de la inclusión financiera de los segmentos de población más desfavorecidos en países en desarrollo y emergentes.

Por inclusión financiera entendemos el estado en el que todas las personas que necesiten y puedan utilizar servicios financieros de calidad -con precios asequibles, provistos adecuada y dignamente- tengan acceso a ellos. Cuando hablamos de servicios financieros consideramos todos aquellos necesarios para desarrollar el día a día de cualquier actividad personal, familiar o profesional -pensemos en la cantidad y variedad de servicios financieros que utilizamos nosotros a diario-, para tener capacidad de afrontar imprevistos y contingencias (ahorros, seguros), para preparar la jubilación (previsión), para realizar y/o recibir pagos de servicios, impuestos y subsidios y, cómo no, para financiar el desarrollo de la actividad profesional o la adquisición de bienes duraderos, e incluso la vivienda. Todo lo anterior, enmarcado en un entorno en el que autoridades, entidades financieras y usuarios actúen con responsabilidad, para lo cual es imprescindible contar con un marco regulatorio e institucional que garantice la transparencia y la protección al cliente, tan débil en muchas realidades aún hoy. Por su parte, el cliente o usuario de servicios financieros debe poder contar con las herramientas de educación financiera necesarias para una toma de decisiones informada que le permita comprender sus compromisos y ejercer además una debida auto-protección.

A menudo se identifica, erróneamente, el microcrédito con las microfinanzas, y éstas con la inclusión financiera. El primero es un concepto mucho más difundido y conocido en su existencia, aunque a menudo malinterpretado en sus características, bondades y objetivos. Las microfinanzas, en sentido amplio (no limitadas al crédito) son a su vez uno de los caminos -no el único, ni de forma aislada- que contribuye a una mayor inclusión financiera. Y lo son por su capacidad innovadora de leer lo no escrito, de interpretar lo intangible y de valorar los riesgos inherentes a la actividad diaria de los segmentos más desfavorecidos, que a menudo se mueven en la informalidad, en ausencia de fuentes de información tradicionales (estados financieros, declaraciones de impuestos, etc.) que consultar y contrastar.

La inclusión financiera es hoy en día una prioridad en la agenda internacional, contando como primer exponente desde fecha relativamente reciente el impulso del G-20 y su Alianza Global para la Inclusión Financiera (GPFI, por sus siglas en inglés) que ha establecido una agenda de trabajo y unos compromisos que ejercen de hoja de ruta para los países emergentes y en desarrollo en su reto de promover la inclusión. El desarrollo de la hoja de ruta es labor de cada uno de los países comprometidos, y no es una tarea menor.

En estos días de desasosiego, hartazgo e incertidumbre con nuestra economía, sistema financiero y posición en el mundo, queremos arrojar algo de luz sobre una iniciativa todavía incipiente, pero que pone en valor el trabajo de bastantes años. Somos muchas las entidades españolas que venimos trabajando hace tiempo con el convencimiento de que facilitar el sano acceso a los servicios financieros de forma responsable es una máxima que todo país debe contemplar en su agenda de desarrollo. Para hacer esta visión realidad, hemos dedicado tiempo, recursos y conocimiento, a menudo de forma aislada y sin unir esfuerzos, como hubiera sido más deseable. Ese actuar de forma aislada ha generado dos efectos que esperamos revertir desde ya: i) el desconocimiento mutuo, con las implicaciones derivadas en cuanto a la pérdida de oportunidades de llevar a cabo actuaciones con un mayor impacto y efectividad; y ii) la invisibilidad, ante nuestros interlocutores, de nuestras actuaciones globales, que en los últimos veinte años nos han permitido desarrollar una nutrida experiencia y capacidad de colaboración en esta materia, que quedan diluidas en un gran océano en el que sí es fácil identificar a otros países que, con menos recursos, consiguen llegar más lejos y difundir su marca país en este ámbito particular.

Esta fue la reflexión que hicimos hace aproximadamente un año, con motivo de la celebración en Valladolid de la V Cumbre Mundial del Microcrédito, que reunió a más de 2.000 participantes de todo el mundo, y de donde surgió la idea que hoy, ya materializada, viene a revertir los dos efectos de invisibilidad y alcance identificados. Nos complace compartir el nacimiento de la Red Española de Microfinanzas en el Exterior - remEX, plataforma al servicio de todas las entidades que compartimos objetivos, de todo el talento que requiera una fuente de conocimiento, experiencia e información, y de iniciativas que promuevan nuestra imagen en el exterior, en el ámbito de la inclusión financiera. El día 30 de octubre nace la remEX, y nos encantará contarles con más detalle quiénes somos y qué hacemos para unir esfuerzos y así llegar más lejos.

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