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La herencia

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Foto: Getty Images.

Cuando alguien muere, es posible que heredes algunas cosas.

En mi caso yo heredé una vieja BMW, un reloj, alguna cazadora y un nuevo estatus: dejé de ser el hijo de Savín, para ser sólo "Savín".

Pero además, recibí también una lección. Yo, hasta ese momento, me creía inmortal aunque no era consciente de ello. Antes de todo aquello pensaba que lo que tenía que hacer en esta vida era destacar en el trabajo para poder conseguir muchas cosas antes de envejecer.

Vivía a 200 por hora y con apenas 30 años ya había quemado un montón de etapas.

En lo personal, había pasado por la universidad, había además disfrutado del deporte y tenía algunas relaciones a mis espaldas. En lo profesional había trabajado en tres empresas y junto con otros dos socios creamos la que fue mi primera empresa, que apenas dos años después tenía cerca de 80 empleados y en uno más ya estaba lista para ser descuartizada.

En una ocasión un buen amigo me dijo "si continuas viviendo así de rápido, tendrás que morir a los 40, porque no te quedarán cosas por hacer".

Quizá pienses que alguien con prisa por vivir, no pueda creerse inmortal, '¿verdad?
Pues en mi caso ocurría justo lo contrario: estaba tan seguro de llegar a viejo que quería hacer las cosas rápido, ya tendría tiempo más adelante para disfrutar.

¡Qué pensamiento tan estúpido¡ ¿Y quién me dice a mí que llegaré a viejo?

Ahora lo sé muy bien. He aprendido que hay algo seguro: enfermas y mueres.

Está garantizado: nadie muere sano y nadie se queda aquí para siempre.

De modo que la única duda es: ¿cuándo vas a enfermar y durante cuánto tiempo? Una vez asumí esto, cambie mis prioridades, dejé de ordenar las tareas pendientes en función de su urgencia y empecé a hacerlo según su importancia.

Tener ingresos estables es urgente, pero trabajar en lo que te apasiona, es sin duda lo importante.

Ir a la consulta a primera hora suele ser urgente, pero llevar a mi hija a la escuela, sin prisas, y quedarme con ella unos minutos, eso es importante. Cenar deprisa para poder pasar a la siguiente urgencia, cuando lo importante es preparar una buena cena y compartirla con quien quieres.

No pretendo dar lecciones, porque esta no es una lección de las que se pueden dar, esta es una lección de las que se heredan.

Sólo viendo como una traidora enfermedad se lleva a quien quieres sin avisar, puedes aprender de verdad que no eres inmortal.

Y los mortales no podemos arriesgarnos a posponer lo importante, no sea que un accidente o una enfermedad nos deje una vida repleta de urgencias cumplidas y cosas importantes pendientes.

Si tú también has heredado y aprendido esta lección sabrás ya que lo urgente no puede nunca ir antes que lo importante. 

No hace mucho ese mismo amigo me dijo: "sabes, antes eras un imbécil".

Espero no olvidarme tampoco de esto, porque, sin duda, es también importante.