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El experimento de Milgram

21/10/2017 08:48 CEST | Actualizado 21/10/2017 08:53 CEST
Getty images

Stanley Milgram es conocido por el experimento que hizo sobre la obediencia a la autoridad en la universidad de Yale y que publicó en el año 1963.

El objetivo de este estudio era el de evaluar hasta dónde pueden llegar las personas cuando reciben órdenes en contra de sus valores.

En palabras del mismo Milgran "cuánto dolor inflingiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico".

Para ello buscaron voluntarios a los que les dijeron que el motivo del estudio era el de estudiar la memoria. De modo que teníamos:

El experimentador, lapersona que conducía el experimento y era designado por la Universidad.

El sujeto "maestro" la persona que se ofrece, respondiendo el anuncio, para colaborar con el experimento y que en realidad era el verdadero objeto de estudio.

El "alumno", lapersona cómplice del experimentador.

El experimentador le da instrucciones al maestro para que dé descargas al alumno, situado en otra habitación, cada vez que cometa un error en la tarea que le encomiendan. La primera descarga es de 15 voltios incrementándolos a lo largo de treinta niveles siendo el último de 450 voltios.

Al preguntar previamente a los psicólogos sobre cuáles serían los resultados de este estudio, éstos afirmaron que sólo entre el 1 y el 10% de los sujetos de estudio o "maestros" llegarían hasta el final, sin embargo, los resultados fueron muy distintos.

Todas las personas que participaron en el experimento llegaron a administrar 300 voltios, aunque las descargas que daban a los cómplices en realidad eran muy inferiores, como escuchaban gritos y súplicas pensaban que el sufrimiento y el riesgo eran reales.

Las personas, a pesar de ser empáticas, somos capaces de dañar cuando lo hacemos obedeciendo órdenes.

El 65% de los participantes pensaba que estaba aplicando una descarga de 450 voltios, lo que hubiera podido suponer la muerte del "alumno".

Aunque casi todos ellos se resistían a continuar, solía ser suficiente con que el experimentador afirmara que debían continuar, que era importante para el experimento o que no se podían echar atrás para que los maestros siguieran adelante.

Hoy en día sabemos que aproximadamente el 2% de las personas tiene conductas antisociales y carece de remordimientos.

Durante el experimento todos tuvieron conductas que suponían aplicar mucho dolor (o eso creían ellos) a los supuestos alumnos.

Y sólo el 35% se negaron a continuar con el experimento antes de llegar hasta el final.

Podemos concluir entonces que las personas, a pesar de ser empáticas (sentimos tristeza cuando otros sufren y alegría cuando lo pasan bien), somos capaces de dañar cuando lo hacemos obedeciendo órdenes, que solo unos pocos son capaces de rebelarse e imponer su criterio cuando quien da las órdenes actúa de manera irresponsable y que un pequeño porcentaje (carente de empatía y remordimientos) aprovechará la situación para dar salida a sus ganas de violencia.

Por lo tanto, cuando obedeciendo órdenes alguien daña, es importante no perder de vista que la responsabilidad es principalmente de quien lo ordena.

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