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Cultura económica y científica

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"Europa necesita jóvenes con capacidad de adaptación a un entorno profesional y tecnológico cambiante" dice el reciente informe de Seguimiento de la educación para todos 2012 de la Unesco. Uno de cada cinco jóvenes abandona los estudios en la primaria y no alcanzan competencias para encontrar trabajo. En el ámbito español este índice es de 1 a 3. Consecuencia: el paro juvenil en España supera el 50%. En otro estudio Education at a Glance 2012, en este caso de la OCDE, el porcentaje de españoles que ha finalizado la segunda etapa de Educación Secundaria se sitúa sólo en el 22%, que es más o menos la mitad de los que lo hacen en los países de la OCDE y de la UE. Y si miramos el porcentaje del PIB que dedicamos a la educación pública y privada -que es lo que realmente cuenta- nos situamos en el lugar 26 de los 37 países de la OCDE.

Este es el pobre presente -y sobre todo futuro- que tenemos. Difícilmente levantaremos nuestra economía y nuestra sociedad con esta realidad. La única solución que tenemos es... ¿educación, educación y educación! Una educación -formal e informal- que debería poner especial énfasis en la cultura económica y científica de la población. No podemos ser ciudadanos competentes ante los retos del siglo XXI sin este conocimiento.

Nuestra sociedad está en plena evolución. Inmersa en la transición de la sociedad industrial, basada en nuestra capacidad para aplicar las tecnologías manufactureras en la transformación de las materias primas, a una nueva sociedad que hemos convenido en llamar del conocimiento, centrada en nuestra capacidad para utilizar las tecnologías de la información y de la comunicación en la transformación creativa de las ideas y en la generación de nuevas oportunidades de trabajo, que se caracterizan por gran valor añadido en su impacto social y económico.

El desarrollo de esta sociedad y economía del conocimiento -que no sustituye, sino que se superpone a nuestras capacitaciones surgidas de la revolución industrial, que nos ha marcado la senda en los dos últimos siglos- se fundamenta, principalmente, en la rápida incorporación de las innovaciones científicas y sus aplicaciones tecnológicas a nuestra realidad profesional y vida cotidiana. Por tanto, nuestras capacidades individuales y colectivas para asimilar estos cambios son esenciales para el éxito de este proceso de aprendizaje continuado y adaptación constante que caracteriza a esta nueva sociedad. No debemos olvidar en este sentido que las transformaciones que acompañan y condicionan esta evolución no son tan sólo económicas, sino también (y sobre todo) culturales y sociales. Es por esta razón que cada vez resulta más necesario fortalecer estrategias dirigidas a divulgar estos nuevos conocimientos, así como sus aplicaciones tecnológicas, en el contexto de las cuestiones éticas, culturales, sociales, económicas y políticas que se nos plantean. El objetivo final es, pues, una mejor adaptación de nuestra sociedad a esta nueva estructura de vida y de trabajo que se va a consolidar en el transcurso del siglo XXI.

La importancia de la educación y formación científico-tecnológica de la ciudadanía para garantizar el desarrollo de la sociedad del conocimiento ha sido puesta de relieve por expertos como Richard V. Knight, académico de gran influencia en el estudio de la economía basada en el conocimiento. Knight asegura que el citado desarrollo requiere ciertas condiciones indispensables:

  • Los recursos del conocimiento deben pensarse en términos regionales.
  • Las ciudades deben incentivar la actividad económica densa en conocimiento e impulsar sus centros de excelencia.
  • El conocimiento debe ser definido y percibido por la sociedad como una forma de riqueza.
  • El público general (la sociedad en su conjunto) ha de comprender y asimilar la naturaleza y el origen de los recursos del conocimiento.
  • El desarrollo basado en las actividades del conocimiento significa mejorar las capacidades humanas y organizativas y crear un entorno que conduzca hacia la innovación, el aprendizaje, la creatividad y el cambio.

Hoy por hoy todas las políticas van en sentido contrario. Si no corregimos el rumbo, nuestro futuro estará seriamente comprometido. ¿Quien resolverá el problema?