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Sánchez corre contra sus propios resultados, los peores de la historia del PSOE

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Foto:EFE.

"Aquel día, sin ninguna razón en particular, decidí salir a correr. Corrí hasta el final del camino, y cuando llegué, pensé que tal vez podía correr hasta el final del pueblo. Y cuando llegué, pensé que tal vez podía correr hasta el final del condado. Noté que si había llegado tan lejos, tal vez podía correr hasta... y continuar corriendo..."

Otro resultado histórico. Otro más. Pedro Sánchez añadió ayer dos nuevas muescas a su carrera como líder: los peores resultados de la historia en Galicia y Euskadi, que se suman a los del 20-D y el 26-J y que también fueron, uno detrás del otro, los peores resultados de la historia del PSOE en unas generales. Cierto, es una forma de hacer historia.

Pero ya antes hubo otras muescas, como la de las municipales del 2015, en las que el PSOE tuvo el peor resultado desde 1979. Otro encuentro más con su (peor) historia. O la de las elecciones catalanas, en las que acabó como cuarta fuerza a un solo escaño del PP, firmando otro resultado histórico... por malo.

Cataluña, Galicia y Euskadi son el paradigma del PSOE de Pedro Sánchez, tres comunidades históricas en las que el partido socialista gobernó hace casi nada, de forma hegemónica en el caso de Cataluña, y en las que ahora danza entre la tercera plaza, como en Galicia, y la cuarta, en el caso de Cataluña y Euskadi, igualado en ésta última con el PP.

Sí. Pedro Sánchez decidió un buen día salir a correr y ahí está aún hoy, corre que te corre, obviando todo lo anterior, esa sucesión de resultados históricamente malos que en realidad son el verdadero quebradero del PSOE. Ha optado por ignorarlos todos, aunque sean suyos, ocultándolos detrás de debates y discusiones internas que solo buscan evitar la cuestión de fondo: que con él al frente, éste PSOE es el peor de la historia.

La realidad es otra. Pedro Sánchez no es hoy presidente del Gobierno porque le faltan diputados para serlo. Porque tiene exactamente 25 escaños menos de los que tuvo Rubalcaba con aquellos 110 que también fueron en su momento el peor resultado de la historia del PSOE por mucho que ahora se le aparezcan a Sánchez como un sueño lejos de su alcance.

Pero entonces nadie se inventó ningún debate ni ninguna discusión interna, sino que hizo lo más obvio y honesto: asumir responsabilidades. Ahora, después de seis resultados incluso peores que los de aquél invierno de 2011, la sorprendente reacción del secretario general del PSOE es obviarlos todos y no asumir ninguna responsabilidad. Más bien al revés. En vez de abrir un debate sobre su liderazgo y sus resultados, decide que hay que debatir y discutir... sobre Rajoy.

Cuesta creer que Pedro Sánchez no entienda cual es el problema real y de fondo del PSOE. Que no son los llamados barones quienes lo acosan y le dan la espalda, sino los votantes... cientos, miles y hasta millones

Y así, después de cada mazazo electoral, el animoso Sánchez apuró aún más la alocada carrera hacia esa meta indeterminada que solo él conoce y a la que cree que llegará encadenando una derrota con la siguiente, como así está haciendo.

Hoy lo volvió a hacer, cuando tras los desastrosos resultados en Galicia y Euskadi decidió que lo menos importante es corregir el rumbo de su partido para volver a ganar elecciones y lo más es un congreso exprés que lo revalidé a él como líder.

Cuesta creer que Pedro Sánchez no entienda cual es el problema real y de fondo del PSOE. Que no son los llamados barones quienes lo acosan y le dan la espalda, sino los votantes... cientos, miles y hasta millones. Es sencillo: Los mismos barones que ganan elecciones no pueden ser los responsables de que él las pierda. Y ahí están los inapelables resultados de unos y otros como prueba irrefutable.

Cuesta tanto creer que no lo entienda que en realidad no hay quien se lo crea. Lo entiende, claro que lo entiende, pero parece darle igual con tal de mantener la carrera hacia ese gran destino al que cree que estar llamado y que confía encontrar a la vuelta de la siguiente esquina.

("Corrí derecho hasta el océano. Y cuando llegué, noté que ya había llegado lejos, y que tal vez debía dar la vuelta...").

Está por ver si Pedro Sánchez, cuando llegue el momento, se para par dar la vuelta, como hizo el entrañable protagonista de la mejor película de los 90, o continúa corre que te corre hacia al abismo al que está llevando a todo su partido.