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Diplomacia divina (o casi)

07/02/2018 07:27 CET | Actualizado 07/02/2018 07:28 CET
Getty Images

El diálogo entre China y la Santa Sede bien pudiera estar llegando a feliz término. Según diversas fuentes, el Vaticano ha hecho ya concesiones significativas a Beijing en lo referente al nombramiento de obispos, lo que supondría un gran avance para la normalización de las relaciones entre ambos.

En China, como es sabido, conviven dos iglesias católicas. La oficial congrega a unos siete millones de creyentes y es independiente del poder de Roma. Cuenta con el apoyo y reconocimiento del Partido Comunista que alienta el alineamiento con el discurso de las autoridades. Frente a una Iglesia Patriótica que aboga por la sinización de las creencias católicas, la conocida como iglesia clandestina congrega a un número indeterminado de seguidores, probablemente similar, y es objeto de persecución. Tal como acontece con otras confesiones, el PCCh no admite otra lealtad ni tampoco que poderes ajenos interfieran o socaven su voluntad de adoctrinamiento en lo ideológico. En consecuencia, niega la capacidad del Vaticano para nombrar de forma unilateral a las autoridades eclesiásticas en su propio territorio soberano.

El derecho a nombrar obispos, principal escollo de las consultas, parece salvado por la vía de la aceptación vaticana de los obispos de la iglesia oficial

Pero según ha trascendido de fuentes próximas al Instituto Pontificio de Misiones Extranjeras, la Santa Sede ha pedido a dos obispos chinos clandestinos y obedientes a su jerarquía (Peter Zhuang Jianjian, de la diócesis de Shantou y Joseph Guo Xijin, de la diócesis de Mindong) que se hagan a un lado y entreguen su diócesis a los obispos nombrados por la Asociación Patriótica Católica China, contando con el beneplácito de las autoridades. Paradójicamente, los obispos llamados a sustituirles han sido excomulgados por el Vaticano por haber aceptado la ordenación episcopal sin el mandato del Papa. Ni la Asociación Patriótica ni el Consejo de Obispos chinos son reconocidos por la Santa Sede. El derecho a nombrar obispos, principal escollo de las consultas, parece salvado por la vía de la aceptación vaticana de los obispos de la iglesia oficial. Está por ver las consecuencias que ello tendrá en las personas fieles a la Iglesia Católica Romana y que hasta ahora han resistido las presiones oficiales.

Ambas partes retomaron las negociaciones en 2014 y desde entonces han registrado altibajos notables. Los obispos ordenados por Roma son unos 40, que Bejing no reconoce, y 7 los obispos "ilegales" nombrados por China. De confirmarse el proceso, implicaría que no solo es discutible el derecho a nombrar obispos en China sino que el Vaticano respetaría el parecer de las autoridades chinas, una concesión que la Santa Sede no hizo a Vietnam cuando normalizó las relaciones en 2010.

El establecimiento de relaciones con el Vaticano supondría para China una victoria con lecturas internas. Los contenciosos con el islamismo o el budismo son bien conocidos con delicadas proyecciones tanto en Xinjiang como en Tibet donde los sentimientos religiosos blindan de forma impenetrable la identidad de las nacionalidades minoritarias. Todo cuanto contribuya a reducir ese frente facilita la consecución de la estabilidad, preocupación máxima del PCCh. También ayudaría a mejorar su imagen internacional y moderar algunas críticas relacionadas con el respeto a la libertad religiosa y que forman parte habitualmente del decálogo de condenas en los informes sobre la situación de los derechos humanos en el país.

El Vaticano es el único aliado de Taiwán en Europa, habiendo establecido relaciones diplomáticas en 1942 (con la República de China)

Para el Vaticano, sin superar la profunda crisis en que se encuentra en virtud de la secuencia de escándalos y corruptelas de diversa índole que menguan la comunidad de fieles en un contexto global de retroceso de la fe religiosa en el mundo desarrollado de Occidente, penetrar en el planeta chino -la quinta parte de la humanidad- podría abrirle unas posibilidades de gran alcance para su misión ecuménica. El Papa Francisco, desoyendo las seguras críticas, parece dispuesto a ser también pragmático en este orden para promover el catolicismo y proteger los derechos de los católicos en el continente chino. A diferencia de Benedicto XVI, que ordenó en secreto a los obispos que ahora deben ser apartados y mantenía una posición negociadora activa pero más distante, el Papa Francisco parece decidido a normalizar los vínculos.

El Vaticano es el único aliado de Taiwán en Europa, habiendo establecido relaciones diplomáticas en 1942 (con la República de China). La normalización con Beijing puede desencadenar una reacción significativa entre los aliados con grandes poblaciones católicas, especialmente en América Latina y Centroamérica.

De confirmarse este extremo, supondría un revés muy serio para Taipéi. La cancillería anunció dos visitas de Estado a aliados para la presidenta Tsai en 2018 pero sin concretar los destinos. En los últimos 20 meses, la presión en el frente diplomático aumentó exponencialmente. Panamá cambió de bando en junio último. En Taiwán, el gobierno afirma que "todo está bajo control".

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