POLÍTICA
24/12/2016 10:36 CET | Actualizado 24/12/2016 10:36 CET

El adiós a un pacto condenado a muerte entre Coalición Canaria y PSOE

Reunión de ayer del Gobierno de Canarias antes del cese de los consejeros socialistas. Fernando Clavijo, en primer plano, y Patricia Hernández, a su derecha/EFE

Podría parecer un tópico, pero era la crónica de una muerte anunciada y a nadie cogió por sorpresa ayer que el presidente del Gobierno de Canarias Fernando Clavijo, de Coalición Canaria, cesara a los cuatro consejeros del PSOE, entre ellos a la vicepresidenta Patricia Hernández.

Y es que en realidad todo viene de muy atrás, tanto, que quizá fue un pacto que nació bichado desde el principio: algunos analistas políticos siempre han sostenido que Clavijo y, sobre todo Coalición Canaria en Tenerife, preferían de socio al PP de José Manuel Soria, pero que al final tuvieron que conformarse con el PSOE porque los números tras las últimas elecciones autonómicas no les aseguraban demasiada estabilidad, y porque algunos compañeros de partido, particularmente en las islas orientales, rechazaban gobernar de la mano de un PP castigado por la corrupción y entregado a las políticas de austeridad.

El Archipiélago es un territorio fragmentado donde cada isla tiene una dinámica política propia. Y en Tenerife, de donde son Fernando Clavijo y Patricia Hernández, CC y PSOE han sido siempre antagonistas, obligados a entenderse a veces, pero antagonistas al fin y al cabo. Si en estos últimos seis años y medio han estado gobernando juntos, ha sido por las circunstancias electorales y porque el anterior secretario general del PSC-PSOE y vicepresidente del Gobierno autonómico en la pasada legislatura, José Miguel Pérez, logró una sólida alianza con el anterior presidente del Gobierno y líder de Coalición Canaria, Paulino Rivero, para disgusto de muchos militantes y cargos socialistas de Tenerife. Y es que Pérez es de Gran Canaria y el gran antagonista del PSOE en esa isla ha sido desde hace muchos años el PP, sobre todo en la época de José Manuel Soria.

Paulino Rivero (derecha) y José Miguel Pérez (izquierda) en la anterior legislatura/EFE

El paso de los meses ha ido debilitando el pacto de gobierno, fundamentalmente por los incumplimientos de Coalición Canaria con el PSOE en algunos municipios de Tenerife, donde ha pactado con el PP para no incluir a los socialistas en sus gobiernos municipales -el caso de Santa Cruz- o para quitarles la alcaldía en lugares donde el PSOE era la primera fuerza política -el caso del Puerto de la Cruz y de Arico-. Pero la puntilla llegó hace un par de meses, cuando CC pactó con PP y Ciudadanos para arrebatarle la alcaldía en el municipio tinerfeño de Granadilla al PSOE, lo cual provocó una enorme tormenta política en el archipiélago que ha terminado arrasándolo todo.

También hay que sumar otras desavenencias que quizá habrían encontrado cauce de solución si la relación entre los socios hubiera sido verdaderamente sólida. Desde CC en Tenerife, por ejemplo, el presidente del Cabildo Carlos Alonso ha atacado sin rubor a la consejera de Obras Públicas, la socialista Ornella Chacón, por, según él, retrasar inversiones y obras en Tenerife. También ha habido rifirrafes con motivo del desfase del presupuesto en la Consejería de Sanidad, en manos del PSOE, que se ha encontrado con sistema un sistema de salud público con enormes problemas estructurales.

Tampoco ha sido un punto de encuentro la Ley del Suelo impulsada por el presidente Clavijo, que ha sido rechazada por organizaciones ecologistas, sindicatos y por la izquierda parlamentaria por, según ellos, promover un modelo desarrollista y agresivo con el territorio. Y por último, la guinda ha sido el reparto de los fondos del Fdcan, fondos destinados al desarrollo de Canarias, que el PSOE ha considerado que Clavijo quiere repartir con criterios puramente territoriales y no de necesidades reales, hasta el punto de que los socialistas rompieron la unidad de voto del pacto en el Parlamento cuando se llevó esta cuestión y sus consejeros se levantaron dos veces de la mesa del Consejo de Gobierno para escenificar su rechazo. La última, ayer, momentos antes del cese.

Clavijo es un líder bregado que lleva en política toda la vida y tras cuya apariencia amable -se habla del buenrrollismo de Clavijo- se esconde un político astuto, hábil, conocedor del medio.

Lo que ocurrirá a partir de ahora no está claro del todo y, como casi siempre en la política canaria, pasará por las ejecutivas de los partidos nacionales en Madrid. ¿Ocupará ahora el PP el hueco que ha dejado el PSOE? Está claro que a CC en Tenerife le encantaría, pero es posible que no pase lo mismo en otras islas, como Fuerteventura, donde CC viene de una tradición política más progresista -otra vez la dinámica insular-. Aunque ayer mismo el presidente del PP en las islas Asier Antona decía que no tenía “ansiedad ni desespero” por ocupar ese hueco. Pero además del PP, con quien no suma mayoría absoluta, CC tendría que pactar el apoyo de la Agrupación Socialista Gomera, de Casimiro Curbelo, un ex del PSOE que abandonó el partido cuando Ferraz le impidió volver a presentarse por estar imputado y que ha resistido gracias al fortín político que ha construido en La Gomera -de nuevo, la dinámica insular-, donde es presidente del Cabildo y donde sus contrincantes le acusan constantemente de practicar una política clientelar de corte caciquil. Aunque bien es cierto que arrasa en las elecciones y es también parlamentario regional.

Foto de Casimiro Curbelo en el Parlamento regional

Hay todavía una posibilidad más que, a ojos de la dinámica política del Estado, habría sonado rocambolesca hace sólo unos meses pero que hoy ya no parece tan disparatada tras la abtención del PSOE en la investidura de Rajoy: que el PSOE y el PP se entiendan para mandar a la oposición a CC por primera vez en 23 años. Ganas no faltan en una parte de la militancia de los dos partidos. Tampoco descarta apoyar una moción de censura de este tipo Nueva Canarias, el otro gran partido del nacionalismo en Canarias, de tendencia más progresista, y cuyo diputado en el Congreso, Pedro Quevedo, podría ser fundamental para el apoyo a los presupuestos de Rajoy. Incluso en Podemos hay quien habla de abstenerse si se plantea esta opción y si la militancia lo apoya. Increíble si alguien lo ve desde fuera, pero absolutamente plausible para un observador local: Coalición Canaria ha monopolizado la vida política -y económica, social, incluso cultural- de las islas durante el último cuarto de siglo, en parte gracias a una ley electoral tremendamente injusta, y hay quien se relame con la sola idea de ver que sus cargos públicos tienen que volver a trabajar fuera de la Administración. Del mismo modo que hay quien sueña con que, una vez fuera del poder, esta extraña amalgama política que es Coalición Canaria, formada en 1993 y donde han convivido desde antiguos procuradores de las Cortes franquistas a exmilitantes comunistas, se diluya como un azucarillo.

Pero si Clavijo ha tomado esta decisión, probablemente sea porque tiene los apoyos para seguir gobernando, aunque sea en minoría, con los presupuestos de este año ya aprobados. O porque sabe que al PSOE nacional no le gusta la idea de un pacto de los socialistas en las islas con el PP que podría apuntalar la idea de que tienen una entente cordial con los populares. Clavijo es un líder bregado en mil batallas que lleva en política toda la vida y tras cuya apariencia amable -se habla del buenrrollismo de Clavijo- se esconde un político astuto, hábil, conocedor del medio. Hoy, por ejemplo, echaba la culpa de la inestabilidad a la “crisis interna” del PSOE en España y en Canarias, donde también tiene una gestora, sin mencionar ni por casualidad los incumplimientos de CC en los pactos con el PSOE. Pero todo puede ser. Nada asegura que un día las buenas cartas no las tengan otros.

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