INTERNACIONAL
15/10/2014 11:04 CEST | Actualizado 15/10/2014 11:04 CEST

¿Recuerdas lo prometedor que fue Barack Obama? ¿Qué le ha pasado?

AP Photo/Charlie Neibergall
President Barack Obama walk son Pennsylvania Avenue near the White House in Washington, Tuesday, Jan. 20, 2009, during his inaugural parade.(AP Photo/Charlie Neibergall)

En los viajes que he hecho recientemente a Beijing, Auckland y Roma me han hecho la misma pregunta: "¿Qué le ha pasado a Barack Obama?"

En realidad, son varias preguntas en una: ¿Qué ha ocurrido con aquel tipo fresco e idealista? ¿Qué ha pasado con su poder y su popularidad en Estados Unidos? ¿Por qué no domina el escenario político como un día lo hizo? ¿Por qué no es tan eficaz como debería serlo?

Estas son algunas respuestas a esas dudas:

Oriente Próximo: La región con la que se lució al principio, cuyos desafíos afrontaba con aparente sabiduría, le hace quedar ahora como alguien que no se entera de nada. Ganó las elecciones poniendo fin a una guerra de nueve años en Irak pero, en ausencia de Osama Bin Laden, el Estado Islámico ha tomado el relevo y aterroriza la región. El presidente que ganó el Premio Nobel de la Paz por sus objetivos idealistas ahora deja caer bombas sobre territorio sirio y se resiste a desplegar tropas sobre el terreno.

Las palabras importan: Para ser licenciado en Derecho, Obama debería manejar mejor la ambigüedad. Sin embargo, hace declaraciones tan radicales que dañan su credibilidad. Aseguró a los estadounidenses que su Obamacare permitiría a todos "conservar a su doctor de toda la vida". No ha sido así. Declaró que, si el presidente sirio Bachar Al-Assad cruzaba una "línea roja" y usaba armas químicas, Estados Unidos respondería con severidad. Assad lo hizo y EEUU no. Obama dijo que era "muy poco probable" que el ébola llegara a Estados Unidos; dos semanas después, un hombre moría en Dallas a causa del virus.

Expectativas por las nubes: Obama entró en escena con la frescura de Kennedy, optimismo juvenil, una licenciatura de la Ivy league (que engloba a las universidades más prestigiosas del país) y como prueba evidente de que Estados Unidos podía superar su "pecado original". Su vida era, en sí misma, un triunfo multirracial e internacionalista. Por su propia naturaleza, pondría fin a las guerras, firmaría la paz con el Islam, ayudaría a los oprimidos y salvaría la economía estadounidense y mundial. Todas esas expectativas que él se encargó de avivar eran imposibles de cumplir. No las ha cumplido. Nadie puede.

Internet: El ascenso de Obama fue meteórico incluso para los patrones estadounidenses. En parte, por razones digitales. Se ha convertido en la primera "marca personal" viral de la Casa Blanca. Pero la política es más voluble y fragmentada en la época de Facebook, Twitter e Instagram. Obama consiguió abrir nuevos caminos y salirse de la "centralización" de los medios de comunicación, pero ahora le resulta más difícil llamar la atención en medio de la cacofonía digital. Internet se ha pasado a otras marcas y tendencias.

La economía: El legado de Obama en este aspecto es más sólido de lo que sus críticos, e incluso algunos amigos, sostienen. Apoyó tranquilamente y desde el principio los "rescates financieros", que ayudaron a prevenir una catástrofe. Los planes que ha puesto en marcha para estimular la economía han funcionado en algunos aspectos. Su equipo ha mantenido la economía estadounidense mejor posicionada para competir y cooperar con China que la de muchos otros países. El Obamacare, aunque sus inicios hayan sido caóticos, ha ayudado a millones de personas y ha establecido una regulación muy necesaria en torno a los seguros médicos.

¿Por qué, si su reelección en 2012 fue por estos datos económicos, no ha conservado el apoyo popular?

Porque los ricos son cada vez más ricos y la clase media se ha estancado. La productividad crece pero los salarios no. El mensaje tácito de Obama es: "Sin mí hubiera sido peor". Probablemente, pero como lema no inspira nada.

Washington: Obama prometió terminar con la disfuncionalidad del Gobierno. No lo hizo. Una de las razones es estructural: aunque el presidente de Estados Unidos sea carismático, no es un primer ministro ni un rey. Los fundadores de EEUU establecieron una separación de poderes que aún se mantiene.

Los republicanos también se lo han puesto muy difícil. A los presidentes recién elegidos suele concedérseles un período de "luna de miel". Él no lo tuvo. En su primer día como presidente, en 2009, los republicanos se reunieron para planear su caída y se comprometieron a que fuera un presidente de un solo mandato.

Raza: Los estadounidenses debaten en qué medida la raza de Obama es un factor en las dificultades a las que hace frente. La característica que inspiró a muchos, el que se convirtiera en el primer afroamericano en la Casa Blanca, también lo ha convertido en una figura peligrosa para algunos. Quienes niegan que la raza sea un factor no conocen Estados Unidos; quienes afirman que es el factor decisivo, tampoco.

Aptitud: Obama ha evitado una catástrofe administrativa y su mandato se ha mantenido relativamente libre de corrupción, pero la gestión del día a día es otra cosa. El lanzamiento de su amplia ley de salud ha sido un desastre, el mantenimiento de la seguridad fronteriza ha sido irregular y la respuesta inicial al brote de ébola ha sido lenta y discreta. La amenaza de la metástasis del virus podría dominar los dos últimos años de su mandato.

El propio Obama: Aunque en público se muestra apasionado, orgulloso y seguro de sí mismo, Obama es cauto y precavido. Aprecia más la complejidad que la simplicidad. Ha recibido halagos toda su vida por sus cualidades y sus rompedores logros y está acostumbrado a ser respetado aunque no sea apreciado. Le gusta que la gente se encuentre a gusto en su presencia y huye de la confrontación. Ha ascendido la grasienta pirámide política con encanto y eligiendo el momento oportuno, más que a través de encarnizados combates.

Su naturaleza reflexiva, reconfortante y esperanzadora le ha ganado el puesto. Pero también ha despertado en él el desprecio por el Congreso y por las desagradables necesidades de la política en general. Su camarilla, compuesta por compañeros de Chicago y por su equipo de campaña, lo arrulla y protege. No ha hecho muchos amigos en Washington (ni tampoco enemigos acérrimos, ya puestos) y no parece que le importe.

El mundo está hoy bajo asedio. Es fácil llegar a la conclusión de que la ferocidad y la confrontación son necesarias. Su liderazgo será puesto a prueba en los próximos dos años, los últimos de su segundo mandato. Estados Unidos no lidera como lo hizo hace años, pero su rol aún es indispensable y central. Lo que le haya pasado a Obama en el pasado importa menos que lo que le pase a partir de ahora.

Este artículo se publicó originalmente en Howard Fineman Political Read.