"Todo esto es una humillación, nos sentimos mendigos"

"Todo esto es una humillación, nos sentimos mendigos"

ATENAS - A primera hora de la mañana del lunes los cajeros de Atenas permanecen cerrados. Asombra la calma que hay en la calle y en las terrazas, donde muchas personas desayunan antes de irse a trabajar en este primer día del 'corralito' en Grecia.

Algunos, incluso, se enteran de la situación en ese mismo momento, cuando pasan por delante de los kioscos y se paran a leer las portadas de los periódicos.

A las 8.30 de la mañana, Lambros Moustakis llega a desayunar invitado por Irene Hernandez Velasco, periodista de El Mundo, quien le descubrió hace tres años en medio de una batalla campal entre los indignados y la policía griega. Desde entonces le califica de 'hermano'. Es un ateniense de 53 años que habla cinco idiomas y ahora vive en un albergue municipal. Al quedarse sin su trabajo por la crisis y carecer de familia, tuvo que pasar un tiempo en la calle, hasta que el gobierno le permitió mudarse a donde reside en la actualidad.

Es conocido como el 'sin techo' griego que guiará las políticas de Varoufakis, ya que fue el propio ministro de Finanzas el que así lo afirmó en su blog al poco de ser nombrado. Moustakis llega con varios periódicos bajo el brazo y muy sonriente. "La gente está muy calmada", cuenta. Dice que en el metro hay menos gente de lo normal, pero que no ha visto ninguna protesta frente a los bancos, ni nada parecido.

En la mesa, Lambros traduce a su 'hermana' las portadas de los periódicos de hoy: "Este es de derechas y titula 'Crimen premeditado'", le explica. "Este otro, de izquierdas, dice: 'Bancos cerrados y negociaciones abiertas'". Y así, uno a uno, va explicando cada uno de los diarios. Desde que Irene le descubrió, la prensa española recurre a él varias veces para que les ayude a contar la situación del país y les guíe por Atenas.

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TRANQUILIDAD

Fuera, en las calles, la situación se ve diferente. Los bancos abren a las 12 de la mañana para que los griegos puedan hacerse con sus 60 euros diarios. Desde que Tsipras anunció el referéndum hasta la noche del domingo, la cantidad que se había sacado era de 2.000 millones de euros. Las televisiones griegas afirman que todas las jubilaciones están pagadas. Como contaba Mousakis, los griegos han mantenido la tranquilidad.

Hacia las 11 horas, en la calle Ermou —una de las más comerciales de Atenas—, hay bastante gente de compras. En algunas tiendas han empezado ya las rebajas. No es el caso de H&M, donde la encargada explica a este diario que hay la misma gente de siempre, aunque desde hace años siempre son mayoría los clientes extranjeros. Antes de que su superior le mande callar desde la caja de al lado, dice que ella sí tienen un poco de miedo y que apoya la idea de salir de la eurozona. Cree que permanecer en ella les perjudica.

En la calle paralela hay una tienda de una compañía telefónica griega COSMOTE. Sus empleados aseguran que tampoco han notado algo anormal durante lo que llevan de jornada. Un hombre mayor que espera para pagar en la caja de al lado escuha que venimos de España y sugiere: "Votad a Podemos, nosotros os vamos a ayudar. Ayudadnos vosotros también. No votéis a ningún otro". Unas tiendas más abajo una chica hasta arriba de bolsas sale de un pequeño supermercado: "No compro más de lo normal, es lo que me ha surgido comprar hoy", explica. Dice que tiene un poco de miedo y que ya ha sacado los 60 euros de mácimo que corresponden por día.

SE ACABÓ EL JUEGO

Los cajeros ya están abiertos y se han formado colas de varias personas en el Banco Nacional de Grecia ubicado en la esquina de la Plaza Syntagma. Mientras periodistas de todos lados les graban y les hacen fotos, los griegos permanecen a la espera de su turno con dignidad. Una mujer que se niega a hablar con otros medios se dirige a El Huffington Post cuando se entera de que es español: "Se acabó el juego", asevera en un tono muy alto, "quieren que tengamos miedo y no lo van a conseguir. No soy la única que lo piensa, mira a mi alrededor", explica mientras el resto de personas de la cola asiente. "Aquí nació la democracia y renacerá el domingo, ya lo veréis. Sólo os deseo suerte y que no paséis por esto".

Al oír el ajetreo, Olga y Miguel, dos atenienses de 68 y 72 años, se acercan a ver qué ocurre. "Solo queremos decirte una cosa, porque tenemos prisa", dice ella. "No tenemos miedo, aunque no sabemos dónde va a llegar esta situación", explica acto seguido su marido. Olga, con los ojos empañados, ahí mismo, al pie del cajero de la plaza Syntagma, añade: "Todo esto es una humillación para nosotros, nos sentimos mendigos", mientras hace la forma de un cuenco con las manos para que entienda a que se refiere, ya que su inglés, reconoce, está ya un poco oxidado.

Hacia las tres de la tarde un cielo encapotado cubre la capital griega y, minutos después, comienza a tronar y a llover. Algunos siguen en la fila de los bancos mientras otros dejan las compras y los cafés en las terrazas para otro momento. Se van a casa.

Unos perros callejeros duermen sobre cartones a la puerta del McDonalds de la Plaza Syntagma, donde esta noche se reunirán los simpatizantes de Syriza, convocados por el mismo Tsipras, para mostrar su rechazo a la Troika, su indignación y, sobre todo, la desesperación interior que sienten en estos momentos.

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