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04/12/2014 19:23 CET | Actualizado 15/12/2014 18:42 CET

Jota Echevarría: "Con el dinero de la corrupción se acabaría con el ébola aunque fuese a cañonazos"

Una se llama Charlie Chaplin y otra Michael Jackson. Cuando un sanitario se quita el traje del ébola en Bo, Sierra Leona, el país donde el virus sigue avanzando y matando a toda velocidad, puede elegir. O bien pone un pie delante del otro, como el rey del pop, o juntar los talones y abrir las puntas, como el maestro del cine mudo. Mientras, un compañero lo asiste para lograr que la desinfección no se olvide de ningún centímetro cuadrado expuesto a la lacra. Toda precaución es poca para contener en una zona de alto riesgo al virus que ya ha segado 6.070 vidas, según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

"Parte del material se destruye. Las gafas se meten y se sacan tres o cuatro veces en un cubo con agua clorada para desinfectarlas. En todo momento hay que lavarse las manos. Hay días en que hasta 60 veces". Quien así habla es José María -o simplemente 'Jota'- Echevarría, médico español que acaba de volver de Sierra Leona. Allí ha dirigido los trabajos para establecer un centro de identificación y diagnóstico del ébola, que ahora gestiona exclusivamente la ONG para la que trabaja, International Rescue Committee.

Centros como el suyo son la frontera del ébola, la primera puerta que traspasa la población local, que acude tras tener los primeros síntomas o haber estado en contacto con enfermos. En cooperación con el Centro para el Control de Enfermedades de EEUU (CDC, por sus siglas en inglés), con un laboratorio en la zona, el equipo de Echevarría decide si mantener a los pacientes en el hospital de tránsito, mandarlos a su casa o remitirlos a otro, de Médicos sin Fronteras, para su tratamiento.

Echevarría lleva 20 años en proyectos de ayuda humanitaria, que le llenan mucho más que un quirófano en el primer mundo. En octubre, cuando Teresa Romero contrajo el virus en Madrid y fue criminalizada por el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, este médico corpulento y afable buscó un hueco para explicar, desde Sierra Leona y en base a su propia experiencia, cómo hay que protegerse del ébola. Su post en El Huffington Post se hizo viral y logró más de dos millones de visitas. El texto era en realidad una carta desde la experiencia, que poco tenía que ver con la criticada gestión del foco en España. Más de 130.000 personas decidieron compartirlo en su perfil en Facebook. Lo publicó días antes de entrar en contacto con un probable positivo que le llevó a pensar en que él mismo podría haberse contagiado. Descartado el contagio, habla con El HuffPost de su experiencia en el tratamiento del virus.

-¿Cómo es volver del ébola?

Pasar por ello es algo parecido a aquello de la rana en una olla. Si la metes en agua caliente, salta inmediatamente. Pero si la metes en agua fría y la vas calentando, no se da cuenta hasta que es demasiado tarde y se abrasa. He vivido situaciones de estrés en el pasado: secuestros, violencia armada, inseguridad. Aunque lo pases mal, eres consciente y lo puedes controlar. Son seres humanos con los que te puedes comunicar, sea como sea. Con el ébola no te comunicas. No sabes bien lo que es, los mecanismos exactos de transmisión y ves que hay gente superpreparada y protegida que se contagia. Vives en contínuo estrés, pero sin darte cuenta. Volver cuesta mucho más, porque tardas más tiempo en recuperarte y te das cuenta de dónde te has metido, que has estado en riesgo, que tienes mujer y cinco hijos. Te afecta muchísimo más.

-¿Se le está ganando la batalla al ébola?

En Sierra Leona está totalmente fuera de control. Se está consiguiendo atender mejor a los enfermos y hay más camas. Cada vez se aporta más dinero, con la excepción de España, que no está dando nada y es una vergüenza. Pero hace falta mucho más. Se dice que hay 5.000 casos, pero hay muchísimos más, porque las cifras que barajan las autoridades están muy a la baja. Ahora mismo, en Sierra Leona, puede que esté habiendo 1.000 casos nuevos a la semana. La Organización Mundial de la Salud (OMS) cree que a final de año la cifra puede ser de 10.000 a la semana. Si se muere el 60%, ya se puede imaginar la conclusión. La epidemia de ébola va a durar por lo menos un año. Y en el momento que se controle no se acabará sino que aún harán faltan meses.

(Sigue leyendo tras la imagen, de una simulación de zona de alto riesgo de Médicos Sin Fronteras en Sierra Leona)

-El virus se contagia por fluidos. Al saber eso, es posible extremar la precaución. Pero sigue habiendo muchas dudas y mucho miedo.

No se sabe nada. No se sabe quién la transmite. Se sospecha que es el murciélago de la fruta, pero no está claro. Está comprobado que los mecanismos de transmisión son los fluidos, cualquier líquido del cuerpo humano. Pero no está clara la vía de entrada. Hay contagio en el personal que trabaja en esto, aún estando muy protegidos. Y es dificilísimo identificar cómo.

Se dice que si no hay síntomas no hay contagio y que el primer síntoma es la fiebre. Nosotros recibimos a un padre con dos niños que tenían fiebre. La madre se había muerto por ébola. Al hacer el análisis, ellos dan negativo y él positivo. Lo mandamos al centro de tratamiento, donde se llevó a sus hijos porque no tenía dónde dejarlos. La situación se mantiene, con él como positivo sin síntomas y los niños con fiebre pero negativos. A los tres días, el padre empieza a tener fiebre y de repente son los tres positivos. No tenía fiebre, pero ya daba positivo, lo que te desbarata la teoría de que sin fiebre no hay contagio. En medicina, rara vez dos y dos son cuatro.

-Por eso, cuando usted entró en contacto con un caso sospechoso, se le vino en mundo encima.

En el centro hay una zona de alto riesgo de la que no se puede salir. Es ahí donde está el paciente. Cuando entra el personal sanitario, lo hace totalmente protegido. Al salir, se lo quita con el procedimiento muy específico. Un día estábamos en la zona de bajo riesgo y había un niño que había salido de la zona de alto riesgo. Era un caso probable. Pusimos en marcha el protocolo de seguimiento de toda la gente que estaba en la zona. Salieron los resultados del niño y era positivo.

-¿Qué pensó?

Me acojoné. No sabía si lo había tocado o no, si podía estar infectado. Luego se le hizo un segundo análisis y salió negativo definitivamente, pero tenía fiebre y su padre había tenido ébola. Durante un tiempo estuve acojonado y me decía: “resulta que he venido de España para trabajar aquí y de repente hay un 60% de posibilidades de que me muera”.

-Escribió un post en su blog de El Huffington Post que batió todos los records. Más de dos millones de visitas. ¿Por qué fue tan crítico?

No fui crítico. Critiqué al consejero de Sanidad porque no tiene vergüenza. Yo dije lo que había que hacer, lo que nosotros hacíamos. Teresa se infectó porque no se hicieron las cosas correctamente y no se la entrenó ni a ella ni al resto del personal. ¡Si es que está todo en internet!. Los trajes, cómo se monta una unidad de aislamiento… Es fácil saber lo que hay que hacer. Y no lo hicieron. Aunque luego hayan mejorado.

(Sigue leyendo tras el vídeo)

-También critica que el Gobierno no esté aportando suficientes fondos para luchar contra la epidemia.

Es una vergüenza que el Gobierno español no se haya subido al carro y no aporte. No lo digo yo o mi organización, International Resuce Comittee, que ya no esperamos ayuda del Gobierno. Pero que no se hayan volcado con Médicos sin Fronteras, que son los que más están haciendo, los que más saben de esto, es incomprensible.

Con que hubieran cogido la mitad de lo que se han gastado estos sinvergüenzas con las tarjetas negras... Ya no digamos la décima parte de los casos de corrupción, los ERE de Andalucía o la Gürtel. Con esto se acaba con el ébola aunque sea a cañonazos.

-¿Ha cambiado la percepción de la enfermedad por parte de la población local?

En junio, cuando fui por primera vez, ya empezaban a no saludarse, a no darse la mano ni a tocarse. Pero, en general, el mensaje se ha transmitido mal. La población local desconfiaba de los médicos porque veía que el virus era algo poco habitual y que sus seres queridos eran llevados a los hospitales a morir. Ha habido muchos rumores, como que el ébola era brujería, que el gobierno quería hacer una limpieza étnica, que se trataba de un castigo divino o que te llevaban al hospital para quitarte los órganos. ¡Y luego no te dejan tocar el cadáver! La gente no lo entiende porque no se les ha escuchado.

-El llamado primer mundo no lo hace bien ni cuando quiere ayudar.

Aquí escuchamos a cualquiera en televisión, sea catalán, extremeño o canario. Nos lo creemos y seguimos sus instrucciones. Ellos no. Necesitas que sea alguien de su comunidad el que haga de guía. De lo contrario, creen que los estás engañando.

-¿Por qué se dedica a esto? ¿Por qué tanto riesgo?

[Reflexiona unos segundos] Porque me gusta y porque alguien tiene que hacerlo [ríe]. Yo no voy allí para ayudar, porque creo que me ayudan más ellos a mí. Soy totalmente feliz con lo que hago y duermo como un bebé. Soy más feliz haciendo esto que si me hubiera quedado aquí. Vas a ver gente que no tiene nada y está sufriendo lo inimaginable, que ha tenido que salir corriendo sin nada, que vive de la caridad. Y luego ves cómo te lo agradecen. No con un “gracias” sino compartiendo contigo un muslo de pollo. Ellos se van a chupar el hueso para que tú te comas la carne.

-¿Merece la pena?

En realidad, no sé a quién he ayudado yo en estos 25 años. Cuando era cirujano sí lo tengo claro. A los que operé. Directamente. Pero en cuanto a macroproyectos, a montar centros de atención como el del ébola, ¿habré ayudado a alguien?

-¡¡!!

¿Estamos ayudando con el centro del ébola a la gente? Estamos mejorando la infraestructura, estamos reduciendo el tiempo de espera. En teoría, sí. Probablemente. Para eso estamos. Pero, a decir verdad, no tengo certezas.

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