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Dejen de hablar de la apariencia de las atletas, gracias

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Se veía venir, estaba claro, era de cajón: nuestro pasado de musas, vedettes, acompañantes de mago, cabareteras y show girls nos está pasando factura. Acostumbradas a ser valoradas únicamente por nuestro cuerpo, no es de extrañar que en los Juegos Olímpicos las mujeres estén siendo juzgadas por su apariencia. Es algo que hacemos constantemente, todas y todos.

Lo hacemos con las políticas, con las reinas, las jequesas, las profesoras, las famosas, las vecinas y las que pasean por la orilla de la playa. Allá donde estemos, siempre habrá alguien dispuesto a analizar nuestro físico y lo que llevamos, o no llevamos, puesto.

Superémoslo de una vez, las mujeres tenemos una dimensión profesional. Ya no sólo somos inspiración o distracción (qué bien le venía al mago tener a una atractiva señorita al lado). Los conceptos de homo habilis y homo faber también incluyen al género femenino. Es normal que, con tanto "ay, qué ajustada va", "uy, qué pelos lleva", "uf, menudas ojeras", aún no nos hayamos dado cuenta, pero es hora de sacarlo a relucir, reclamarlo y subrayarlo.

En estos días, los medios están haciendo gala de toda clase de titulares machistas, sexistas y rancios para referirse a las atletas: "Las muñecas suecas", "La lista de las atletas olímpicamente atractivas", "El trío rechoncho", "Una portera sin complejos", "Bikinis contra hiyabs en el vóley-playa", "Winifer Fernández calienta los Juegos Olímpicos", que a su vez generan millones de comentarios acerca de lo mismo, su aspecto.

Allá donde estemos, siempre habrá alguien dispuesto a analizar nuestro físico y lo que llevamos, o no llevamos, puesto.

No es que haya nada de malo en hacer un comentario del cuerpo de alguien ni que los debates sobre la presión social en la vestimenta no sean necesarios, es que lo único que consigue esta situación es reforzar aún más la idea de que las mujeres somos un cuerpo pasivo que está ahí para el deleite o mofa del personal, de que las mujeres no tenemos vida más allá de la Vogue o de la Cuore ,y que sobre nosotras no se puede escribir otra cosa que no sea un "HOT" o un "AARG".

Insistir una y otra vez sobre los centímetros de tela que lucen o sobre los kilos que pesan desmerece y oculta el verdadero motivo por el que esas deportistas están allí: participar en una competición profesional desarrollando una actividad, que es lo que se debería valorar. Apreciar a las mujeres más allá de su cuerpo requiere un poco de esfuerzo (mucho menos que el que ellas han demostrado para estar ahí) y la necesidad de mirar el bigger picture cuando hacemos un comentario, en lugar de considerarlo de manera aislada. Ser conscientes de la cantidad de veces que las mujeres son atacadas y valoradas sólo por su aspecto físico e intentar, con nuestro gesto, equilibrar la balanza.

Insistir una y otra vez sobre los centímetros de tela que lucen o sobre los kilos que pesan desmerece y oculta el verdadero motivo por el que esas deportistas están allí.


Como en el deporte, esto es cuestión de entrenar, y nos falta mucha práctica. Cuando alguien haga referencia al aspecto de una atleta, podemos usar la técnica del desplazamiento, esto es, derivar el tema hacia su ejercicio: "Fíjate en su revés, no está nada mal" o "tiene un estilo en mariposa impecable". También se puede hacer un despeje al campo contrario contestando con algo que no tenga absolutamente nada que ver, como "pues el color de las gradas no combina con nada"; esto dejará al contrario noqueado y pensativo por un rato.

Los que prefieran cortar por lo sano, el placaje o bloqueo es lo más rápido, decir que no es momento para comentar eso y abandonar el lugar con doble pirueta y carpado. La rutina también es necesaria, si practicamos durante todo el año modificando el tipo de observaciones que hacemos sobre nuestras compañeras, seremos capaces de cambiar el chip de forma fluida y gradual para que, cuando llegue el momento de redactar un tuit o un titular, no hagamos el mismo ridículo que intentando hacer un triple tirabuzón con doble mortal.