POLÍTICA
01/07/2014 21:49 CEST | Actualizado 01/07/2014 22:04 CEST

El estreno de Podemos (y otros diputados españoles) en la moqueta de la casta europea

ESTRASBURGO (ENVIADO ESPECIAL).- Los caminos de la Eurocámara son inescrutables. No por el devenir del europeísmo, sino porque los diputados se pierden muy a menudo en sus pasillos.

Pablo Iglesias parece ser la excepción que confirma la regla. Es la estrella absoluta. Se mueve rodeado de un grupo de jovencísimos asesores, atiende tres veces a la prensa en una mañana, entra en directo en una televisión para defenderse de los que le acusan de justificar a ETA y hasta debuta como orador en el hemiciclo en el primer día de la legislatura.

Podemos se ha estrenado en la moqueta de la casta. Pisando fuerte y con el pie izquierdo.

La casualidad ha hecho que Pablo Iglesias haya sido uno de los primeros eurodiputados en hablar en la nueva legislatura de la Eurocámara. Se presentaba por su grupo político, la Izquierda Unitaria, a una presidencia de la Eurocámara sobre la que ya había un acuerdo de los grandes grupos.

Martin Schulz ha sido reelegido con el apoyo de populares y socialdemócratas, pero antes ha tenido que escuchar a Iglesias. El diputado ha desplegado un encendido discurso en el que ha recordado la lucha contra el fascismo, la dignidad de los países del sur o las consecuencias de la troika en la vida de los ciudadanos.

"¡Hubo boda!", resumió al salir del hemiciclo Pablo Echenique, uno de los diputados de la formación, en referencia al pacto entre PP y socialistas europeos.

Aunque Iglesias llegó a Estrasburgo en avión, buena parte de su equipo lo hizo en coche y fuentes cercanas relatan días en los que los recién elegidos han tenido que compartir habitación o dormir en sofás en su nueva andadura.

EUROPA MIRA A PODEMOS CON INTERÉS, PERO POCO

El fenómeno Pablo Iglesias despierta expectación en Europa, pero mucha menos que en España. Su candidatura recibió tan solo 51 votos (su grupo político tiene 52 miembros) frente a los 409 de Schulz. El eurodiputado destacaba que en sus filas había cinco ausencias, por lo que probablemente el número de eurodiputados ajenos que consiguió convencer con su discurso se limitó a cuatro.

Los eurodiputados de Podemos son cinco en un hemiciclo de 751 en el que en total hay 54 españoles. En su grupo político europeo conviven con otros cinco diputados de la todavía muy discreta Izquierda Unida.

EL DERECHO A PERDERSE EN LOS PASILLOS

Por ese motivo, el resto de diputados españoles reclamaba su derecho a perderse en paz por los pasillos.

"Todavía no me oriento bien, pero sé que estoy en el quinto piso", dice no sin cierta duda, Josep Maria Terricabras, uno de los dos eurodiputados de ERC. La socialista Inmaculada Rodríguez Piñero, con una pierna lesionada tras una caída en plena campaña electoral, se desplaza alternando la muleta y la asistencia motorizada. En sus primeras horas en Estrasburgo, las amplias galerías le parecen más bien terminales de aeropuertos.

"En este edificio te encuentras muchas veces a las mismas personas y casi nunca a otras", comenta Esteban González Pons, número dos del PP, mientras pregunta a propios y extraños algún remedio efectivo contra un orzuelo. A su lado, Miguel Arias Cañete, cabeza de lista del PP y probable comisario europeo, luce una corbata con multitud de pequeñas banderas españolas. Quizás porque sabe que su paso será efímero por la Eurocámara, se muestra cortante ante la prensa. Como si tuviera prisa por ocupar su nuevo cargo.

Mientras Cañete se prepara para no deshacer la espartana maleta de la que hizo gala en la campaña electoral, Ramón Luis Valcárcel la deshacía a toda velocidad. En la primera votación de la tarde ha sido elegido uno de los vicepresidentes de la cámara.

EL PSOE CABE EN UN ASCENSOR

El grupo parlamentario del PSOE en la Eurocámara cabe casi en uno de los grandes ascensores de la cámara. Pasan de ser 21 a 14, eclipsados por la subida de la izquierda a su izquierda, pero con ganas de un "cambio de rumbo que permita a los ciudadanos vivir mejor, sobre todo a quienes peor lo están pasando", según su líder, Elena Valenciano, una vieja conocida de la Eurocámara.

Los socialistas aún tienen que resolver un gran dilema: ¿apoyarán a Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea? Los socialdemócratas europeos están a favor, pero los candidatos a liderar el PSOE (Pedro Sánchez, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias), están radicalmente en contra.

UPYD SE ESTRENA CON VICTORIA

UPyD pasa de uno a cuatro diputados y se afana, durante los últimos días en leer la "avalancha" de papeles que le suministra la Eurocámara, según Beatriz Becerra, a quien le sorprende la transparencia de la institución.

La formación, que presume de transparente, quiere publicarlo todo en su web para evitar escándalos como el de los fondos de pensiones en las Sicav luxemburguesas, que hizo dimitir a Willy Meyer aún antes de llegar a Estrasburgo.

UPyD se estrena con victoria. El grupo de los liberales (ALDE), en el que se integra, le ha concedido una vicepresidencia. Todo en medio de una monumental polémica tras imponerse al eurodiputado de Convergencia Democrática de Catalunya (CDC), Ramon Tremosa, que quería vetar su entrada y la de Ciutadadanos en la formación liberal.

EL DERECHO A DECIDIR DE CONVERGENCIA

La trifulca ha dejado al derecho a decidir vagando por los despachos europeos. Tremosa apuesta por dejar el grupo de los liberales, donde también está el PNV, y asegura poder integrarse en el de los tories británicos -en contra del referéndum de independencia escocés-, pero también en el de los Verdes o incluso socialdemócratas. La decisión la tomará su partido en las próximas semanas.

Para recuperar la iniciativa y casi al mismo tiempo que unos eurodiputados británicos brindaban con champagne en el bar reservado a sus señorías, Tremosa presentaba una carta junto a PNV y Unió democrática para resucitar una de las históricas luchas de las nacionalidades históricas. Las tres formaciones reclaman su derecho a expresarse en su idioma propio (catalán, gallego y vasco) en la Eurocámara.

Mientras, su gran aliado en Cataluña, ERC, iba haciendo camino en solitario. "Como competimos... soy Terricabras", se presenta ante un González Pons con el pie cambiado. La pelea, y las millones de peleas que se vivirán (muchas veces lejos de los focos), comienzan a fraguarse.

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