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Diario de una JESP: El primer paso como freelance

03/10/2012 10:05 CEST | Actualizado 11/10/2013 12:03 CEST

Shit, shit, shit. Que no. Que no quiero aprender a utilizar la caja registradora. Que me da yuyu. "Pero jefa, ¿no ves que yo soy de letras? ¡Que soy periodista!". Pues nada. Allá ella. Si el negocio empieza a perder dinero por mi culpa, no será porque yo no lo haya advertido. Qué vergüenza. Llega una señora a pagar y no sé de dónde sale el ticket, ni qué recibo le tengo que dar a ella, ni qué papel tengo que firmar yo... Con lo feliz que soy cuando estoy en el probador, marujeando con las clientas en todos los idiomas que conozco. Eso es lo mejor de trabajar en esta tienda de ropa del centro comercial más turístico de Dublín; todos los días hablo español, inglés y francés con viajeros de todo el mundo. Me viene genial. No sólo para perfeccionar el inglés, sino también para no olvidar el francés. Durante mi año Erasmus en Montpellier el inglés se me oxidó mucho, y quiero evitar que aquí me pase lo mismo con la lengua gala. Y creo que lo estoy consiguiendo, porque no sabéis la de guiris que pasan por aquí. En 2011 Irlanda recibió 6,6 millones de visitas de extranjeros que se gastaron unos 3.600 millones de euros. Vale, puede parecer poco comparado con los 52.795 millones de euros que se dejaron en España los más de 56 millones de turistas que visitaron nuestro país el mismo año. Pero es que la población irlandesa es diez veces menor que la española: en Irlanda viven 4,6 millones de personas, y en España unos 47. (Una cifra que, por cierto, seguirá descendiendo como a los jóvenes nos sigan obligando a convertirnos en JESP).

El caso es que me entretengo mucho escuchando a los clientes, y no sabéis todo lo que aprendo de ellos. Pero lo más divertido, sin duda, son los caretos de los hombres que vienen de estoicos acompañantes de sus mujeres o novias. "Pero entonces, ¿este vestido te gusta, o no?" "Por sexta vez, darling, que sí, que te queda muy bien, que te lo compres". "Ya, ¿pero éste o el rojo?" "Mmmm el rojo". "¿El rojo? ¡Pero si antes me has dicho que el azul! ¡Joé no me ayudas nada!" Y en cuanto ellas se vuelven a meter en el probador, me miran poniéndose bizcos como diciéndome: "¡Que me da exactamente igual! Qué más me da el talle alto o el cuello mao. ¡Lo único que quiero es que se compre ya algo y que nos vayamos de aquí!" Algunos incluso intentan sobornarme para que les cubra: "Tú dile que me he tenido que ir al baño, y que seguro que me he perdido por el centro comercial". Así que, chicas, tomad nota. Id de compras con vuestras amigas, madres y hermanas. Pero NUNCA con vuestras parejas. Ahora que estoy en el otro lado, sé que carecen de la más mínima aptitud para ayudarnos en un probador y que sólo les provocamos sufrimiento estéril. (Seguro que con este último párrafo me he ganado al público masculino...)

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Dos turistas de compras en el centro de Dublín. Foto: VERÓNICA ZUMALACÁRREGUI.

De cualquier modo, éste no es el trabajo de mis sueños, ni mucho menos. Al llegar aquí, pensé en las opciones que tenía. Podría haber buscado un puesto relacionado con el marketing en alguna gran empresa tecnológica. No habría sido demasiado difícil porque, como ya os conté, Google, Twitter, Facebook y demás tienen sus sedes europeas en Dublín por los beneficios fiscales que obtienen en Irlanda, y emplean a muchísima gente de todas las nacionalidades. Sin embargo, un empleo de este tipo no me habría dejado tiempo para escribir. Por eso opté por un trabajo poco cualificado que me permitiese abrirme camino como freelance. Porque lo que me llena de orgullo y satisfacción es explicar, contar, relatar. Es el camino más duro, y el más difícil de conseguir, pero soy joven y no pierdo nada por intentarlo. Si veo que me estanco como freelance, siempre podré recurrir a la otra alternativa.

De momento ya me he puesto manos a la obra para acercarme a mi objetivo. Salgo de la tienda y camino hasta el barrio de Warrenmount, donde he quedado con un periodista irlandés. Rebuscando en la red (algo en lo que ya soy más que experta) me he puesto en contacto con varios profesionales del sector para que me den pistas de cómo labrarme un futuro en la Isla Esmeralda. Me han contestado bastantes, pero éste en concreto me ha propuesto tomar un café para conocernos en persona. A ver, a ver... debe de estar por aquí... Por la foto de su perfil de LinkedIn parece que es éste. "Hello are you Ciaran? Nice to meet you!" Le doy la mano, que aquí lo de los dos besos no se lleva, y sin querer le doy un pisotón. Bfff , bien empezamos. (¡Ya os dije que soy muy torpe!). Me pongo roja pero él se ríe. Es el director de la revista online LeCool Dublín, que muchos quizá conozcáis porque también existe la versión madrileña y barcelonesa de la misma. ¡Es encantador! Me dice que la publicación semanal se nutre de artículos muy cortitos sobre planes que hacer en Dublín, que sus colaboradores escriben gratis porque no les supone ningún esfuerzo. Me propone empezar mi trayectoria formando parte del equipo LeCool. La verdad es que a mí sí que me supondrá esfuerzo, porque al fin y al cabo es escribir periodísticamente en un idioma que no es mi lengua nativa. Pero me viene genial para aprender, para conocer la ciudad y para hacer contactos. Le digo que sí, que "thanks a million", y que de hecho ya sé sobre qué tratará mi primer artículo: ¡sitios de Spanish tapas en Dublín! Le entusiasma la idea. Me voy feliz a casa: con un reportaje en mente, una toma de contacto con mi profesión en esta nueva ciudad, y una sonrisa en la cara. Keep tuned...

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