Jorge Galán revela en 'Noviembre' la pieza clave del asesinato de los seis jesuitas en El Salvador

Jorge Galán revela en 'Noviembre' la pieza clave del asesinato de los seis jesuitas en El Salvador

La tragedia real que el escritor Jorge Galán convirtió en novela lo perseguirá ya para siempre. Le puso por título de Noviembre (Tusquets) y acaba de publicarla en España. Allí reconstruye una historia que conmocionó a su país y a medio mundo: el asesinato de seis sacerdotes jesuitas y dos colaboradoras, el jueves 16 de noviembre de 1989. El Gobierno culpó a la guerrilla del FMLN, aunque luego se supo que habían sido los militares. Y esta novela, precisamente, lo ha llevado al exilio.

"Nací en San Salvador, en 1973, y no me puse Jorge Galán, me llamo así. Galán es mi segundo apellido. El primero es Portillo, y ambos son los de mi madre. La literatura para mí no empezó en los libros sino en la sombra de las tardes lluviosas, cuando, protegidos en la oscuridad de la casa, mi abuelo me contaba extrañas historias que, según él, había vivido cuando joven. Aquellas historias me cautivaron, me mostraron una manera de contar, y, sin saberlo, me marcaron para siempre".

Pero ha sido una tragedia real que él ha convertido en novela lo que lo perseguirá ya para siempre. Le puso por título de Noviembre (Tusquets) y acaba de publicarla en España. Jorge Galán reconstruye una historia que conmocionó a su país y a medio mundo: el asesinato de seis sacerdotes jesuitas y dos colaboradoras, el jueves 16 de noviembre de 1989. El Gobierno culpó a la guerrilla del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional), aunque luego se supo que habían sido los militares. Se hizo un juicio a los autores materiales quienes, al final, fueron amnistiados. Veinticinco años después, el presidente de entonces, Alfredo Cristiani, revela en esta novela, por primera vez, los nombres de los autores intelectuales de la masacre.

- "¿Que si había más que Benavides y los otros oficiales que participaron en esto directamente? Sí -dice Cristiani-. Yo tiendo a pensar que sí". (Puedes leer AQUÍ el fragmento de la novela donde está la revelación)

Luego Cristiani cita los nombres de los culpables. Las amenazas a Galán no tardaron en llegar cuando el libro salió en El Salvador el año pasado. La presión lo ha llevado a exiliarse en España. Ahora, el autor y su novela son piezas clave en el proceso de investigación que, desde 2009, lleva la Audiencia Nacional de España en busca de acabar con la impunidad por los asesinatos de los españoles Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno y Amando López. También murieron el sacerdote salvadoreño Joaquín López y López y las colaboradoras Elba Ramos y su hija Celina. La Audiencia ha pedido la extradición de los asesinos, pero el Gobierno de El Salvador la ha negado.

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Aquel 16 de noviembre de la masacre, Galán tenía 16 años. Eran los tiempos del apogeo de la Teoría de la liberación. La época en la que en Centroamérica los días eran calcados por la violencia oficial, paramilitar o guerrillera. La novela cuenta eso, sí, pero va más allá al entrar en el alma de los salvadoreños y del país. Jorge Galán también es un poeta reconocido en su tierra, y eso se nota. Noviembre tiene una estructura en la que el escritor es un narrador sigiloso que da paso a voces corales reales que vienen de todos los lados, no en procesión, sino rodeando con paso lento la noche de aquel jueves de 1989, hasta confluir en ese momento trágico del múltiple asesinato. Todos dormían en la universidad donde vivían los sacerdotes, cuando un pelotón del batallón Atlacatl rompió la noche, con la voz atronadora del coronel René Emilio Ponce abriendo paso. Y el lector lo ve y lo escucha todo, se convierte en otro testigo.

"Me di cuenta de que, para que esa historia fuera verdadera, tenía que permitir que la contaran sus protagonistas. El narrador solo es un facilitador, no externa una sola opinión. No da un juicio. La historia se cuenta a través de aquellos que la vivieron y sufrieron".

Galán habló con decenas de personas durante mucho tiempo para armar el rompecabezas. Hasta que un día apareció la pieza reina: el expresidente Cristiani.

"Fue una suerte. Por alguna razón que no sé aún, y quizá no sabré nunca, quiso hablar conmigo, y quiso, además, que ocupara en mi libro de las grabaciones de la entrevista. Debo decir que el señor Cristiani nunca antes había accedido a algo así. Cuando sucedió, me sentí afortunado".

El precio ha sido entrar en una zona de sombra al vivir en el exilio. El Gobierno se niega a juzgar a los asesinos y a entregarlos a la justicia internacional. El Vaticano guarda silencio.

El narrador y poeta se ha convertido en uno de sus propios personajes. La realidad lo ha cogido en un remolino.

"Creo que a través del papa Francisco podría hacer mucho. Y es lo que cabría esperar, dado que el papa mismo es un jesuita. Hasta ahora, no se ha hecho lo suficiente. No lo hizo Juan Pablo II ni su sucesor. Pero Francisco puede ser diferente, ha canonizado ya a monseñor Romero, lo cual significa mucho para la historia de mi país en general. Seguimos a la espera".

El narrador y poeta se ha convertido en uno de sus propios personajes. La realidad lo ha cogido en un remolino. El de aquella noche del 16 de noviembre que no se va de su cabeza. Supo que tenía que contar aquel dolor e injusticia cuando visitó el Museo de los mártires jesuitas y descubrió las ropas que vestían los curas cuando los mataron.

"Tan sencillas, tan pobres, tan insignificantes. Entonces comprendí que el sacrificio que hicieron al quedarse en un país en guerra era real. No escribí una historia religiosa. No soy católico. Ni político. Ni me interesaba hablar sobre el asesinato. Lo que siempre quise fue contar una historia humana, auténtica, como los fueron estas personas".

Sabía que si lo hacía, se exponía.

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Foto: Joaquín Puga

"Aunque nunca sospeché que sucederían tantas cosas terribles, que el odio siguiera vigente luego de veinticinco años, o que muchos me llamaran traidor por contar esta historia. Toda esta situación era demencial. Tampoco podía imaginarme que acabaría en la Audiencia Nacional española entregando unas grabaciones a un juez. La verdad es que solo quería escribir un libro, solo quería contar una historia que era terrible a la vez que conmovedora. Nada más".

Nada que ver con las historias que le contaba su abuelo. La realidad es que vivía en uno de los países más peligrosos del mundo. Galán a veces piensa que se quedará así. Girando como una peonza sobre ese dolor. En sus investigaciones ha descubierto que en El Salvador la violencia es cíclica.

"En los años treinta, en los setenta, en los ochenta y ahora. Tras la guerra civil terminada en 1992 entramos en la guerra de las pandillas, que dominan todo el territorio desde la sombra, a través del miedo. Una nación de poco más de seis millones de habitantes, pero con hasta 51 asesinatos en un día. Somos un No país. Nos hemos asesinado a nosotros mismos durante décadas, somos también un paraíso de asesinos, donde la impunidad es un pan que comemos cada día. En mi país no se vive, se sobrevive. Y es una pena grandísima. Su geografía es privilegiada, exuberante, un lugar de volcanes y cerros y colinas, cuya costa avanza a través de todo el territorio, que colinda, al sur, con el océano pacífico. Cuando hablo de El Salvador, las palabras belleza, tristeza y frustración, siempre hacen una extraña e inevitable mezcla".

Atrás quedaron las historias del abuelo que le despertaron el alma de escritor. De aquella tradición oral pasó a los libros mucho más tarde. Justo al año siguiente de aquella tragedia que ha reconstruido como Noviembre.

Galán cuenta en prosa y en verso lo que ocurrió justo antes que aquel amanecer del jueves 16 de noviembre de 1989 en que 'la luz descendió sobre los hombres y las bestias'.

"Esos libros llegaron en diciembre del año noventa. Antes, había leído por obligación, pero aquel año, cerca de Navidad, no sé por qué razón leí La ciudad y los perros, y luego, Cien años de soledad, y más tarde, El nombre de la rosa, o algunos libros de Agatha Christie. Y ya no pude ni quise parar. Pero no llegué a desear contar una historia sino mucho más tarde. Llegó con Tolkien y Larry Niven y Philip K. Dick. Estos autores crearon sus propios mundos, donde tuve la necesidad de permanecer, o en lugares semejantes; es decir, decidí crear mis propios mundos, mis propias historias. Y, cómo no, también mis propios poemas. A lo largo de estos años han permanecido conmigo tanto Faulkner como T.S. Eliot, a quienes releo siempre".

Noviembre es la segunda novela de Jorge Galán, la primera fue La habitación al fondo de la casa, su preferida. En su país fue conocido primero como poeta. En España ha publicado en Visor y Pre-Textos. Ha obtenido varios premios literarios importantes, como el Nacional de Poesía de El Salvador, en España el Adonais, y hace dos semanas, el Casa de América de Poesía Iberoamericana por Bajo la interminable noche de noviembre, que editará Visor.

"Este poemario se divide entre poemas que cuentan lo que sucede en mi país, el dramatismo de unos personajes afectados por la oscuridad y la muerte, y mi propia oscuridad como habitante de un mundo al que no pertenezco y que no me pertenece".

Todo eso se ve, se siente, se oye en los dos libros. Galán cuenta en prosa y en verso lo que ocurrió justo antes que aquel amanecer del jueves 16 de noviembre de 1989 en que "la luz descendió sobre los hombres y las bestias". Escuchemos su voz en uno de sus poemas que se abre paso como plegaria en aquella oscuridad:

Invisible...

Ni tú ni yo podemos mirar hacia atrás para encontrar

todo lo que no volverá a tener un principio.

Enormes manos llenas que no saben

qué hacer con lo que han atrapado.

Una lengua que busca un sabor en la carnosa luz del mediodía.

Voces que intentan romper las paredes del agua

hasta que todo cesa. Hasta que todo retrocede

como la figura del anciano que vuelve al niño

a través de su propia destrucción.

Y entiendo que no puedo encontrarte donde sé que no estás.

Y sé que no me hallo ni en el sur ni en el centro

sino en el terrible occidente de calles luminosas

donde ni el mar ni los jazmines existen

porque no son lo que recuerdo

y no puedo inventarlos otra vez.

Esta hermosa claridad no es mi luz. Estas piedras

no pueden ser mis hermosas piedras talladas. Este ruido

tan limpio carece de disparos y cohetes de fiesta.

Es todo. Solo quise decir que no puedo ni verte ni escucharte,

y ahora voy a callarme para dejarnos solos.

Es el turno de ustedes, los lectores: seguro que alguno ya conocía la obra de Jorge Galán, ¿qué nos puedes decir de ella? ¿Qué otros libros sobre la violencia en El Salvador nos recomiendas?

Este artículo fue publicado originalmente en el blog del autor, el periodista Winston Manrique Sabogal, que ofrece un espacio donde conversar con los lectores sobre literatura con profundidad y sosiego. Como nos explica en su presentación del blog, él será cronista de encuentros, eventos, reportajes y entrevistas a ambos lados del Atlántico. Y los lectores serán sus coautores, con sus lecturas y comentarios.

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Periodista literario y cultural itinerante entre Europa y América Latina que comparto experiencias lectoras y del mundo del libro en el blog winstonmanriquesabogal.com. Escribo en el diario EL PAÍS (España) y revistas latinoamericanas. Coordiné la sección de libros en Babelia y en la sección de Cultura de EL PAÍS, además de llevar su edición digital, y el blog Papeles perdidos, del mismo diario. En Colombia trabajé en los periódicos El Espectador, El Tiempo y Agrohuila, y en la Agencia Colombiana de Noticias Colprensa.