'Directioners' en Madrid: el día de su vida

'Directioners' en Madrid: el día de su vida

Tres horas antes de que empiece el primero de los dos conciertos de One Direction en Madrid, los alrededores del Palacio de Vistalegre están abarrotados. Si uno cierra los ojos, tiene la sensación de protagonizar una película de terror: chillidos desgarrados ("¡Ahrrrrrrrrggggg!"), gritos desesperados ("¡¡Harryyyyyyyyyy!!"), carreras sin rumbo, como tratando de huir de un asesino en serie, y lágrimas. Muchas lágrimas.

Emma Martínez, de 14 años, llora desconsolada. Son las lágrimas que brotan de imaginar lo que vivirá esa noche: "Llevamos 200 días para el mejor día de nuestra vida", comenta con la voz quebrada por los nervios. Tanto ella como las cuatro amigas que la acompañan —Ámbar, de 13; Ruth, de 14; Cristina, de 13 y Marta, también de 13— tienen un temor y una aspiración: no desmayarse de la emoción durante el concierto y hacerse una foto con sus ídolos.

Patricia (15), Rosario (14), Camino (13) y Rocío (14) están situadas en frente al recinto. Portan una pancarta y gritan "¡One direction!" sin margen para el desaliento. Hubieran preferido que la entrevista fuera de una cadena de televisión para mostrar a los cinco continentes su cartel. Pero esto es un diario online y deben conformarse con una foto. Una imagen que, a buen seguro, guardarán el resto de sus vidas.

Todas, al unísono, aseguran que han escuchado los dos discos de estudio de One Direction "miles de veces". "En casa y en el coche", aclara Rocío. "Mis padres están hasta el gorro", reconoce. Compraron las entradas cuando salieron a la venta, el pasado noviembre, y desde entonces tienen marcado el 24 de mayo de 2013 como un antes y un después en sus vidas: "¡El día que veremos por fin a One Direction!", señala Camino. De inmediato, las cuatro, en un ejercicio perfecto de coordinación, se ponen a gritar y a dar pequeños saltos.

"Vamos a escuchar las voces angelicales de nuestros ídolos", se felicita Patricia.

Son unas directioners de pura cepa.

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"Cuando Ana empezó con los One, yo decía 'dios mío de mi vida y de mi corazón, lo que me ha caído encima'. Y luego pensando recdordaba de mis tiempos, cuando era como ella, y le daba el coñazo a mis padres con los Scorpions", explica Bea con una abrumadora lógica, una madre de 40 años que acompañará a su hija a la actuación. No se le hace pesado escuchar constantemente las canciones de los cinco británicos: "Te acostumbras y prácticamente llega un momento en el que ya ni oyes las canciones", razona. Ana, su hija, le mira y presenta una enmienda a la totalidad del discurso de Bea: "¡Pero si se las sabe todas!", ríe.

Hoy es el día más esperado para esta fan de 14 años. Pero hay otra fecha marcada en rojo en el calendario: el 30 de agosto, día en el que se estrenará la película de... One direction. Bea eleva la vista al cielo y suspira.

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Los alrededores están atestados, pero nada se sale de la normalidad. Uno de los muchos policías que custodian las calles adyacentes reconoce, de brazos cruzados, que es una tarde tranquila y sin incidentes. Ni siquiera un desmayo. La labor policial se limita a mantener un impecable orden en la cola de acceso al recinto. "Comparado con otro tipo de conciertos este es mucho más tranquilo", explica.

Pese a que hay miles de personas en las calles, los bares están vacíos. El local del Paraíso del Jamón, situado estratégicamente frente al recinto, tiene un cliente que supera los 60 años. Ni una directioner consumiendo. "Sólo vienen para pedir vasos de agua y entrar al baño", lamenta una de las camareras.

En la taberna El rincón del Caneo el panorama es igual de desolador. Tras la barra, Alberto se queja de que incluso el negocio es menor que otros días porque "hemos tenido que quitar la terraza, sólo había chicas sentadas en la mesa. Hemos perdido a nuestros clientes habituales". La única persona que está dentro, una vecina de la zona, asegura que hay fans acampadas desde el día 11 de mayo, dos semanas antes de la actuación. Nada que haya incrementado los ingresos del establecimiento: "Como mucho pedían botellas de agua porque era la única forma de que les dejásemos entrar al baño", explica Alberto.

José Carlos y Grisele, de 46 y 39 años, vienen desde Málaga. Van con su hija, Claudia, de 12, y su sobrina, Julia, dos años mayor. La noche les va a salir por un pico. José Carlos compró las entradas en reventa ("Por encima de los cien euros cada una", recuerda), mas el coste del viaje y la noche de hotel. Aun así, no se arrepiente. ¿Pero te apetece verlos? Ríe: "Si las niñas se dan la vuelta te respondo con sinceridad".

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Gema, de 32 años, compró las entradas el día anterior. Fue la gran sorpresa para su hija Alejandra, de 11. No chilla, ni grita. Su objetivo es claro: "Me quiero hacer una foto con ellos", sostiene. Su madre le replica: "Bájate de la nube, eso va a ser muy difícil".

Ya sabe lo que es cumplir con los deseos de su pequeña: el fin de semana pasado fueron juntas a la 1D World, la tienda de One Direction que, de forma temporal, se ha abierto en Madrid. "Estuvimos haciendo cola desde las nueva de la mañana hasta la una y media de la tarde", evoca. Se gastó 50 euros en unas camisetas y unas tazas.

"Todas las tardes escuchamos sus discos", presumen María Álvarez y Carmela, que llevan una pancarta y se muestran nerviosas: apenas queda una hora para que arranque la actuación. "Le damos mucho la tabarra a nuestra madre, aunque en realidad creemos que a ella también le gustan", comentan entre susurros.

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¿Y mañana, cuando el concierto ya sea historia, qué? "Depresión, trauma, psicólogo... Y esperar a que llegue la próxima gira", augura Ámbar.

Todos entran al Palacio de Vista Alegre. Los gritos dispersos de fuera se concentran ahora en el interior del recinto. Así seguirá, sin una mínima concesión al desmayo, dos horas más tarde. Son One Direction y, para ellas, más que una película de terror es una de amor hecha realidad.