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'Interviú', 40 años de lo mismo

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Esta semana se celebra el 40 aniversario de una de las revistas más populares en España, conocida por sus portadas de mujeres desnudas, y yo me pregunto por qué en lugar de celebrarlo con un 2x1 en tetas, artículos y entrevistas condescendientes en todos los medios no hay ninguna voz crítica que cuestione lo que esta revista representa hoy en día y si tiene sentido que continúe en el mercado.

Paradojas de la vida, hemos creado un Real Decreto para regular la exposición de material pornográfico en los kioscos y proteger a la juventud y la infancia, pero no pasa nada por exhibir cada día cientos de tías en pelotas para excitar al personal al lado de los pinta y colorea para niños. "Esta no, cariño, que no es en la que vienen los conjuntitos recortables para vestirla". El hecho de que llevemos cuarenta años viéndolas no significa que tengan que seguir ahí ni que se hayan ganado un puesto vitalicio en las estanterías.

Ha sido todo un detalle por parte del grupo editorial acompañar este número con la primera edición. Así con un vistazo rápido podemos comprobar que siguen anclados en el pasado y no han evolucionado nada. En portada, la misma fórmula: mujer sola y atractiva que posa quietecita (sin ropa), y en el interior, noticias e historias de hombres poderosos y malvados que se relacionan entre ellos y se estrechan las manos (vestidos). Resumiendo, celebramos la friolera de cuarenta años representando a las mujeres de una forma y a los hombres de otra. A ellas por su aspecto, a ellos, por sus actos. Ellas son entretenimiento y ellos los ejecutores de la noticia. Según palabras del propio director, "Interviú intenta que las noticias lleguen contadas por los hombres que las han provocado, es una mezcla de buenas historias con un envoltorio lo suficientemente atractivo para despertar el deseo de comprarla". No hace falta traductor para entender cuál es la función de cada uno aquí.

La libertad, ese concepto que todos defendemos, también es un derecho de los lectores, el de acceder a una información diversa y objetiva, a una representación libre de estereotipos y de posturas sexistas.

Que es una revista para hombres nos ha quedado bastante claro. En el kiosco puede encontrarse al lado de los diarios deportivos y de economía. Debe ser que a las mujeres no nos interesan nada esos temas, como tampoco el erotismo, ya que en 480 portadas sólo hay tres protagonizadas por cuerpos masculinos y una por una pareja.

En la carta del director, el señor Alberto Pozas (me gustaría saber si él también llama señoras a las mujeres que aparecen en su portada) menciona varias veces el tema de la libertad de expresión como una de las mayores victorias de la revista. Como argumento hace cuarenta años pase, pero en pleno siglo XXI, usar lo de la libertad de expresión como coartada... ya no cuela. El derecho a la libertad de expresión está más que asumido, se da por sentado, pero aquí y ahora el debate es otro: es el uso que se hace de esa libertad y lo que genera. Nadie habla de quitar libertades, sino de hacerse cargo de ellas.

Una de las consecuencias directas de esta revista es perpetuar la idea de que la mujer es sólo un cuerpo y de que su mayor logro (y por el que es digna de salir en una portada) no es el profesional, intelectual o humano, sino su aspecto físico. Ese es el mensaje que nos llega a las mujeres, a los hombres, a las niñas y a los niños. Los titulares que acompañan resaltando sus atributos corporales y los cientos de miles de comentarios que se generan sobre ello tampoco ayudan a que seamos valoradas por otros méritos.

La libertad, ese concepto que todos defendemos, también es un derecho de los lectores, el de acceder a una información diversa y objetiva, a una representación libre de estereotipos y de posturas sexistas. Representar a las mujeres sólo por una parte (su cuerpo) es una información incompleta, que las devalúa, las deprecia y las convierte en mercancía. Representar a los hombres sólo como seres ambiciosos, sin escrúpulos, capaces de urdir las tramas más indecentes para amasar fortunas y mujeres también es parcial y alienante.

Me llama especialmente la atención la vocación de denuncia que según su director mantiene la revista: "Seguimos intentando que no haya denuncia que no quede reflejada en nuestras páginas". Parece ser que en cuarenta años han olvidado una muy importante: la desigualdad de género. Le invito señor Pozas a abordar con urgencia este conflicto y sobre todo a tener en cuenta lo que su revista puede hacer al respecto. Menos cuñadismo y algo más de consciencia de género haría que a sus páginas le chirriaran menos las bisagras.