ECONOMÍA
07/12/2016 12:56 CET | Actualizado 07/12/2016 12:59 CET

Juan Torres: "Las soluciones a los problemas económicos son políticas, nunca económicas"

DEUSTO

“Muchos economistas presentan como economía lo que solo es ideología”. Juan Torres López es economista y previene sobre otros economistas. “Que no te den gato por liebre” es el axioma que trae en la promoción de su último libro Economía para no dejarse engañar por los economistas (Deusto, 2016), un manual divulgativo con 50 grandes preguntas económicas y sus 50 respuestas, resueltas en un abanico de matices que desmontan ideas tajantes pero infundadas.

Pensiones, paro, crisis, dólar, deuda, desigualdad, inflación, recesión, euro, impuestos, Unión Monetaria, Banco Central, mercados, prima de riesgo han inundado nuestro lenguaje, pronunciamos siglas como FMI, PIB, IPC, EPA como quien habla del tiempo y ha sido preciso llamar a los economistas para explicar cuestiones que hasta ahora solo interesaban unos pocos iniciados.

Dice el catedrático de Economía de Harvard Dani Rodrick que todo el razonamiento económico es contextual, con tantas conclusiones como posibles circunstancias en el mundo real. “Todas las proposiciones económicas son declaraciones condicionales”, dijo. “Así, adivinar qué remedio funciona mejor en un entorno concreto es más un arte que una ciencia”.

Esta es la particular batalla que Juan Torres López pelea en su último libro: motivar el pensamiento crítico del ciudadano ante mensajes cerrados. Una investigación realizada en 2013 con la ayuda del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) arrojó un dato significativo: de los 76 pensadores más influyentes del mundo, 24 eran economistas, un número muy por encima de los ocho politólogos nombrados, los segundos expertos más influyentes. El reconocimiento que la ciudadanía ofrece a los profesionales de la economía es irrefutable. Este libro pretende ayudar a generar un pensamiento crítico contra aquellos pocos -o muchos- que ejercen de vendeburras.

NO ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDO; ES LA IDEOLOGÍA

“Las soluciones a los problemas económicos son políticas, nunca económicas”, explica Torres López parafraseando a Enrique Fuentes Quintana, ministro de Economía con Adolfo Suárez (1977-1978).

Desde el cogollo de la profesión, Juan Torres López plantea en su último libro grandes preguntas sobre el funcionamiento más general de la economía para mostrar a través de sus respuestas, cuenta, que los problemas económicos tienen soluciones diferentes según las hipótesis de partida y en función de a quién se quiera beneficiar.

Este economista granadino, catedrático de Economía aplicada en la Universidad de Sevilla, miembro del Consejo Científico de Attac España y autor junto a Vicent Navarro del documento marco del programa económico de Podemos, considera que algunas veces los economistas “se equivocan a propósito”.

Después de 36 manuales, escribe otro manual más.

Esa es mi manera de mirar la economía, siempre divulgativa. Muchos economistas parecen curas antigos que hablan latín. Con este libro tenía especial interés en seguir la doctrina de Ortega y Gasset: “Siempre que enseñes, enseña a su vez a dudar de lo que enseñas”. Pero, al mismo tiempo, pretende hacerlo de la manera divulgativa. Quiero transmitir a la gente llana verdades complejas, socializar el conocimiento. En el mundo de la economía se venden con el adjetivo de técnicas supuestas ideas que en realidad constituyen proposiciones políticas; son presentadas como si fueran verdades absolutas cuando en realidad son muy discutibles.

El principal problema de la economía española es la caída de los salarios

Cuando se le pide que atine el tiro e identifique las medias verdades de los grandes retos económicos de España se embala. “Salarios”, dice. “El principal problema de la economía española es la caída de los salarios en la renta nacional porque de eso depende la vida de decenas de miles de empresas”, pone negro sobre blanco. “Las grandes empresas, que son las que dirigen las patronales, viven con gran independencia de la crisis salarial porque se nutren de mercados cautivos y es que uno paga el recibo de la luz o del agua casi inevitablemente”, explica. “Pero las empresas que viven de la renta salarial”, continúa, “sufren cuando están cayendo los ingresos que son el componente principal de la demanda agregada, hacen que la masa salarial caiga y con ella, ingresos, rentas y pensiones… la economía en general”. “A los economistas que alertamos de las consecuencias de esta caída se nos consideró bichos raros”, dice, “por fortuna, ya todas las instituciones advierten de las consecuencias de esta política”.

Y los sindicatos que no se creen lo del talante dialogante del Gobierno dicen que van a engrasarlo con movilizaciones.

España debe hacer un esfuerzo para elevar el Salario Mínimo Interprofesional. La mayoría de sus efectos son positivos, tiene un mínimo riesgo negativo.

Mientras tanto, el Banco de España pide moderación salarial. ¿El mundo al revés?

España necesita un pacto de rentas, un pacto fiscal, un pacto energético, un pacto sobre el modelo de crecimiento y un pacto sobre nuestra relación con Europa. Si no lo abordamos como un problema nacional, estamos perdidos. Ninguna estrategia será posible si es bandera de un solo partido. Estamos hablando de precondiciones.

Pinta difícil.

Todavía no está puesto ni el discurso, ¿cómo vamos a hablar de voluntad?

Veremos cómo lo hacen en la Comisión del Pacto de Toledo pero la idea es llegar a acuerdos.

Pero también parten de una idea falsa: vamos a ir a una sociedad cada vez más vieja donde habrá cada vez menos trabajadores. Por lo tanto y, según esta argumentación, las pensiones públicas no se podrán sostener, pero con ese razonamiento ni las públicas ni las privadas. A la hora de recuperarse, ambos modelos, privado y público, tendrán las mismas dificultades.

Cepyme propuso este lunes adelantar la edad de jubilación a los 67 años ya en 2017 y pidió estímulos para que los trabajadores contraten planes privados.

Una pensión privada es lo que tienen los ricos. Para un trabajador común, un fondo de pensiones privado es más inseguro, menos rentable y, a la hora de recuperarse tendrá las mismas dificultades por razones demográficas que tendría un fondo público. Lo dijo Greenspan de manera literal: “Hay que atemorizar a la clase trabajadora”.

¿Lo de otra recesión en 2017 también es para meter miedo?

Es inevitable que se vuelva a producir un ramalazo muy importante, pero lo dicen los economistas. La historia demuestra que las crisis financieras se pueden evitar. De 1945 a 1970, no hubo crisis financiera alguna, por lo que algo se haría en aquella época.

En el ámbito financiero no se han resuelto ninguno de los grandes retos y la banca internacional está cogida con hilos, las reformas fueron mínimas y poco efectivas en el sector bancario europeo. En el momento menos pensado puede descolgarse un banco o dos o estallar una de las múltiples burbujas en cualquier esquina del mundo.

Pensar en una crisis es algo generalizado y yo diría que casi seguro. Cualquier chispa puede desencadenar el incendio. Las anteriores crisis económicas se resolvieron de manera muy injusta y con unas asimetrías muy graves. Por la libertad de movimientos de capitales. A uno le pueden dar un apalancamiento de 1.000 por uno. La deuda crece de una manera tan desaforada que cuesta imaginar otro escenario.

La deuda es una bomba relojería y es evidente que va a estallar una nueva recesión

¿No vamos a evitar la recesión en 2017?

No, será este país o serán otros primero, pero la economía internacional está renqueando, hay riesgos sistémicos permanentes, la deuda es una bomba de relojería y es evidente que va a estallar.

¿También la española?

De momento, el nivel de la deuda española no es todavía excesivamente preocupante, pero lo será si suben los tipos de interés y si se desacelera el crecimiento, que es el camino que lleva la economía. A lo mejor lo único que nos puede salvar es que todo esto ocurra en otro sitio. Ahí tenemos dos candidatos firmes como Italia y Francia, incluso Austria donde puede haber una inestabilidad política muy alta acompañada de inestabilidad monetaria e institucional en Europa.

¿Nos da gato por liebre el ministro de Economía cuando asegura que vamos a cumplir el objetivo de déficit?

Conociendo como cierra las cuentas el ministro de Hacienda, Montoro es capaz… pero va a ser muy difícil si se aplican los recortes previstos y sobreviene una cierta ralentización del PIB no veo cómo cuadrar las cuentas.

Llega Trump y su proteccionismo. Tampoco ayuda.

El proteccionismo es malo. Pero la historia nos cuenta que no hay ni un solo país que haya alcanzado grandes cotas de crecimiento con política de libre mercado. Las grandes potencias son proteccionistas y les piden a los demás que abran las puertas y, finalmente, son las que más crecen.

¿Qué tiene que ver con la globalización?

A quienes defienden la economía en la que vivimos no les gusta hablar de capitalismo. En nuestras constituciones no se habla de capitalismo. Dicen que hay que fortalecer la economía de mercado, pero no cómo. Como si te dicen que hay que usar drogas, ¿cuáles? Ibuprofeno y cocaína son drogas muy distintas. Se hacen fórmulas que, con una gran sutileza, engañan a la gente.

El mantra de bajar los impuestos para generar crecimiento es un engaño

Como con los impuestos.

El mantra de bajar los impuestos para generar crecimiento es un engaño. “Si queremos tener renta per cápita más alta, hay que bajar los impuestos”. Falso. Las estadísticas de los países con una renta per cápita más alta no demuestran ese efecto-causa, pues su carga impositiva es también de las más altas.

Juan Torres López publica a diario en Ganas de escribir, donde subraya este perfil divulgativo del que hace gala y una mirada progresista de la economía que sus vínculos políticos no ocultan.

GATO POR LIEBRE

¿Cuántas más mentiras económicas nos hemos creído?

Lo que tienen que hacer los países para crecer es no superar el 3% de déficit. Y ya lo contó el creador del concepto: no tiene fundamento económico alguno.

Y el PIB, que no hay quién entienda por qué, si el país crece, los ciudadanos no lo notan. ¿Por qué, si la economía crece mejor?

El hecho de que crezca la tarta no significa mucho por sí solo. Pues no dice nada sobre quién va a disfrutarla, ni siquiera nos habla del sabor ni de su calidad. Centrarnos solo en el crecimiento del PIB es una brutalidad. Por decirlo en estilo directo: es algo muy bruto. Hay que ver cómo se está repartiendo y qué tipo de actividad se está llevando a cabo para que pueda ser valorada como un indicador económico de riqueza.

¿La productividad?

Demasiadas mentiras en torno a la productividad, un término muy mal utilizado. En general, la productividad indica el grado de eficiencia con que se opera en la economía. Y volvemos a los salarios: la productividad baja cuando los salarios son muy bajos. Es un concepto demasiado general para sacar conclusiones tan concretas como se pretende.

“Me resulta preocupante que se hagan pasar por decisiones económicas lo que son meras decisiones políticas”, denuncia en una nueva queja Juan Torres López. “La política económica siempre va a ser política antes que económica”, insiste en su idea madre: No es la economía, estúpido; es la ideología. “Fuentes Quintana, nada sospechoso de izquierdismo, decía que los problemas económicos tienen soluciones políticas”, insiste. “Esa es la verdad del barquero”, afianza. “Pero si las soluciones son políticas”, razona, “deben conllevar soluciones democráticas”.

¿Habla de referéndums?

De soluciones sometidas a debate social, capacidad de control, los poderes representativos y los poderes que controlan a los poderes, legislativos y representativos, deberían estar sometidos a deliberación porque lo que se está decidiendo es algo tan importante como quién va a ser más rico y quién menos. El Banco Central Europeo debería estar sometido a control porque está decidiendo quién va a ser más rico y quién menos.

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