INTERNACIONAL
13/06/2015 10:33 CEST | Actualizado 13/06/2015 10:33 CEST

Omar Havana, el único fotógrafo español residente en Nepal, alerta ante el olvido tras el terremoto

OMAR HAVANA / GETTY

Cuando el 25 de abril pasado la tierra tembló hasta rajarse en Nepal, Omar Havana estaba durmiendo. Sus ojos aún seguían a medio abrir cuando tuvo que salir a la calle, con su casa cayéndose a cachos. Casi no se tenía en pie, entre la vibración del suelo, la somnolencia y el estupor. Era un ciudadano más de Katmandú ante el peor seísmo en el país en 80 años. Pero también era algo más, era un fotógrafo, colaborador de la agencia Getty Images, que tenía que ponerse a retratar el horror a su alrededor. Y eso hizo. Su labor, la del único informador español trabajando sobre el terreno, ha sido portada en más de un centenar de medios de todo el mundo.

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Portada de The New York Times con foto de Omar Havana.

Havana (1975) está de visita en España junto a su colega y esposa, la reportera francesa Juliette Rousselot, explicando la cobertura del terremoto y, sobre todo, denunciando el "olvido" de los nepalíes por parte de la comunidad internacional, pasado el primer impacto de la noticia. "Olvidaos de quiénes somos. Hablemos de Nepal", empieza su proyección de fotografías en la Asociación de la Prensa de Madrid.

Entre imagen e imagen, el relato de la jornada del desastre es estremecedor. Havana explica que aquel sábado de descanso se salvaron muchas vidas porque no había críos en la escuela ni empleados en las oficinas. Sí había mucha gente cerca de los templos, porque es el día que se dedica a orar en ellos, o a leer el periódico en sus escalones. Los lugares donde dos semanas antes el reportero granadino retrataba un festival de danza de pronto estaban bajo los escombros. Llegado al país hace ocho meses, el shock fue importante al ver los escenarios de su vida diaria desechos. "Lo más difícil es el sufrimiento de los niños", relata enronquecido. Su cámara los captó vivos y muertos, tratados por voluntarios que jugaban con ellos para hacerles olvidar lo perdido o tapados por una manta, con un folio y una piedra encima para cuando los llevasen a la morgue.

8.676 personas murieron por el terremoto. Muchas quedaron en la retina de Omar. Otras, en sus oídos. "Una señora vestida de rojo se acercó a una camilla y destapó un cuerpo. Era su madre. Sólo podía escuchar sus gritos. "Ama, ama, ama...". Nos protegemos con una cámara, a veces un boli sirve para escudarnos, pero no hay protección para los oídos", reconoce.

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Photo gallery El trabajo de Omar Havana en Nepal See Gallery

El fotoperiodista explica que en las primeras horas los ciudadanos ya sabían qué hacer. Hace un año, Nepal estaba liderando la lista de países susceptibles de sufrir un terremoto. La ONU, las autoridades locales y las ONG comenzaron a formar e informar a la población. El temblor llegó demasiado pronto, pero sin esa preparación parcial, precisan los dos informadores, las víctimas se habrían multiplicado. "Pese a todo, Nepal no es la destrucción, es la vida", constatan.

NO HABÍA NI MADERA PARA LAS INCINERACIONES

La situación fue tan grave, insiste Havana, que "Nepal se quedó sin madera para quemar a sus muertos", un rito esencial que ha de hacerse muy rápido porque si no se corre el riesgo de que el alma del fallecido quede atrapada en este mundo, según la tradición hinduista. Es un gráfico ejemplo del impacto del terremoto, por el que 2,8 millones de personas se quedaron sin casa y aún siguen sin techo propio, un 10% de la población del país; hoy las tiendas de campaña pueblan los parques y las cunetas de las carreteras. Más de 500.000 viviendas quedaron totalmente destrozadas y 250.000 más, severamente dañadas e igualmente inhabitables.

Ahora, a la falta de medios, se suma el "miedo" en las reparaciones. Según estos dos testigos de excepción, en las calles se pelean los vecinos, los que tienen sus casas derribadas y quieren que entre la maquinaria y los que aún mantienen su hogar en pie y temen que el movimiento las acabe tirando, tan endeble es su equilibrio. "Es el temor de quien no lo ha perdido todo y le aterroriza hacerlo ahora", resume Havana.

Rousselot añade que el daño en infraestructuras hace "imposible" una rutina normal, a mes y medio largo del terremoto. 26 hospitales han quedado totalmente hundidos, más 1.100 ambulatorios. Hay 5,6 millones de nepalíes carecen ahora de asistencia médica estable. Y a ello se añaden 4.300 kilómetros de carretera destrozados. "Antes del temblor, cubrir 150 kilómetros llevaba siete horas. Imaginad ahora", insiste. Hay 8.000 escuelas afectadas, además, en las que han desaparecido más de 32.000 aulas. Un millón de escolares, según datos oficiales, no podrán regresar este curso a su escuela o instituto.

10 AÑOS PARA RECUPERAR EL PATRIMONIO

La herencia cultural es la otra gran damnificada del seísmo. Plazas como la de Basantapur, en la que se encuentra el Palacio Real de Katmandú, no podrán recuperarse en diez años, según la UNESCO, que ha protegido espacios del país como Patrimonio de la Humanidad, en lo cultural y en lo natural. El país, en un 85%, depende de los ingresos del turismo, tanto por sus bienes en piedra como por el Everest. "Entre el tiempo que tardará en arreglarse todo y el miedo de los turistas, el daño será inmenso", abunda el fotógrafo español. Peligra, recuerda además, la "identidad" de los nepalíes, que hacen su vida en torno a templos y plazas que hoy no existen.

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El fotoperiodista granadino Omar Havana y la reportera francesa Juliette Rousselot, durante la proyección de su trabajo en la Asociación de la Prensa de Madrid (APM).

"EL FUTURO VA A SER PEOR"

Las fotografías y el testimonio que estos profesionales han traído a España es un grito ante la inmediata desmemoria del mundo sobre lo que en Nepal pasa. El día después, que no interesa, pero que ha sacado de los locales y de algunos visitantes lo mejor de sí, oleadas de solidaridad que son la esperanza en mitad del desastre. Explican que de los 7.000 millones de dólares en que se ha cifrado la ayuda que necesita el país, apenas ha llegado ya en 24%, una cifra ridícula.

En el norte del país, dice Havana, quedan "decenas de miles de personas" sin asistencia, "a las que no ha llegado nada de nada aún". La topografía, con montañas en las que es casi imposible que acceda hasta un helicóptero, y los corrimientos de tierra constantes son el mayor impedimento para hacer fluir la ayuda. "Ver a una mujer abrazar una lona, llevaba seis días con las costillas rotas y sin tratar... No era una escena bonita, claro, pero no la puedo definir de otra manera. Era bonito ver a un médico que ha dejado su trabajo para ir a tratar a gente como esa señora, para ir donde no llega nadie. Eso toca aquí", dice el reportero llevándose la mano al corazón, un gesto recurrente en su exposición.

"Los meses que vienen van a ser peores. Agüita con lo que se viene en Nepal. Con un terreno tan inestable va a ser mucho más difícil distribuir nada", alerta el fotógrafo. Hoy hay, según la ONU, 8,1 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria, de las que 1,9 requieren de lo más básico: comida. Por eso, antes de volver el lunes a un hotel de Katmandú -a su casa es imposible aún-, han dejado en el aire un llamamiento a lo Forges, cuando nos pedía que no nos olvidáramos de Haití y su terremoto en 2010: "pero no te olvides de Nepal".

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