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02/11/2015 09:03 CET | Actualizado 20/01/2018 20:59 CET

'Tiempos de hielo', de Fred Vargas: dejar de leerla sería un crimen

Título: Tiempos de hielo

Autor:Fred Vargas

Editorial:Siruela

Páginas: 352

Precio:18,95 euros en tapa dura y 9,49 en ebook

Fecha de lanzamiento: 7 de octubre de 2015

La portada:

¿De qué va?

Varios miembros de una trágica expedición a una remota e inexplorada isla de Islandia mueren diez años después. ¿Por qué? ¿Qué une a las víctimas? De fondo, un extraño club de admiradores de Robespierre. Rencores, pistas falsas, dudas...

¿Por qué se habla tanto de este libro?

Porque Fred Vargas recupera por decimoprimera vez a su comisario de policía en París Jean-Baptiste Adamsberg. Y porque, si uno es un verdadero aficionado a la novela policiaca, Fred Vargas debe ser un referente. No sólo con sus historias del inspector, sino con su trilogía de Los tres evangelistas.

¿Quién lo escribe?

Fred Vargas se llama en realidad Frédérique Audoin-Rouzeau, nació en de 1957 en París y en 1988 comenzó a trabajar en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de París como arqueozoóloga: investigó los huesos de animales de la Edad Media en occidente. También es historiadora, un conocimiento del que se vale de forma constante en sus novelas. Tanto ella y su hermana gemela, la pintora Joëlle "Jo" Vargas, utilizan el pseudónimo de 'Vargas' por el personaje de María Vargas, interpretado por Ava Gardner en La condesa descalza.

PRIMERAS PÁGINAS DE 'TIEMPOS DE HIELO'

¿Quién debería leerlo?

Los seguidores de las novelas policiacas. Los que se resisten a creer que una historia simplemente debe tener un buen argumento y mantener la tensión. Los que, además de la buena literatura, disfrutan con la Historia (en mayúsculas) y se dejan llevar por los caminos que marca una escritora que sabe mover los hilos narrativos con una eficacia desconcertante.

El primer párrafo:

Ya solo quedaban veinte metros, veinte pequeños metros por recorrer para llegar al buzón; resultaba más difícil de lo previsto. Es ridículo, pensó, no existen metros pequeños o metros grandes. Hay metros y punto. Es curioso cómo a las puertas de la muerte, desde esa posición eminente, seguimos pensando en fútiles bobadas, cuando se supone que uno va a enunciar alguna fórmula de importancia, de las que quedarán inscritas con hierro candente en los anales de la sabiduría humana. De las que se divulgarán luego por doquier: «¿Sabe usted cuáles fueron las últimas palabras de Alice Gauthier?».

Nuestra opinión:

Cualquier ávido lector, aquel al que se le ha inoculado el 'veneno' de la literatura, tiene una lista de autores a los que adora en silencio. Disfruta de cada una de sus obras y, en un ejercicio de pleno egoísmo, evita dar a conocer su nombre y sus trabajos para gozarlo en solitario. El conocimiento popular del autor podría provocar, piensa ese lector enfermo, un efecto contagio que podría acabar afectando la escritura del autor al que venera. Fred Vargas podría ser uno de esos casos: aún en pleno auge de la novela policiaca, existe una autora francesa cuyos libros son verdaderas delicatessen literarias, bofetadas de buena literatura y maravillosas construcciones narrativas sustentadas en unos argumentos que van más allá del mero asesinato y la pertinente resolución del crimen.

Tiempos de hielo marca una nueva incursión de Adamsberg (van 11), un comisario que por fuerza deben figurar en la cumbre de personajes de novela negra, y el inspector Danglar, ambos tan similares y tan desconcertantemente diferentes. La genialidad de Vargas aprovecha esta ocasión para generar una disputa entre ellos —discrepancias latentes en las obras anteriores, ninguna sorpresa por ahí—, lo que le permite bifurcar las posibles resoluciones de una trama especialmente intrincada pero apasionante. Hay una serie de asesinatos ejecutados, en principio, a una sola mano. Y un nexo común: siempre al lado de las víctimas figura un dibujo que, aparentemente, es una guillotina.

La búsqueda del asesino parte la novela en dos: por un lado, se le sitúa en una expedición cercana al Círculo Polar Ártico que busca la piedra que otorga la vida eterna y, por otro, como integrante de un club parisiense actual de devotos de Roberspiere. No existe la más mínima intención de destripar la obra. Porque hay que leerla. No sólo esta, sino cualquiera de las que ha firmado Fred Vargas. Grandes tramas, en las que se conjugan lo real y lo fantástico, personajes bien definidos, con consistencia (¿puede haber alguien más sugerente que Violette Retancourt?), excelente escritura y, sobre todo, literatura que aspira a entretener, desasosegar y aprender: no existe un solo libro de Fred Vargas en el que el lector no aprenda algo de Historia. Porque Tiempos de Hielo es, también, una gran novela sobre Robespiere.

Uno termina la novela y siente envidia de los que aún no han leído a Fred Vargas: ¡cuánto gozo les quedan por delante!

Lo que ha dicho la crítica:

La entrevista:

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