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¿Podría Trump ganar las elecciones?

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TRUMP
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Entramos ya en la recta final de las elecciones norteamericanas. Ya han pasado los últimos debates y se están lanzando las últimas batallas informativas. Trump sigue en la ofensiva de desacreditar las elecciones (en caso de que no gane), de dinamitar la reputación de Clinton y toda su familia y de convertirse en el único candidato con la suficiente mano dura para dirigir el más grande país del mundo.

En los últimos debates y mítines, Trump ha parecido mejor que las últimas veces. Su dialéctica y fuerza en el escenario han mejorado, junto a su discurso. Todos saben que no está acostumbrado a debates entre dos, a debates entre iguales, pero poco a poco ha ido aprendiendo y ganando televisivamente. Con estos últimos debates ha conseguido ganar votos entre la parte del electorado que le apoya. Clinton, por su lado, sigue su camino sin confrontaciones directas con Trump, dejándolo a un nivel inferior como persona, como candidato, como padre, etc. Se mantiene firme en sus acusaciones y mostrando una visión externa de mandataria internacional con experiencia.

El apoyo electoral de Trump está formado, principalmente, por hombres blancos de 25 a 65 años, norteamericanos de varias generaciones y de zonas no urbanas (zonas rurales o semirurales). Y ese electorado es el que mejor se moviliza para ir a votar. Es el electorado del que puede obtener más provecho en estas últimas semanas. Un electorado al que no le importan las acusaciones de aprovechado (ni con los impuestos ni con las mujeres) ni las de machista (en palabras y hechos), ni las acusaciones de usar palabras e ideas políticamente incorrectas; le ven como un semejante, un hombre del pueblo con éxito económico. Para muchos, es la visión del hombre americano hecho a sí mismo.

El apoyo electoral de Trump está formado, principalmente, por hombres blancos de 25 a 65 años, norteamericanos de varias generaciones y de zonas no urbanas.

Clinton, por su parte, no ha bajado a la arena sucia de su contrincante, se ha mantenido con la serenidad que se le supone a una futura presidenta de EEUU, y su postureo también le hace ganar votos en el perfil del electorado femenino, del electorado más internacional y del electorado de las grandes ciudades.

Estamos en la dialéctica de las dos visiones de EEUU, delimitadas geográficamente: una, situada en los extremos este y oeste del país, la América moderna, internacional y tecnológica; y la otra, en la zona central, la América profunda, la América del rifle y del caballo.

En estas semanas hemos visto cómo algunas encuestas daban como ganadora de los debates a Clinton por ser capaz de mantener bien su discurso sin dejarse atrapar por las acusaciones y por dominar mucho mejor la dialéctica del propio medio televisivo. Pero no olvidemos que en esa carrera van casi a la par. Ganará quien mejor sepa movilizar a su electorado en estas últimas semanas y quien sepa gestionar mejor un contexto muy hostil como el que se está viviendo hoy en EEUU.

Para ganar, Clinton necesita que la situación internacional esté en calma, que no haya conflictos internacionales ni atentados en zonas amigas. Necesita que dentro del país todo esté también en calma, que haya buenos resultados económicos. Necesita que, desde Wikileaks, no aparezcan más noticias que dañen su persona, y que su rival siga metiendo la pata con declaraciones racistas, xenófobas, machistas o ultrabélicas.

Ganará quien mejor sepa movilizar a su electorado en estas últimas semanas y quien sepa gestionar mejor un contexto muy hostil como el que se está viviendo hoy en EEUU.

En cambio, para ganar las elecciones, Trump necesita unos disturbios nacionales o internacionales, que EEUU vuelva a ponerse de nuevo al mando del mundo conocido con mano dura. Necesita que la industria militar le respalde con más intensidad y que un atentado, o la amenaza del mismo, haga resurgir la supremacía de un mandatario hombre, ególatra y tirano. Que Rusia se mantenga hostil con EEUU por los conflictos con Siria o que las guerras virtuales y ciberataques hagan temblar a la economía norteamericana.

Trump tiene que movilizar a un electorado ultranacionalista que anhela volver a sentirse miembro del país más importante del mundo. Trump es el candidato del EEUU que busca un superheroe al más puro estilo del universo Marvel o DC. Y un superhéroe necesita un enemigo y un superpoder. Clinton es la rival débil de un villano engrandecido. Para los seguidores de Trump, la candidata Clinton no es rival suficiente. Nunca podrá ser la heroína de América que, con su fuerza y su poder, salva a la nación de todas las amenazas posibles. Se enfrentan una burócrata con un héroe de cómic. ¿Qué decidirá el pueblo norteamericano?

Tenemos dos líderes antagónicos, la mujer política por naturaleza y el hombre de éxito empresarial. Dos mundos paralelos y polos opuestos imposibles de unificar porque habitan en mundos y dimensiones paralelas. Trump cuenta con el superpoder de ser inmune a acusaciones delictivas y penales, y de ser capaz de decir que Clinton acabará en la cárcel si él gana las elecciones. Como vemos, cada candidato tiene un público y un electorado posible que ha de ser capaz de movilizar en estas últimas semanas.

Trump es el candidato del EEUU que busca un superheroe al más puro estilo del universo Marvel o DC.

En EEUU, con casi la mitad de la población con estudios universitarios (43%) y solamente un 5% de paro registrado, parece que un candidato populista, xenófobo y machista no tendría un lugar destacado. Clinton tiene más éxito entre el 31% de mujeres blancas y en gran parte del 36% de personas de origen hispano, afroamericano y asiático. Trump gusta más a los hombres sobre todo con menos estudios (57% de la población sin estudios universitarios).

Pero todo puede suceder en las próximas elecciones. Con un caldo de cultivo determinado, Trump podría ganar por un escaso margen, activando a los ultranacionalistas, a los buscadores de héroes imaginarios y al populismo conservador tan predominante en muchas zonas del EEUU más profundo.