POLÍTICA
12/05/2016 12:15 CEST | Actualizado 06/03/2018 02:11 CET

Juguetes de niños abusados y más de 300.000 firmas para pedir que la pederastia no prescriba

CARLOS PINA

Miguel Ángel Hurtado sufrió abusos sexuales cuando tenía 16 años a manos de un cura de 60, jefe del grupo de jóvenes católicos al que acudía."Un lobo con piel de cordero", como lo describe él. Tardó años en armarse de valor y vencer la vergüenza y culpa que le silenciaba. Para entonces, aunque sólo tenía 22 años, ya era tarde: el delito había prescrito.

En España, la prescripción varía según la gravedad del abuso, pero los años siempre cuentan a partir de la mayoría de edad de la víctima; los más leves prescriben a los tres años y los más graves, a los 15. "Eso quiere decir que, en el peor de los casos, cuando la víctima cumple 33 años, denunciar ya no le sirve de nada", considera Hurtado.

Por eso ha decidido poner en marcha una iniciativa en Change.org para que estos crímenes nunca prescriban; ya ha recopilado más de 300.000 firmas.

Armado con ellas y con juguetes de niños abusados metidos en urnas, se ha presentado este miércoles frente al Congreso de los Diputados. Lo han acompañado Gloria Viseras, excampeona olímpica que sufrió abusos a manos de su entrenador, y Vicki Bernadet, presidenta de la fundación homónima, que ayudó a ambos a enfrentarse al trauma.

NO SE DENUNCIA PORQUE TAMBIÉN ES ABUSO DE PODER

"Muchos no entienden por qué tardamos años en denunciar. Es sencillo: ​el abuso sexual a menores es siempre abuso de poder. Los pedófilos saben cómo elegir a víctimas vulnerables. Se esconden tras una fachada de personas respetables o formar parte de instituciones prestigiosas que los protegen", explica este psiquiatra residente en Londres.

Viseras aporta más información: "Esa idea que se tiene de que te asaltan por la calle... No, el problema es que suelen ser personas de confianza. No pasa de un día para otro. Hay un periodo de preparación de la víctima. Antes de que ocurra el abuso, se han traspasado líneas antes. Hay que trabajar en detectarlas".

Otra de las razones por las que las víctimas no denuncian es que "la sociedad siempre da más credibilidad al adulto que al niño", en opinión de Viseras. "De media, las víctimas tardan de 15 a 20 años en confesar, si lo hacen. Yo tardé 30 años en confesarlo, y lo hice porque sabía que había otras", añade.

Bernadet señala un aspecto que a menudo pasa desapercibido: "Cuando hacemos charlas, veo que la gente conecta con los abusos sexuales como cosas que pasan 'en la sociedad', no a ellos. Aunque duela, debemos ser conscientes de que es una posibilidad".

"EL PEDERASTA QUE NO SE CONDENA ESTÁ EN LA CALLE"

La incidencia de estos crímenes es similar en los países del primer mundo, según Bernadet. El informe más extenso en España data de 1994 y señala que un 23% de niñas y un 15% de niños han sufrido abusos antes de los 17 años. La UE lanzó una campaña en 2011 con una cifra similar: uno de cada cinco menores europeos ha pasado por ello.

"Los niños no tienen los recursos emocionales para afrontarlo. Tardamos décadas en digerir la experiencia y verbalizarla; sentimos culpa, vergüenza y miedo. En otros delitos, no existe tanta distancia entre la comisión del crimen y la denuncia. Cuando lo hacemos, un Código Penal injusto nos impide tener acceso a la justicia", advierte Hurtado.

Viseras añade dos importantes razones para que el delito no prescriba: "El daño que se hace a un niño que sufre abusos sexuales dura para toda la vida. Pero es que, además, pederasta que no se condena, pederasta que sigue en la calle", recuerda.

COMO LOS CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD Y EL TERRORISMO

En España, los crímenes de lesa humanidad y de terrorismo no prescriben. "Por su frecuencia y gravedad, la pederastia tampoco debería", opina Hurtado. "Esto no es una campaña de venganza, sino de protección a la infancia. Vivimos un momento en que nos estamos dando cuenta de que muchas cosas no funcionan, y ésta es una de ellas", añade.

Hurtado cree que en España hay una cultura de la honra que ha agravado la situación. "Las instituciones, la propia familia, la escuela... anteponen el buen nombre a la protección de los menores. Por ejemplo, ha habido muchos abusos en la Iglesia, que tenía mucho poder y ha sabido encubrirlos bien. Pero tarde o temprano acabarán saliendo", asegura.

Las tres víctimas creen que quedan muchos casos por descubrir en España. "Estamos bastante atrasados en la percepción de que esto es una epidemia social. No es un tema político, nos afecta a todos; todos tenemos niños en colegios, en grupos de catequesis o haciendo deporte", señala Viseras.

"Durante demasiado tiempo, los abusos infantiles han sido un tema tabú en España. Es necesario romper el silencio. Nosotros lo único que podemos hacer es contar nuestras historias de sufrimiento. No tenemos ningún poder, no tenemos dinero ni amigos en despachos poderosos. Lo único que tenemos es la verdad", sentencia Hurtado.