12/12/2014 12:52 CET | Actualizado 06/03/2018 03:29 CET

La solidaridad es contagiosa: una comerciante extiende una campaña por Villaverde

ANA DE LA CALLE

Las ayudas, y más en tiempos de crisis, nunca son suficientes. Pero hay ayudas y ayudas, y esta historia no tiene igual. Una comerciante del barrio madrileño de Villaverde ha puesto en marcha una campaña solidaria para donar alimentos que ha contagiado a otros comercios de la zona. Solidaridad en cadena porque, como dice la psicóloga Elsa Punset, "ayudar genera felicidad personal y colectiva".

Rosa María Sánchez es la dueña de El Mercado de la Plata, dos tiendas de Madrid en zonas obreras muy azotados por la crisis, Villaverde y Getafe. Son pequeños locales que venden plata y bisutería, abiertos hace más de 15 años. La joyera lleva desde 2008 viendo a la gente coger comida de la basura y en septiembre decidió hacer algo.

Sabiendo que hay niños que, desde que empezó la crisis, no pueden hacer más de una comida al día, se le ocurrió la idea de recoger alimentos. No fue tan fácil como pensaba. Organizarlo le llevó dos meses de reuniones con proveedores, reclutar voluntarios, conseguir la publicidad sin coste y buscar apoyos. A principios de noviembre puso en marcha la campaña.

La idea era que la gente llevase comida a sus tiendas a cambio de una pulsera de regalo. Se puso como meta conseguir una tonelada de alimentos y en 20 días recogió dos. La campaña iba a terminar el 30 de noviembre, pero las donaciones siguieron llegando y ha decidido continuarla. Lo más difícil, asegura, fue decidir dónde llevar los alimentos.

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EL MILAGRO DEL COMEDOR DE VILLAVERDE

La solución la encontró en Mensajeros de la Paz, que a finales de enero de 2014 abrió en Villaverde un comedor social con banco solidario, ropero y otras ayudas.

"Nunca he donado, no me fiaba de a dónde iba el dinero y había oído comentarios que no me gustaban. La gente se fía de mí, así que quería investigar antes de pedir donaciones. Y cuando visité el comedor me quedé impresionada", recuerda Rosa, que se define como una persona "de instinto" que se deja guiar por "el corazón".

Una de las cosas que más le gustó fue que daban de comer a niños. "Para mí es muy importante. También el cariño que tienen por los que acuden allí, a los que hacen un seguimiento", explica la joyera. Los 25 voluntarios del comedor sirven unas 180 raciones al día a cerca de 100 familias, además de bolsas especiales los fines de semana.

Rosa recuerda que el almacén estaba vacío en su primera visita y los voluntarios recibieron su propuesta como "un milagro", ya que no iban a poder llegar a octubre por falta de dinero.

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El comedor de Villaverde de Mensajeros de la Paz, que también cuenta con mesas para niños.

Rosa tiene grabados varios momentos de esta experiencia tan especial, pero uno brilla por encima de los demás. "Cuando llevé el primer día 600 kilos al comedor, me lo agradecieron muchísimo. Es una de las cosas más emocionantes que he hecho", recuerda, con la voz quebrada.

LA SOLIDARIDAD SE EXTIENDE

El éxito de Rosa se mide en la cantidad de gente que se ha sumado a la causa. La solidaridad se ha contagiado por los comercios de la zona: una gestoría, un gimnasio, un taller, un hotel... Todos se han subido a la ola solidaria y colaboran en la campaña de recogida.

Cada uno lo hace como puede. La emisora Getafe Voz dio publicidad a la donación cuando nadie lo hacía. Una imprenta realizó gratis la cartelería de la campaña que cuelgan los comercios participantes en la campaña de recogida de alimentos. La farmacia vende a precio de coste (sin que ellos reciban ganancias) a quienes donan. La peluquería se ha centrado en recoger alimentos para niños y bebés.

El premio gordo ha sido la aportación del mercado local. Rosa decidió reunir a los comerciantes para animarles a participar. Los tenderos, a instancias del pescadero y el pollero, han prestado una de las casetas para la recogida y han aportado, a modo de escaparate, los primeros alimentos.

En dos semanas, en el mercado se han recolectado cerca de ocho toneladas de productos frescos y siguen recogiendo. Muchos de los que se benefician de la ayuda eran antiguos clientes. "Vendemos en un barrio donde la gente no lo está pasando bien. Nunca esperamos lograr lo que hemos conseguido", añade José, pescadero y propietario de la caseta prestada.

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La pollería del mercado, que ha donado 300 muslitos de pollo.

"Podemos ayudar tanto con tan poco", sostiene la joyera que ha creado la campaña. La comerciante está barajando organizar una colecta de juguetes de cara a los Reyes con los demás participantes de esta iniciativa. "Los arreglaremos y limpiaremos, lo que haga falta", explica José.

Rosa opina que la gente "quiere hacer cosas pero no sabe cómo" y cree que los comerciantes pueden aportar mucho. "Tenemos mucha fuerza. Después de Navidad tenemos que reunirnos para detectar las necesidades que hay. En las tiendas tenemos una relación muy cercana con la gente. Nos tenemos que empezar a mover, ¿no?", plantea.

Curiosamente, el mercado está a una manzana del bar donde se ha rodado el anuncio de la lotería de Navidad, la otra esperanza para barrios deprimidos como Villaverde. Pero que te toque el Gordo no es un seguro, mientras que la solidaridad siempre está ahí. Innata o aprendida, reporta beneficios directos a los necesitados y contagia a otros, despertando sus mejores impulsos.

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