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Londres, en guerra

24/03/2017 11:28 CET | Actualizado 24/03/2017 11:46 CET
EFE

Londres se prepara para manifestaciones a favor de las víctimas del terrorismo radical islámico. La sociedad se posiciona a favor de la convivencia, de seguir con los hábitos de vida y las mismas costumbres sociales pese a que Londres está casi militarizada. Venimos de una sociedad del bienestar, donde la seguridad se construye con un buen trabajo estable, un hospital cerca, con poder ir a la universidad y tener un mes de vacaciones. Y vamos hacia una sociedad enfrentada con el discurso del miedo, con una lucha de ideas religiosas radicales, con unas políticas sociales debilitadas que dejan de lado a grandes sectores sociales y con un mundo interconectado capaz de generar redes sociales virtuales de apoyo constante.

Y Londres está en guerra, está en una situación militarizada, controlando aeropuertos, controlando ciudadanos, controlando redes sociales, etc. Volver a la normalidad es volver a una situación de alto control social por parte del Estado y los centros de inteligencia. Hace diez años que no veíamos agentes con metralletas en los aeropuertos, en las estaciones de tren, en las salidas del metro, en los centros turísticos de las ciudades. El mundo ha cambiado para no volver a ser como era.

Londres es una ciudad con un alcalde musulmán, capaz de establecer diálogos entre religiones. Y pese a tener un alcalde musulmán, ha sido y sigue siendo un objetivo del extremista terrorismo islámico. Uno de los principales objetivos de este tipo de atentados es causar impacto mediático, seguir con un discurso del miedo y no dejar descansar al enemigo. Ya no se apaciguan las situaciones de alarma social. La policía se ha formado en cómo reprimir ataques de este tipo y la amenaza del terrorista solitario es una amenaza constante. En medio de este conflicto, el terrorismo radical islámico sigue consiguiendo sus objetivos. Aparecen en todos los medios, prensa, radio y televisión. En programas en directo de las grandes cadenas de televisión, noticias en prime time, obteniendo los mejores índices de audiencia de medio mundo. El coste-beneficio de este tipo de acciones es claramente positivo. El adoctrinamiento virtual de residentes y nacionalizados europeos que viven en grandes ciudades sigue siendo una de las mejores armas de guerra.

La nueva guerra se fundamenta en radicalizar a ciudadanos, en ofrecer un apoyo vital incondicional, en ofrecer una salida espiritual ante las malas situaciones de una sociedad con problemas de paro, de aislamiento, de marginalidad, etc.

Se habla de terrorismo low cost como un nuevo terrorismo imparable. Londres, Berlín o Niza han sido lugares de atentados low cost. Los términos son nuevos, pero las dinámicas son las mismas. Llamados lobos solitarios, soldados del islam, terrorista individual, etc..., todos tienen en común una rápida radicalización, situaciones de desvinculación y anomia con la realidad social cercana y evasión de la realidad mediante el adoctrinamiento extremo en ideas ultrareligiosas del islam. En Londres acabamos de ver una característica que sorprende y es la edad del terrorista. No se trata de jóvenes socialmente más moldeables, sino de una persona de más de cincuenta años, seguramente con una situación contextual mejor que la de otros lobos solitarios. Esa novedad indica que las características del terrorista individual no están claras. No tardaremos en encontramos con mujeres y niños capaces de matar en el centro de una gran ciudad europea. Ya lo están haciendo en muchos lugares del mundo. Porque para matar no se necesita nada más que tener ganas de hacerlo.

Terroristas sin infraestructura, sin medios, pero capaces de idear atentados mortales en el centro de las más importantes ciudades del mundo. Capaces de engañar a los más altos sistemas de inteligencia militar. La nueva guerra se fundamenta en radicalizar a ciudadanos, en ofrecer un apoyo vital incondicional, en ofrecer una salida espiritual ante las malas situaciones de una sociedad con problemas de paro, de aislamiento, de marginalidad, etc. No hay perfiles definidos, hay practicas concretas que dan pistas.

El adoctrinamiento se realiza de forma virtual, manteniendo una vida social sin grandes cambios. Las telecomunicaciones son el primer pilar principal de toda investigación para poner en el punto de mira a esos lobos solitarios. La asistencia a ciertos lugares de culto es la segunda pauta que despierta los intereses de los cuerpos de seguridad del Estado. Y la situación de desvinculación de los referentes sociales comunes de la cultura de acogida (y propia en un origen) es la tercera pauta. El resultado es un modus operandi low cost capaz de poner en jaque a grandes ciudades y a los mejores sistemas de inteligencia militar. Londres está en guerra, Berlín está en guerra, y Bruselas, y París y todas las grandes ciudades europeas y estadounidenses.