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Radiografía de la situación de las mujeres en América Latina

11/04/2017 14:58 CEST | Actualizado 18/04/2017 07:26 CEST
Getty Images
Manifestante en una de la marchas feministas contra el Gobierno de Michel Temer, en Brasil, durante el Día Internacional de la Mujer

Apenas el 50,3% de las mujeres de la región participan en actividades económicas, mientras que los hombres lo hacen en un 78,9%, hecho que limita sus aspiraciones personales y sociales. La historia reciente de América Latina muestra claramente que la incorporación de las mujeres al mercado laboral trae enormes beneficios para la economía de los países. De hecho, buena parte del boom económico latinoamericano que entre 2002 y 2008 dejó tasas de crecimiento promedio del 5% tiene también algo que ver con que más de 70 millones de mujeres comenzaron a incorporarse a la vida laboral en los últimos 20 años. Esto posibilitó, por un lado, una drástica reducción de la pobreza extrema y, por otro, que la clase media creciera a niveles históricos.

Invertir en las mujeres es también una decisión inteligente en lo que tiene que ver con los impactos que se generan en las vidas de las familias y las comunidades. Las cifras sustentan estas afirmaciones: se calcula que, si las mujeres se incorporaran de manera plena en las actividades económicas, el PIB de la región aumentaría hasta un 34% hacia el 2015. Pero para que esto suceda, deberemos superar unas brechas de género que hoy en día siguen siendo demasiado marcadas. La desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres de nuestra región es tan real como urgente de abordar.

Además del dato ya mencionado de que, en 2017, solo el 50,3% de las mujeres participan en actividades económicas, mientras que los hombres lo hacen en un 78,9%, hay otros ejemplo muy claros: sólo una cuarta parte de los cargos públicos de los poderes estatales (ejecutivo, legislativo y judicial) son mujeres, mientras que en países como Finlandia, Islandia, Holanda y Suecia su representación parlamentaria asciende al 40%. Y, por si fuera poco, pueden ganar hasta un 19% menos que los hombres al desempeñar un mismo trabajo.

Si pretendemos que América Latina sea una región más democrática e igualitaria en un futuro cercano, será imprescindible concienciar a todos los ciudadanos acerca de la trascendencia de la igualdad de género.

Quizás uno de los factores que más relega a las mujeres a la actual situación desigual es la dependencia económica y la insuficiencia de ingresos, dos de las cuestiones que además inciden directamente, entre otras, en las situaciones de violencia de género. En consecuencia, para combatir eficientemente las desigualdades de género en América Latina es imprescindible apostar por el empoderamiento económico de las mujeres.

Hay algunas iniciativas que se han desarrollado en este sentido, como la promoción y creación de más productos para aumentar la alfabetización financiera entre las mujeres y la creación de programas de emprendimiento para fomentar que tengan ingresos propios. De todas formas, si implementamos estas medidas de manera aislada, no lograremos los objetivos de reducir las brechas de género. Por eso, gobiernos, empresas y sociedad civil deberemos de trabajar en conjunto para que las medidas sociales, económicas, jurídicas y legales que actualmente se llevan a cabo sean eficientes y tengan un impacto positivo en todas las esferas sociales y políticas.

La buena noticia es que el trabajo coordinado ya ha comenzado, aunque deberá intensificarse en los próximos años. Actualmente, 20 países de América Latina y el Caribe cuentan con leyes de violencia contra las mujeres, pero sólo en ocho se asignan recursos específicos en su presupuesto nacional. Además, 14 países han tipificado el delito de feminicidio, pero solo dos lo han establecido como un homicidio agravado por razones de género.

Existen varios ejemplos en el mundo de cómo pueden reducirse las desigualdades de género. Entre los más destacados, está establecer cuotas de participación en espacios de toma decisiones, tanto en lo político como en lo económico; generar sistemas de financiación dirigidos a la formación política de mujeres, para garantizar su capacidad al asumir roles de liderazgo; o impulsar reglamentaciones orientadas a que los partidos políticos incluyan la paridad de género en sus estructuras orgánicas internas. Es necesario desarrollar acciones que permitan que las mujeres y las niñas logren un estadio de autonomía física, económica y política que las conduzcan al ejercicio del poder en iguales condiciones y oportunidades y que, entre todos, trasformemos aquellos patrones socioculturales contrarios a una sociedad más igualitaria. Aún nos queda mucho por hacer para que las mujeres y las niñas habiten un mundo mejor con igualdad de oportunidades. Si pretendemos que América Latina sea una región más democrática e igualitaria en un futuro cercano, será imprescindible concienciar a todos los ciudadanos acerca de la trascendencia de la igualdad de género.