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Las costillas de Oysho

10/09/2017 10:32 CEST | Actualizado 10/09/2017 10:32 CEST

AOL

Regresas del verano sonriente y renovada. Las vacaciones te han sentado fenomenal. Paseas por la calle y vas como flotando: tu coleta se menea más, el aire huele mejor y hasta hay mucha más luz. Estás preparada para empezar una nueva etapa: te centrarás sólo en cosas positivas, te rodearás de personas entusiastas y harás que tu vida ¡ahora sí que sí! sea un remanso de paz. Es el plan perfecto, el sueño ideal, pero todo se desmorona cuando pasas por delante del escaparate de Oysho y... ¡ZAS! bofetón de realidad. ¿Qué eran esas sombras bajo el sujetador? Retrocedes unos pasos y en efecto, ahí están: las costillas, la pelvis y las clavículas bien marcadas y sobresaliendo del maniquí. ¡Adiós vida idílica en el mar! ¡Hola cabreo monumental!

Así son los nuevos maniquíes del grupo Inditex: literalmente esqueléticos. No es que sean delgados, es que están en los huesos. Fue tal mi disgusto al ver estas figuras en el escaparate que entré para comprobar si se trataba sólo de un efecto visual o de una alucinación del estrés post-vacacional. Ninguna de las dos. En el interior de la tienda encontré los mismos bustos escuálidos sin cabeza dispuestos en fila india. Dependiendo de la iluminación, a algunos se les notaban más las costillas que a otros, así que decidí palpar. Allí estaba yo de pie, sorbiendo mi granizado con extra de sirope y nata y metiendo los dedos entre las costillas de un maniquí. Mi tacto no me engañaba, se notaba perfectamente el relieve de los huesos. "¿Disculpe le puedo ayudar?" me pregunta una dependienta. "Sí, mire, es que se me ha quedado el meñique atascado entre las costillas flotantes de su maniquí". "Lo siento, pero sólo tenemos las tallas que están expuestas". Es precisamente esa mezcla entre percha y cuerpo real lo que da más repelús. Yo me pregunto: si lo que querían era darle mayor realismo ¿por qué no les han añadido vello, estrías o celulitis en lugar de llevárselos hacia la extrema delgadez?

Cuando nuestros ojos ya se habían acostumbrado a la ausencia de formas, ahora se han propuesto poner otras vez de moda las curvas, pero hacia dentro. Este maniquí lo cumple todo: el thigh gap, el ribs cage, el collarbone, el bikini bridge... De tanto encoger el cuerpo de las mujeres acabaremos por implosionar. Tener carne es feo, no está de moda, caca. ¿En los pechos tampoco, señor Amancio? Entonces no le hace falta disponer de variedad de tallas, con la infantil es suficiente.

Integrar es representar la variedad de cuerpos sin ponerle el título de "especial". Delgadas y con curvas. Mayores y jóvenes. Africanas, caucásicas y asiáticas. Con pecas, con celulitis y sin ella. Con pelos y depiladas. Juntas, no separadas.

Recorro todos los rincones de la tienda para ver si detrás de algún montón de prendas encuentro algún maniquí de otra talla. Es perfectamente lógico que se vendan conjuntos de lencería fina para mujeres delgadas, pero ¿dónde estamos las demás? Ni rastro. Según Oysho, y muchas otras marcas, las mujeres estamos condenadas a tener siempre cuerpos preadolescentes, eso sí, con el slogan "Mujeres al poder" o "Todos deberíamos ser feministas" porque su nueva colección deportiva está llenita de estampados que nos animan a salir corriendo y comernos el mundo ¿Pero cómo, si no tenemos energía? La semana pasada Zara, otra marca del mismo grupo, nos vendió la moto con una editorial de "mujeres mayores". Para próximos intentos superficiales de lavados de imagen: eso no es integrar sino reforzar aún más la idea de que se trata de algo anormal. Integrar es representar la variedad de cuerpos sin ponerle el título de "especial". Delgadas y con curvas. Mayores y jóvenes. Africanas, caucásicas y asiáticas. Con pecas, con celulitis y sin ella. Con pelos y depiladas. Juntas, no separadas.

No me gustan los maniquíes de Oysho, me hacen sentir mal. Y siendo fiel a mi nuevo plan de vida, y deshacerme de todo aquello que no me transmita alegría y positividad, esta tienda se queda absolutamente fuera de las marcas a las que quiero apoyar. ¡Sayonara, Oysho! ¡Hola felicidad!