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27/11/2014 01:07 CET | Actualizado 27/11/2014 01:27 CET

Muerte en Venecia: Thomas Mann se hace ópera en el Teatro Real

Venecia no es un decorado al que van tortolitos recién casados a pasear su amor. Venecia es un lugar melancólico, filosófico, al que se llega a morir con elegancia y profundidad. Muerte en Venecia, la última ópera del Teatro Real, se estrena este jueves 4 en Madrid, marcando distancias con la sensualidad de la última obra, La Hija del Regimiento, una ópera cómica y llena de carcajadas con la que triunfó el tenor Javier Camarena.

De la fiesta del otoño, el Real pasa al invierno de la muerte, con una obra basada en la obra homónima de Thomas Mann (1875-1955) a la que puso música Benjamin Britten (1913-1976). Es una de las grandes obras del compositor británico, que quiso componer pese a sus achaques y a la que imprimió un fuerte carácter cinematográfico.

Se trata de una coproducción con el Liceu de Barcelona, que se estrenó con éxito en la ciudad condal en 2008 bajo la dirección escénica de Willy Decker, para quien, citando a la tradición poética de su país (Alemania), "el que ha visto la belleza ha caído ya en las manos de la muerte".

"¿QUÉ HAY MÁS IMPORTANTE QUE LA VIDA Y LA MUERTE?"

El escritor Gustav von Aschenbach, protagonista de la ópera, vaga por Venecia paseando sus tormentos y obsesiones al tiempo que dialoga con un muchacho al que ama, Tadzio, representado por un bailarín mudo. En su estreno, en 1973, la ópera estuvo protagonizada por el tenor Peter Pears, pareja sentimental de Britten. En este caso, el reparto lo encabeza John Daszak, acompañado del barítono Leigh Melrose, que da vida a siete personajes. Todo bajo la batuta del maestro argentino Alejo Pérez.

Muerte en Venecia, estructurada en dos actos y 17 escenas (que cambian en ocasiones casi sin transición), se presenta como una obra mística, sobria, probablemente exigente para el espectador no acostumbrado, pero avalada por una dirección de escena ágil y renovadora. Y, a la vez, que trata asuntos tan antiguos y capitales como la propia xistencia. Según Decker, ahí está la clave y por eso Muerte en Venecia, que inmortalizara para el celuloide Luchino Visconti, llega al espectador.

"¿Qué hay más importante para nosotros que la cuestión de la vida y la muerte?", se preguntaba este miércoles el director de escena, durante la presentación a la prensa. Esa preocupación enlaza a Britten con Monteverdi o con La Traviata de Verdi. Al final, se trate de un amor idealizado, o de una trama pensada hace cientos de años, las inquietudes no cambian.

(Muerte en Venecia estará acompañada de conciertos, proyecciones y exposiciones en la Biblioteca Nacional, la Filmoteca Nacional y la Fundación Juan March, que harán de Mann y Britten los protagonistas de parte del invierno cultural de Madrid. La programación puede consultarse aquí)

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