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09/06/2014 12:54 CEST | Actualizado 09/06/2014 12:59 CEST

Una máquina supera el test de Turing haciéndose pasar por un niño de 13 años

Sus creadores lo llaman la criatura más rara del universo pero Eugene Goostman acaba de dar uno de esos pequeños grandes pasos para la humanidad y eso que no es humano. Se trata de un programa informático que simula ser un niño de 13 años. Lo hace tan bien que acaba de superar el llamado test de Turingy ha hecho pensar a varios expertos que era un ser humano como ellos.

El padre de la informática moderna y la inteligencia artificial, el británico Alan Turing, ideó en 1950 un sistema para determinar si las máquinas podían ser inteligentes. En su versión más actual, uno o varios observadores deben interrogar a un interlocutor por medio de un teclado y determinar si con quien están conversando es un humano o una máquina. El pasado sábado, coincidiendo con el 60 aniversario del suicidio de Turing tras ser condenado y encerrado por su homosexualidad (fue indultado simbólicamente en 2013), un programa informático consiguió superar su test.

En el Turing Test 2014 Prize, un evento que lleva años celebrándose, varios superordenadores intentaron engañar y hacerse pasar por humanos a varios expertos reunidos en la sede de la Royal Society de Londres. Sólo uno pudo superar la prueba y ese fue el programa (bot en la jerga informática) llamado por sus creadores Eugene Goostman.

La criatura, programada por un ruso y un ucraniano, se hacía pasar por un niño algo repelente, a tenor de su avatar, que vive en San Petersburgo. En una sucesión de conversaciones de entre cinco y 15 minutos, logró engañar al 33% de los observadores humanos. Por primera vez, una máquina superaba el 30% establecido como marca para responder afirmativamente a la pregunta que se hizo décadas atrás Turing: ¿Pueden las máquinas pensar?.

“Eugene nació en 2001. Nuestra idea principal era que él podía mantener que sabía de todo, pero su edad también hacía razonable que él no supiera tanto”, dice en una nota de prensa Vladimir Veselov, uno de sus creadores. “Pasamos mucho tiempo desarrollando un personaje con personalidad creíble. Este año hemos mejorado el controlador de diálogos, que hace la conversación mucho más parecida a la de los humanos en comparación con los programas que se limitan a responder preguntas. En el futuro, planeamos hacer más inteligente a Eugene y seguir trabajando en la mejora de lo que llamamos lógica de la conversación”, añadía.

Otros enfoques de la inteligencia artificial, como el adoptado por el superordenador Watson de IBM, se apoyan en la acumulación de ingentes cantidades de información que, gracias a tecnologías de lenguaje natural, puede hacerle ganar un concurso de preguntas y respuestas o asesorar al mejor cirujano. Lo suyo es el razonamiento y la lógica.

Pero ser humano es algo más que razonar. El error, el engaño o las emociones también nos hacen humanos. Y ahí es donde las máquinas fallan o, tras Eugene, fallaban. Aunque se trata sólo de un concurso, puede ser el principio de algo más.

"Por supuesto, la prueba tiene implicaciones para la sociedad actual”, mantiene el profesor Kevin Warwick, de la universidad británica de Reading, coorganizadora de la competición. “Tener una máquina que hacer creer a un ser humano de que alguien o algo es una persona en la que confiar es un toque de atención puede engañar a un ser humano con la idea de que alguien, o incluso algo, es una persona en la que podemos confiar nos pone en alerta ante el cibercrimen. El test de Turing es una herramienta vital contra esa amenaza”.

No es descabellado pensar que, en un tiempo en el que buena parte de la vida se desarrolla online, máquinas como Eugene puedan hacerse pasar por humanos. Por eso, como dice Warwick, “es importante entender mucho mejor como este tipo de comunicación online en tiempo real puede afectar a los humanos que sean engañados en la creencia de que algo es verdad... cunado en realidad no lo es”.

Si alguien quiere conversar con Eugene, lo puede hacer en la web de Inteligencia Artificial de la Universidad de Princeton (que en estos momentos está caída).