INTERNACIONAL
05/12/2015 15:43 CET

'Airpocalypse Now': rotuladores frente a la niebla tóxica de Pekín (FOTOS)

Mientras los líderes mundiales discuten sobre el clima en París, los habitantes de Pekín (China) se las ven y se las desean para intentar distinguir las siluetas de los edificios. El estado de emergencia por contaminación ha señalado el inicio de la temporada de smog (una especie de niebla tóxica) en una de las capitales más contaminadas del mundo. El pasado martes, los índices de concentración de partículas PM2,5 —esos pequeños contaminantes cancerígenos— sobrepasaron los 500 puntos, superando todas las escalas tradicionales dentro del territorio, entrando así en una categoría que la embajada estadounidense en China describió como "una locura". La Agencia Estadounidense de Protección Medioambiental ha declarado que los índices superiores a los 300 puntos son poco comunes en Estados Unidos y suelen asociarse con algún suceso concreto, como, por ejemplo, un incendio forestal.

Debido a la imposibilidad de realizar actividades al aire libre, muchos de los habitantes de Pekín invirtieron su tiempo libre en una nueva práctica: dibujar las siluetas de los edificios en las fotografías en las que estos desaparecían a causa de la contaminación.

Puerta de Tiananmen (Pekín) / SINA WEIBO.

Estadio Olímpico de Pekín, popularmente conocido como Nido de Pájaro / SINA WEIBO.

Sede de la Televisión Central de China, conocida como El gran calzoncillo / SINA WEIBO.

Estas fotografías han inundado las redes sociales e incluso han sido promovidas por los medios de comunicación estatales, que, hasta hace poco, se referían a la contaminación como "niebla".

¡Perdidos en Pekín! Los internautas repasan las siluetas de los edificios más emblemáticos, casi invisibles debido al peor #smog del año.

Pero no todos los habitantes de Pekín se contentan con regodearse en el humor negro. La plataforma china de microblogs Sina Weibo echaba chispas por los debates sobre el smog del lunes; en ella se incluían referencias a un —ahora prohibido— documental sobre el medio ambiente. El que fue reportero de investigación, Chai Jing, cautivó a toda China esta primavera con un documental viral que detallaba cómo las industrias más contaminantes se saltaban las regulaciones medioambientales de China. La película, titulada Under the Dome [Bajo la cúpula], obtuvo cientos de millones de visionados y parecía tener el apoyo de ciertas facciones del Gobierno, pero pronto desapareció de las páginas web chinas.

En una de las publicaciones más vistas de Sina Weibo, el capitalista de riesgo Wang Ran señaló como culpables del smog a los censores del Gobierno que habían intentado que la película no viera la luz. "Si una sociedad no puede tolerar que una persona exprese sus ideas, inevitablemente tendrá que tolerar males de todo tipo (incluida la contaminación)", escribía Wang.

La Ciudad Prohibida (Pekín). A la izquierda, en un día despejado; a la derecha, tapada por la contaminación / MATT SHEEHAN Y JEFFREY KESLER.

Mientras tanto, en París, el presidente chino Xi Jinping se comprometía a trabajar con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para forjar un nuevo acuerdo climático global, al mismo tiempo que defendía el derecho de China a seguir desarrollándose.

"Abordar el cambio climático es una misión común a toda la humanidad", afirmaba Xi en su discurso en la conferencia de Naciones Unidas o COP21.

Hace un año, los dos presidentes crearon expectación para la Cumbre del Clima de 2015 al comprometerse a reducir las emisiones en las próximas décadas. Esas promesas —lejos de convertirse en realidad— cambiaron en gran medida las estimaciones de los observadores del clima sobre lo que era posible conseguir en la cumbre de este año.

Puede que China haya hecho promesas a la comunidad internacional en relación con sus emisiones de carbono, pero están muy arraigadas en su economía y en su realidad medioambiental. La economía china se encuentra en un periodo de transición para dejar atrás industrias altamente contaminantes como la del acero, el cemento o el cristal, cuyas voraces demandas de carbón han ennegrecido los cielos de China.

Estadio de los Trabajadores (Pekín). A la izquierda, en un día despejado; a la derecha, tapado por la contaminación / MATT SHEEHAN Y JEFFREY KESLER.

La concienciación ciudadana sobre la contaminación parecía haber experimentado un gran cambio cuando una situación de contaminación atmosférica similar a la actual se adueñó de Pekín en 2013. Las protestas populares llevaron a los líderes de China a declararle la guerra a la contaminación y a implantar medidas de reducción de la misma. La combinación de esto con la caída de los beneficios de las industrias del carbón y del acero parecía haber hecho mella: según datos de Greenpeace Asia Oriental, el aire de Pekín había experimentado una bajada en el nivel de contaminación de un 15,5% en la primera mitad de 2015 (y China había experimentado una bajada general del 16%).

Se trata de una tendencia prometedora a largo plazo, pero, a corto plazo, a los residentes en Pekín no les hace gracia tener que imaginarse las siluetas de los rascacielos.

ESPACIO ECO