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Me gustan las mujeres

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He de hacer una confesión: últimamente los flechazos los tengo con mujeres. Antes me fijaba en los hombres atractivos, ahora en las mujeres interesantes. En el metro, paseando o en reuniones de trabajo, las descubro y siento una mezcla de admiración, curiosidad y empatía instantánea. A algunas les pediría el teléfono, a otras les preguntaría directamente ¿quieres ser mi amiga? No sé si es la primavera o estar casi en los 40, el caso es que se me ha despertado un radar para detectar mujeres fascinantes en todos los rincones.

Me interesan todas: mayores, adolescentes, de otro país y de otras razas. Me cautiva la señora de 70 años con el pelo rosa que lee a Franzen en el tren, o la que sale en pantuflas a sacar al perro, ¡yo quiero ser como ellas! Adoro a las que son capaces de reírse de todo y con todas, incluso de ellas mismas. Me inspiran las comprometidas y aquellas que son capaces de coger un bus desde otra ciudad para participar, sin conocerme, en alguno de mis proyectos (¡gracias!) Amo a las que viajan solas, viven solas y comen solas en los restaurantes. Venero a las que no se arrancan las canas ni sonríen en las fotos. Soy fan de muchas por sus estados de Facebook: "Me ha costado años estar en mi cabeza, como para dejarte sitio a ti", "Las ondas gravitacionales las llevo emitiendo yo toda la vida". También de las famosas que aparecen en los medios: Carmen Alborch, Isabel Coixet, Amy Schumer... Pagaría por una conversación de quince minutos con todas ellas "¿Disculpa, tienes tiempo para un café? Es que me gustas". ¡Que se inventen ya los Speed Dating para mujeres!

Creo que existe un bagaje común que nos une a todas, un idioma universal e instintivo que hace que nos entendamos sin necesidad de traductor. Todas tienen algo de madre, amiga, adivina, terapeuta, niña, jefa, guerrera, sabia y creativa.

Admiro profundamente a las que son madres y muchísimo más a las que sacan adelante solas a sus hijos. Ni te cuento a las que han sufrido algún tipo de violencia y hoy miran al frente y al futuro con actitud firme y positiva. Ellas sí que son auténticas heroínas. Conocerlas es siempre una fuente de energía.

Adoro las reuniones entre amigas que son más relajantes que los masajes a cuatro manos con piedras volcánicas. Deberían estar financiadas por la Seguridad Social porque está comprobado que alargan la vida. Estar juntas es como desabrocharse el botón del pantalón, no hay que meter tripa, todo es natural. Sacamos los tupper y lo compartimos todo: miedos, deseos, proyectos, fracasos y éxitos. Admiro especialmente a esas mujeres capaces de decirte todo lo bueno que ven en ti, que no se comportan como rival, que no te juzgan. No hay otro plan mejor que pasar tiempo con ellas.

Me veo retratada en todas y cada una, hablar con ellas es como hablar conmigo misma.
Me hacen libre, me expanden y me llenan de posibilidades. Sus diferentes perspectivas amplían mi capacidad de miras. Con algunas intercambio una cena o una copa y no las vuelvo a ver, pero en ese rato conversamos como si lleváramos juntas toda la vida. Creo que existe un bagaje común que nos une a todas, un idioma universal e instintivo que hace que nos entendamos sin necesidad de traductor. Todas tienen algo de madre, amiga, adivina, terapeuta, niña, jefa, guerrera, sabia y creativa.

El mundo está lleno de mujeres maravillosas. Sois, estáis, llenáis el mundo y lo hacéis un lugar mejor. Me fascináis.