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21/12/2012 10:33 CET | Actualizado 21/12/2012 10:34 CET

La lotería en España: ¿derrochamos el premio o sabemos invertir?

EFE

Toda la vida jugando a la lotería, 10, 20, 50 años. El día 22, con los décimos en los bolsillos, lo que más hay es ilusión. Hasta que ocurre: a alguien le tenía que tocar, y ha sido precisamente a uno mismo. Tras bañarnos en una ducha de champán o cava, a elegir, ¿ahora qué? ¿Qué hacemos los españoles cuando resultamos agraciados (expresión que solo se usa el 22 de diciembre de cada año) con una participación de 5 euros que nos da 100.000, o con un par de décimos que nos regalan 800.000 euros? ¿Sabemos invertirlo o tendemos a derrocharlo?

"Las excepciones, los que derrochan y se arruinan, los que tiran la casa por la ventana, son los que salen en los medios, como también sólo salen a quiénes les toca la lotería ese día. Pero el resto de gente, que invierte, tapa agujeros, que no deja de trabajar y no cambia, es la mayoría y no sale en los medios", reflexiona Silvia Sánchez-Herrero, profesora titular de Psicología del Consumo en la Universidad Complutense de Madrid. "Todas las semanas surgen millonarios gracias a diversos premios y apenas se dice nada de ellos", explica. No les vemos ahorrar o invertir (actividad discreta donde las haya) pero tampoco les vemos derrochar a espuertas ni tirar dinero desde un helicóptero, al menos hasta el momento.

En Grañén (Huesca) el dinero se va más bien por aspersión. La de los sistemas que han instalado los agricultores de esta pequeña localidad en muchas de sus fincas para modernizarlas. Hace justo un año, el 22 de diciembre de 2011, los niños de San Ildefonso inundaban el pueblo, perteneciente a la comarca de Los Monegros y con apenas 2.000 habitantes, con una lluvia de millones. "Sí, sí que se notó, fueron bastantes millones", relata doce meses después de aquel milagro el director de la sucursal de Ibercaja de la comarca, Mariano Andrés. "Es cierto que no se han montado empresas nuevas, pero la gente lo ha invertido. En tierras, pisos, modernización de los regadíos…" Ha habido poco derroche.

"Aquí la crisis pega muy duro, ¿sabe?", cuenta Andrés, que también reconoce que a algunos vecinos les ha costado un poco más tirar de lo que ganaron. "La gente al principio no quería mover el dinero. Hicimos ofertas, al principio de productos especiales: depósitos al 7% mensual o que daban un 5% a tres meses. Muchos depositaron el décimo aquí y hasta marzo o abril no lo han movido apenas. La gente guardaba".

LO IMPORTANTE: SABER INVERTIR

Guardar e invertir son también las apuestas de la Asociación Europea de Asesores Financieros (EFPA, por sus siglas en inglés), que ha publicado un catálogo de seis puntos sobre cómo gestionar el (posible) dinero que nos tocaría en este Gordo de la lotería, el último sin impuestos antes de que entre en vigor el nuevo gravamen que afecta a premios de más de 2.500 euros. "Ahora mismo lo que merece la pena es diversificar, no poner todos los huevos en la misma cesta", explica Andrea Carreras-Candi, directora de EFPA España.

"Nosotros siempre recomendamos poner el dinero a largo plazo, pero la inversión será en función de la necesidad de la persona: si hay que pagar posibles deudas puede ser bueno invertir después en renta variable, por ejemplo", relata. ¿Y qué hacemos si hay una hipoteca de por medio? "Recomendamos amortizar parte de la hipoteca, hasta el límite máximo", explica, aunque lo mejor es dejarse asesorar porque quizá es mejor invertir al menos una parte del dinero y no amortizar corriendo. "Lo importante es que la gente se fíe de un asesor cualificado, es la persona que mejor consejos dará porque está al día de productos y se adapta a las necesidades de cada uno".

Sin embargo, jugar al Gordo de la Lotería es algo que va más allá de pensar y calcular. Es algo histórico, tradicional y lleno de supersticiones. Por eso, por ejemplo, en Grañén este año la venta de décimos se ha multiplicado por tres. ¿Posibilidades de que se repita un gran premio en la localidad? Infinitesimales. ¿Ilusiones? Todas.

"Sí que se ha notado, este año ha habido más visitantes que han querido comprar aquí", explica María Pilar Azagra, la lotera de Grañén, que no da cifras exactas. "Hemos vendido muchísimo más, sí. A mi no me tocó, pero hay cifras que no se olvidan: el 58.268". Y la gente, ¿qué ha hecho con ese dinero? ¿Se atreven a decir cuánto les tocó? "Hay de todo: personas que llevan cinco décimos y no les importa y lo cuentan y otras que nada. Lo que yo puedo decir es que han hecho muchas cosas, han arreglado casas, cubierto deudas… pero la crisis se ha notado y hay dinero para guardar".

EL GORDO, POR TRADICIÓN

¿Gastar o guardar? ¿Qué se hace a lo largo de los años? En Vélez Rubio, Almería, el Gordó llegó un 22 de diciembre de 2002, hace ahora una década. Entonces era alcalde de la localidad Miguel Martínez-Carlón, que, tras unos años fuera de la alcaldía, ha vuelto a gobernar la localidad. Además de primer edil, entonces fue uno de los agraciados. "Me tocó un décimo, y al principio, claro, no te lo crees", recuerda ahora por teléfono. "Fue el primer sorteo en euros, pero seguíamos pensando en pesetas: tocaron unos 32.000 millones [casi 200 millones de euros]. Y claro, hubo caprichos, alguna tontuna: coches, comidas… Pero se utilizó sobre todo en arreglar casas, mejorar la maquinaria en el caso de los agricultores y pagar pequeñas deudas. Nadie dejó de trabajar, y había mucha gente que llevaba participaciones, pero también tres, cinco, incluso diez décimos".

Ana Martínez, profesora de Sociología de la Universidad Rey Juan Carlos, tiene una interesante teoría al respecto: la de los llamados potlachs. "En todas las sociedades hay rituales de compensación para evitar que la diferencia entre los ricos y los pobres sea cada vez mayor: eso son los potlachs, rituales que vienen de los tótems de la Columbia Británica y que se siguen perpetuando: en las Fallas, que supone purificación, la quema del invierno y la bienvenida a la primavera, o en la Lotería. Es una teoría que sustenta que el derroche festivo sirve, en parte, para igualar, para que los ricos pongan más, los pobres menos y haya una compensación".

Por ello, la profesora Martínez cree que la lotería es de todos, "nos toca a todos aunque no juguemos, porque repercute en el Estado y queremos que compense. Deseamos que caiga en sitios donde han sufrido terremotos, inundaciones… Donde se está pasando peor".

Pero, a los que de verdad les toca, no les cambia demasiado la vida en la mayor parte de los casos: "Para lo que pagamos por la lotería, el premio no es tan grande. El interés que se genera es más por tradición, por esperanza, por la carga social. La mayoría de la gente no deja de trabajar, ni hace grandes locuras, entre otras cosas porque su entorno, su contexto, no ha cambiado, solo cambian ellos. Por ello a veces muchos tienen sentimientos de culpa, como en las tragedias, se preguntan por qué les ha pasado a ellos", enfatiza Sánchez-Herrero.

La mayoría buscan y aprenden a disfrutarlo y compartirlo. "Los clientes te traen un detalle, quizá una botella, una caja de bombones", rememora Mariano Andrés, "pero más bien piden que tú les des algo, ya que ellos han traído su dinero, claro". Hasta la presidenta de la Asociación de Financieros defiende: "Hay que invertir, claro, pero no es malo darse un capricho. La vida son dos días". Y uno de ellos te puede tocar la lotería.

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