POLÍTICA
13/07/2012 17:15 CEST | Actualizado 14/07/2012 12:27 CEST

Las broncas en el Congreso de los Diputados, vistas por los periodistas parlamentarios

Las palabras de la diputada del PP Andrea Fabra gritando "¡que se jodan!" en el pleno del debate celebrado en el Congreso cuando Mariano Rajoy anunció los recortes a los parados, han reflejado la actitud de muchos parlamentarios en la Cámara.

¿Es este comportamiento común entre sus señorías? ¿Se han grito o dicho cosas peores desde los escaños? ¿Hay algo de teatro en todo esto? Varios periodistas parlamentarios consultados por El Huffington Post han respondido a estas preguntas.

"Es habitual", reconoce Fernando Garea, del diario El País. "Lo llamativo del otro día es que iban jaleando los recortes. En mayo de 2010 [cuando Zapatero anunció sus recortes] hubo aplausos de apoyo al presidente al final de su discurso, pero no entre medias", explica el periodista, quien recuerda varias anécdotas. "En el PP estaba el 'tendido siete', que montaba bulla para distraer cuando Josep Borrell era portavoz del PSOE. Le pillaron el punto, sabían que se le iba el hilo y le distraían. Era una estrategia".

Ante este tipo de actitudes, desde la presidencia del Congreso se trataba de relajar el ambiente. "José Bono y su vicepresidenta, Teresa Cunillera, enviaban SMS a los diputados. Cunillera tenía una batalla abierta con los diputados socialistas de las últimas filas", rememora.

De esos asientos, los que más a la sombra están, suelen proceder la mayor parte de los gritos que se escuchan en el hemiciclo, lo que hace difícil identificar a quienes los profieren. Así lo asegura Pilar Portero, de Tudosis.es, quien coincide con Garea en calificar este tipo de comportamiento de estrategia. "Se hace un poco para desconcentrar al que está en la tribuna. El otro día, con Rajoy, hubo bastante bronca desde las filas socialistas. Yo siempre lo veo como un colegio, cuando sale el profesor o alguien dice algo y se parten de risa".

"Siempre ha habido dos o tres personajes a los que los presidentes del Congreso de turno han amonestado por interrumpir, a veces con insultos, las intervenciones", añade Ernesto Estévez, periodista de la Cadena SER. "En la primera legislatura de Zapatero era bastante generalizado, había un grupo de diputados del PP que se caracterizaron por interrumpir en muchas ocasiones al orador para distraer la atención".

Estévez recuerda a Martínez Pujalte, "quien tiene el dudoso honor de ser el único diputado que ha sido expulsado del Congreso". También a otros famosos 'alborotadores' como Luis Ramallo (en la foto de abajo), Celia Villalobos, Isidoro Hernández-Sito, José Madero y Juan Morano, del lado del PP; y a Isabel López Chamosa y Álvaro Cuesta, del lado del PSOE. A esta lista, Garea añadiría al también socialista Francisco Marugán.

"En el diario de sesiones hay bastantes brutalidades", reconoce Miguel Ángel Aguilar, periodista y secretario general de la Asociación de Periodistas Europeos (APE). "Algunos piden que no conste, eso es una cosa muy establecida", agrega Aguilar, quien recuerda que el lema del Congreso es "luz y taquígrafos".

Pese al grueso de ciertos improperios, considera que "las cosas fuera del Congreso cobran un valor diferente" al que tienen dentro porque "muchas de esas cosas forman parte del espectáculo". "Es puro teatro", añade Portero. "Siempre se llevan peor entre los del propio partido que con los de otros".

También lo ve así Garea, quien recuerda la relación entre dos veteranos diputados de la Cámara: Vicente Martínez Pujalte, del PP, y Francisco Marugán, del PSOE. "Son dos de los que más bronca meten, pero luego son amigos personales y se hacen favores", desvela.

Portero, sin embargo, cree que los diputados se han moderado conforme la situación económica se agravaba. "Con el 15M, todos tienen la sensación de que peligra su estatus como políticos y procuran guardar más las formas. El otro día era una sesión con el ambiente condicionado".

"No creo que se haya moderado", discrepa Estévez. "Ahora hay menos bronca porque los diputados socialistas están más alicaídos, no están envalentonados". El periodista de la SER cree que la diferencia radica "en las redes sociales". "En otras ocasiones, de los insultos, los comentarios y las salidas de tono de los diputados, que aprovechaban el anonimato de la bancada para hacer filibusterismo parlamentario, sólo nos enterábamos los periodistas que estábamos allí. Lo de Fabra no habría tenido el mismo recorrido sin el efecto multiplicador de las redes sociales", explica. Por esa razón, considera que sus señorías "van a tener más cuidado". "Van a aprender que su insulto y su grito ya no queda impune".

Por el momento Andrea Fabra ni ha renunciado a su escaño ni ha pedido perdón.