INTERNACIONAL
17/11/2014 16:38 CET | Actualizado 17/11/2014 16:40 CET

Paraguas, claveles y móviles: el smartphone como herramienta para la protesta social

GTRES

Primero fueron los SMS, hace ya una década o más: “A las 7 mani contra la guerra de Irak”, u “Hoy 13-M a las 18.00. Calle Génova 13. Sin partidos. Silencio por la verdad. Pásalo”. Más adelante fueron Facebook y Twitter, cuyo papel fue fundamental durante los pasados años en las protestas sociales que están teniendo lugar desde los inicios de la primavera árabe. Todo se aceleró en diciembre de 2010 con la revolución tunecina, a la que poco después le sucederían las protestas sociales en Egipto.

Internet y las redes sociales fueron componentes fundamentales de esas protestas, ya que los ciudadanos utilizaron dichos canales de comunicación como alternativa a los canales televisivos, de radio o a los periódicos para organizarse y para expresar sus motivaciones, puesto que muchas veces los medios estaban filtrados y manipulados por gobiernos autoritarios. El diario The National, de los Emiratos Árabes Unidos, revelaba cómo Facebook y Twitter habían sido claves para los levantamientos en la primavera árabe; nueve de cada diez egipcios y tunecinos confirmaron que habían usado Facebook para la organización de esas protestas, además de para expandir la información sobre las mismas. Pero no sólo fueron útiles para la organización, fotos o incluso vídeos en streaming, también mostraban en directo lo que estaba sucediendo. Fue la revolución del periodismo ciudadano, donde cada persona puede aportar su granito de arena en una noticia, ya que es el protagonista.

El papel de las nuevas tecnologías, no obstante, ha sido motivo de amplios debates. Mientras que algunos críticos revelan que este tipo de herramientas han creado el concepto de “democracia digital” en los países del norte de África en los que tuvieron lugar las protestas, otros creen que estas herramientas le dan a dichas protestas esa espontaneidad y clara ausencia de liderazgo propias de Internet.

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Evidentemente, los gobiernos de esos países trataron de atajar el problema rápidamente y, en el caso de Egipto, el uso de Internet fue tan crítico para el alzamiento popular que el Gobierno prohibió tanto su uso como el de los teléfonos móviles. Poco después acabarían vetando la retransmisión continua de Al Jazeera, que estaba distribuyendo la emisión en Internet.

Los propios cuerpos de seguridad trataron de usar esas herramientas en su propio provecho y personalidades como Julian Assange, cara visible de WikiLeaks, denunciaba entonces que Internet “es una máquina de espionaje” y que las autoridades habían utilizado Facebook precisamente para localizar a los principales participantes de las revueltas que se habían producido en El Cairo años antes. Eso provocó que los propios revolucionarios egipcios no utilizaran Facebook o Twitter, sino que trataron de aprovechar otras herramientas para difundir la información o convocar nuevas protestas.

Evidentemente todas esas nuevas herramientas sociales también han sido muy populares en las últimas grandes protestas en el mundo occidental. En España, por ejemplo, es una referencia el caso del 15M, el movimiento que, como explicaban entonces en El Diario, “a falta de una organización centralizando la logística, empuñó el eslogan ‘nos vemos en las redes’ para avivar las ganas de protesta a través de Facebook y Twitter”. Y es que también en Occidente el ciudadano se dio cuenta de cómo los medios de comunicación manipulan y que el Gran Hermano no es que te vigilen sino que, con cada móvil, puedes desenmascarar las mentiras políticas (subiendo fotos en Twitter en directo o grabando vídeos para Youtube o Streaming). Miles de ciudadanos asistieron a protestas multitudinarias que eran silenciadas sistemáticamente en algunos medios de comunicación mientras que en las redes sociales se veía gran asistencia en directo. Un ejemplo es el desalojo forzoso de ciudadanos pacíficos que sucedió en la plaza Cataluña de Barcelona, que fue ampliamente conocido a través de móviles y ciudadanos mientras los medios lo ocultaban.

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Esa utilización de las redes sociales -y de los móviles con los que accedemos a ellas- como medios de comunicación también cristalizó en el movimiento Occupy Wall Street. Cientos de miles de usuarios de Facebook se afiliaron a las páginas de este movimiento en la red social. Los mensajes en Twitter que hacían mención a dichas protestas también se sucedieron sin parar, sobre todo durante aquellas semanas de septiembre y octubre de 2011. El fundador de Change.org, Ben Rattray, diría entonces que el uso de las redes sociales se enfocaba en “apoyar y no sustituir a estrategias existentes”, aunque también destacaba lo irónico de la situación: “La mejor forma de apartar a la gente de sus ordenadores es precisamente a través de sus ordenadores; no puedes organizar a miles de personas en Nueva York [en la forma en la que Occupy Wall Street lo ha hecho] sin la web” .

Descentralización como clave

Esos servicios centralizados demostraron ser útiles en primera instancia, pero el control que los gobiernos tienen sobre las infraestructuras sobre las que se sostienen dicho tipo de comunicaciones hizo que pronto se plantearan otras alternativas.

Así es como se han hecho especialmente famosas herramientas como Firechat, un cliente de mensajería instantánea que tiene la particularidad de estar descentralizado. La aplicación utiliza antenas wifi y bluetooth para buscar otros dispositivos a su alrededor que se van sumando a una red independiente de internet y que se pueden comunicar entre sí de forma prácticamente análoga a como lo harían en un servicio centralizado.

El resultado es claro: a pesar de que los manifestantes no pueden navegar por internet si el gobierno corta el acceso a los nodos que dan acceso a la red de redes, sí que pueden organizarse entre ellos y enviar avisos e información en cualquier momento.

Este cliente de mensajería se hizo especialmente famoso durante las protestas en Hong Kong durante el verano de 2014. En apenas unas horas Open Garden, la empresa responsable de la aplicación, anunciaba que se estaban produciendo decenas de miles de registros para poder usar el servicio, algo que fue entre otras cosas consecuencia del bloqueo que el Gobierno chino había realizado de Instagram el día anterior, cuando los manifestantes habían utilizado esa red social para informar de los hechos y comunicarse.

No han sido, desde luego, las únicas herramientas utilizadas durante estas protestas; otros clientes de mensajería, como WhatsApp o Telegram -más atractivo por su cifrado, que protege la identidad de los usuarios y el contenido de los mensajes transferidos-, fueron también claves en dichas protestas. Como se explicaba recientemente en The Wall Street Journal, muchos usuarios empleaban múltiples servicios al mismo tiempo para lograr tener el máximo alcance posible, publicando fotos casi al mismo tiempo en Facebook, Instagram o Weibo.

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La ya calificada como "Revolución de los Paraguas" hizo que algunos desarrolladores trataran de crear aplicaciones orientadas a este tipo de escenarios. Mart Van de Ven, un desarrollador holandés, creaba Rally The Brollies (un término popular en Reino Unido para umbrella, paraguas), una aplicación que generaba una alarma digital que alertaba a los manifestantes si la policía se dirigía a ellos. En estos casos, se activaba un hashtag en Twitter enviado por los líderes de los estudiantes. Esta solución es sílo un ejemplo de los mecanismos utilizados por los ciudadanos que se unen a las quejas y que incluso llegaron a usar el fax en las protestas en Egipto.

Anonimato y redes de malla

Las redes inalámbricas de malla son también el principio básico en el que se basa Firechat. En este caso se usan tecnologías como el framework del SDK para el iOS de Apple, llamado Multipeer Connectivity, que permite compartir mensajes con otros usuarios que estén cerca sin importar que tengan conexión wifi o de datos móviles.

Las conexiones bluetooth o wifi ad hoc hacen que cada nodo se comunique con los que están próximos a él y la idea se ha comenzado a hacer famosa, no sólo a partir de las protestas de Hong Kong -que también-, sino debido a la recuperación en todo tipo de desastres naturales.

Lo explicaban en Wired hace meses, destacando que el tifón Haiyan que azotó las Filipinas a finales de 2013 dejó incomunicados a sus habitantes. Este tipo de redes hubieran sido una solución efectiva para crear una alternativa de comunicación -hay otras opciones interesantes, como The Serval Mesh-, que obviamente también es aplicable en escenarios como el protagonista de este artículo.

Es en este ámbito donde también han proliferado otras tecnologías y herramientas que afectan tanto a móviles como a equipos de sobremesa y portátiles. Se trata del acceso a soluciones que proporcionan mayor anonimato y/o privacidad a los usuarios y que tienen como referente la red Tor. Este servicio se utilizó, por ejemplo, en la primavera árabe para evitar que las comunicaciones de los usuarios pudieran ser espiadas y se crearon guías básicas para su uso por parte de los usuarios sin tantos conocimientos en estas materias. A este proyecto se le unieron otros como el Freenet Project o Netsukuku, orientados también a proteger a los usuarios en sus comunicaciones.

La realidad, como indicaba un estudio de Matt J. Duffy para Academia en el que evaluaba el impacto de los móviles en la primavera árabe, es que los smartphones han ayudado a ofrecer una cobertura en la revolución que el periodismo tradicional simplemente no podía dar. Y no sólo en cobertura, por supuesto. La propia comunicación y organización de las protestas es una de las bases de esas herramientas que dan un nuevo sentido a nuestros dispositivos móviles.

El artículo original fue publicado por Mobileworldcapital.com